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Vale más el cariño que el dinero

Andy Montañez en La Habana y voces puertorriqueñas en Boleros de Oro

Pedro de la Hoz y Omar Vázquez

"Vengo a Cuba porque creo que el cariño vale más que el dinero", afirmó Andy Montañez, todo un símbolo de la música puertorriqueña, al recibir, junto a sus compañeros de delegación que participan en el Festival Boleros de Oro 2001, el testimonio solidario del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos.

JORGE VALIENTE

Andy, entre amigos, en la sede del ICAP.

En conversación informal con la prensa presente el en encuentro, Montañez dijo: "Vine a Cuba para hacer mi trabajo. En otros lugares trabajar puede representar la obtención de una buena cantidad de dinero, pero cuando uno va por las calles, o canta en un teatro, y la gente te brinda tanto y tanto cariño y amor, y uno ve las cosas que siempre quisiéramos ver, uno se da cuenta de que el derrotero que se ha escogido para vivir es el correcto. Aquí el cariño vale mucho más que todo el dinero del mundo".

JUVENAL BALAN

Choco Orta, soberbia voz.

Alguien le pregunta sobre los Grammys, y responde rápido: "No creo en esos premios. Si un día me lo dan, lo tomaré como un cumplido. Pero eso de que a los latinos nos pongan en un apartado marginal, no me parece bien. Los Grammys disponen de una alfombra roja para los músicos anglosajones. Unos se lo merecen, otros no. Es un negocio". ¿Y el Grammy latino? "No sé, ahora me entero de que existen", y toda una ironía se le advierte en el rostro.

Caen rayos y truenos en la tormentosa tarde habanera y Andy canta con Lázaro Méndez esos suculentos boleros de Marta Valdés. En otro aparte con Granma, confiesa: "Aquí pienso en mis músicos tutelares: Rafael Hernández, Daniel Santos, Ismael Rivera... siempre pienso en ellos. Soy un tipo fácil para las lágrimas. Y aquí se me salen".

Y lo dice mientras recibe, de manos de José Loyola, presidente del Comité Organizador del Festival, y Rolando González Téllez, vicepresidente primero del ICAP, un diploma que acredita su presencia en un encuentro de hermanos.

TEATRO NACIONAL EN ONDA BORICUA

Entre las virtudes de Andy Montañez está la de programar su concierto con tal talento y noción del equilibrio en todos los sentidos, sean estilísticos y en los textos, como en el diálogo con los asistentes o el propiciar el lucimiento de sus compañeros de delegación e invitados.

Eso lo demostró al conformar su excelente programa en el Teatro Nacional, con clásicos de su país emparentados con los nuestros, para finalizar a ritmo de salsa con Pero tengo swing, con todos los participantes, condición que le sobra y le conocemos desde su paso por Dimensión Latina, el Gran Combo y otras agrupaciones.

La vida es un sueño, de nuestro Arsenio Rodríguez, ha servido para registrar dúos memorables, entre los que hay que incluir el de Andy con Omara Portuondo. Ella puso de manifiesto el buen momento vocal que la acompaña, en Veinte años, de María Teresa Vera y Silencio, de Rafael Hernández, con el buen respaldo del guitarrista Manuel Galbán y Emilio Montes, pianista de NG.

La emoción se hizo patente desde el inicio, con la entrega a Andy por la UNEAC —primera vez a un artista extranjero—, de la condición de Miembro de Mérito, por sus aportes musicales y fidelidad a Cuba, lo cual le ha traído más de un encontronazo con la mafia de la Fundación Nacional Cubano Americana.

Esta atmósfera comenzó con el agradecimiento de Andy, quien recordó lo que dicen textualmente los versos de Lola Rodríguez de Tió: "Cuba y Puerto Rico son / de un pájaro las dos alas / reciben flores y balas / en un mismo corazón...". La emotividad continuó con la mención de la presencia de María Pérez, viuda del grande Rafael Hernández, y de Doña Celina González.

Andy calzó la presentación de sus invitados explicando sus trayectorias, lo que ellos subrayaron con sus actuaciones: Antonio Cabán —El Topo—, no solo es el renovador de la música jíbara (campesina) de Puerto Rico, sino un señor bolerista, lo que demostró con su interpretación de Ausencia, sin dejar de cantar su Verde luz, tema que ha devenido segundo himno de su país.

Choco Orta es una mujer espectáculo que rápidamente conectó con el público, desde su interpretación de Esto si se llama querer, de Luis —Lilí— Martínez; mientras que Alex D'Castro, es poseedor de una hermosa voz de tenor, con la que bordó La vida es así y La pared, de Roberto Anglero, pero es también un sonero de altura, que como tal se desenvolvió en las orquestas de Ismael Miranda y Gilberto Santa Rosa. El dio una nota hermosa al agradecer a su "maestro Eladio —Yayo el Indio— Peguero", cantante villaclareño desaparecido el año pasado.

Con el buen sonido que la caracteriza, NG La Banda mostró su profesionalidad ajustándose no solo a su acertado papel acompañante, sino aportando más de un momento estelar al concierto, desde que lo abrió con su jazzeada versión de Dos gardenias, de Isolina Carrillo.

Clásicos nuestros, mayormente de José Antonio Méndez (La gloria eres tú, Novia mía...), sirvieron para el lucimiento de la actual alineación vocal de NG: Tony Calá, Mónica, Tirso y Coco Freeman, pero José Luis Cortés no se quedó ahí. La remodelación que realizó en cuanto a las orquestaciones y ejecuciones y como el excelente flautista que es. Valores que extendió a la interpretación vocal, retomando el legendario dúo de tenor y barítono característico de la trova con Coco Freeman, interpretando Longina, de Manuel Corona, pero con inflexiones actuales. José Luis tuvo el gesto de entregarle su flauta a José Loyola, quien salió airoso en sus improvisaciones con Andy.

Apoyado por la dirección artística de Lázaro Sarabia y la sobria presentación de Rosalía Arnáez, Andy Montañez plasmó un concierto plagado de excelencias y que se inscribe ya, entre lo mejor de Boleros de Oro.

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