La insistencia insensata por el escudo antimisil

MIGUEL A. UNTORIA

Parece que el nuevo presidente de los Estados Unidos, además de todos los adjetivos con los que ha sido calificado, se merece también el de "insistente insensato", al menos eso indica el objetivo de su reciente gira por Europa.

Por ser la primera desde que "logró" la presidencia, esta visita a los países aliados del viejo continente, debió estar encaminada a fortalecer la alianza con los países europeos. Todo lo contrario, Bush llevó temas que provocaron discrepancias, en las cumbres de la Unión Europea, en Suecia, y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), en Bélgica, ya que en primer orden pretendía lograr la aprobación de los europeos para el llamado proyecto "escudo antimisil".

En su primera peripecia diplomática, Bush chocó con la realidad y aprendió que el mundo no es solo del color con que lo miran desde Washington, a pesar de que contó con aliados incondicionales, como el caso del Presidente español, quien se esforzó por coincidir con los planteamientos de su colega y además salió por el continente haciéndole propaganda a sus ideas.

Para no encontrar la situación muy candente (como en realidad estaba), el nuevo presidente norteamericano envió primero su avanzada. El secretario de Estado, Colin Powell, y el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, viajaron a Europa con misiones muy concretas.

Cada uno de ellos, trató de convencer a los europeos de la necesidad del nuevo proyecto, pero recogieron las muchas opiniones en contra y preocupaciones por no pocos estados.

En el caso de Rumsfeld, las últimas gestiones las realizó en el transcurso de una gira por siete naciones del área, durante la cual se reunió con los ministros de Defensa de Islandia, Letonia, Estonia, Lituania, Finlandia, Suecia, Noruega y Dinamarca, y trató de disminuir las preocupaciones europeas sobre la decisión estadounidense de construir el Sistema Nacional de Defensa Antimisil (SNDA).

El Secretario de Defensa estadounidense repartió promesas en los países que visitó y les aseguró que estarán incluidos en las consultas del actual gobierno de su país para diseñar la nueva estrategia de defensa, en especial en lo referido a la seguridad.

Entre las principales dificultades que enfrenta el proyecto de Bush, están las consideraciones de Rusia, China y de algunos de sus propios aliados, en el sentido de que el escudo antimisiles alentaría una carrera armamentista, contribuyendo aún más al desequilibrio estratégico del mundo actual.

Este proyecto destinado a dar seguimiento y posteriormente derribar en el espacio proyectiles balísticos intercontinentales, anularía lo establecido en el tratado ABM, por lo que este tendría que ser modificado o derogado.

La insistencia de Bush en este sistema, comenzó desde la primera semana de su llegada a la Casa Blanca, y el 29 de enero el diario The Washington Post, señalaba que la Fuerza Aérea estadounidense realizaba el primer ensayo de una guerra global en el espacio.

Pero en aquel ejercicio los satélites armados, los cohetes crucero y los cañones de rayos láser no eran empleados contra un país de los que ahora señalan como posibles agresores (Corea del Norte, Irán e Iraq), para justificar el nuevo proyecto. En aquella ocasión el adversario era China y la supuesta fecha no tan lejana, el año 2017.

Durante aquellos combates simulados, las fuerzas de Estados Unidos utilizaron una variante del polémico sistema nacional de defensa antimisiles y vehículos espaciales para poner en órbita rápidamente nuevos satélites armados y equipados para la exploración.

Recientemente el jefe de la diplomacia rusa, Igor Ivanov, reiteró después de reunirse con los ministros del Exterior de la OTAN, que su país se opone a realizar cambios en el texto del ABM y agregó que aunque existen peligros y amenazas mundiales, incluido el terrorismo, ninguno de ellos justifica la eliminación de ese acuerdo.

El mismo presidente ruso, Vladimir Putin, afirmó después de concluir su encuentro con Bush, que el tratado ABM continuaba siendo la piedra angular de la seguridad mundial.

Así que, a pesar de que Bush se dirigió hacia Europa para "llover sobre lo mojado" y tratar de lograr lo que hasta ahora sus avanzadas políticas y militares no habían alcanzado, tampoco logró sus objetivos.

Después de la gira por Europa, Bush tiene que enfrentar, por una parte, a un grupo de legisladores demócratas y a Organizaciones No Gubernamentales que han lanzado una ofensiva política para tratar de neutralizar la iniciativa de defensa antimisiles, y por otra, al propio Pentágono que no está listo para desarrollar de inmediato el sistema de defensa antimisiles, al que considera un proyecto muy complejo, que requiere mucho tiempo, trabajo y pruebas adicionales.

En rueda de prensa frente a la Casa Blanca, los participantes en la lucha contra el proyecto manifestaron "que sería enormemente costoso, inoperante y desestabilizador... desataría una nueva carrera armamentista y enriquecería a los contratistas de defensa a costa de los estadounidenses".

Efectivamente, ese es el secreto que justifica la insistencia de Bush. Decenas de miles de millones de dólares están en juego, los compromisos adquiridos con el complejo militar industrial durante la campaña electoral deben ser cumplidos, y por eso Mr. Bush debe seguir insistiendo, a pesar de la opinión de quienes consideran el escudo antimisiles algo innecesario y peligroso, cuyo único resultado será atizar el fuego de la carrera armamentista.

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