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 El paraíso preservado
ORTELIO GONZALEZ MARTINEZ
Si el instinto animal del hombre continúa con
la agresión a la biodiversidad, en el próximo milenio sus restos fósiles solo servirán
para conocer la historia de una especie dañina que acabó con su propia existencia.
Los nuevos vivientes los llamarían, quizás,
hombresaurios, y tal vez los recordarían como una raza no tan inteligente y perfecta como
ellos mismos se creyeron que eran, sino como aquellos primeros animales, carentes de todo
raciocinio, que habitaron la Tierra.
LAS
ESPECIES EN SU REINO
En el archipiélago Sabana-Camagüey, al norte
de la región central de Cuba, se desarrolla uno de los programas medioambientales más
ambiciosos en los últimos años, valorado en casi 20 millones de pesos, incluida una
parte en divisa, con la participación de 18 instituciones del país.
El hotel Meliá Cayo Coco, nacido sin dañar el ecosistema.
A la vista de todos, principalmente de los
pescadores de la zona, están la tonina, el pompón, la jiguagua, la picúa, el tamboril,
la langosta, entre otras especies que en un momento cambiaron de hábitat por el impacto
inicial de un desarrollo acelerado que, afortunadamente, no tuvo peores consecuencias por
las acciones inmediatas para conservar este rico patrimonio, muy diferente a lo que sucede
en el mundo, donde se pronostica que, solo por la deforestación, en los próximos 25
años desaparecerán entre el dos y el ocho por ciento de las especies de plantas y
animales.
En una reciente visita a esta provincia, Rosa
Elena Simeón, ministra de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), elogió cuánto
se hace en Ciego de Avila en bien de la biodiversidad y, en especial, en la cayería
norte, donde están en marcha grandes programas inversionistas que, indudablemente,
dejarán sus huellas. De ahí que se trate de atenuarlas.
Argumentó que este polo, donde existen más
de 2 500 habitaciones en explotación, es un buen ejemplo de cómo puede lograrse el
desarrollo sostenible del turismo, en armonía con el ecosistema.
Los proyectos de preservación son ambiciosos
en este archipiélago, con una longitud de 465 kilómetros (desde Punta de Maternillo, en
Camagüey, hasta la de Hicacos, en Matanzas), y formado por más de 2 000 islotes y cayos,
refugios de cientos de especies de la flora y la fauna, muchas de ellas endémicas.
Paraje recuperado en la zona norte de
Ciego de Avila.
El doctor Celso Pazos Alberdi, director del
Centro de Investigaciones de Ecosistemas Costeros (CIEC) de Cayo Coco, instalación
dedicada a rectorear cuanto se hace en materia de conservación en la zona, explica que en
1994 se inició, en colaboración con el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo
(PNUD), el proyecto internacional de caracterización del archipiélago y la propuesta del
establecimiento de un desarrollo sostenible en el ecosistema Sabana-Camagüey, en
correspondencia con el creciente desarrollo turístico de la región, que abarca a las
provincias de Camagüey, Ciego de Avila, Sancti Spíritus, Villa Clara y Matanzas.
La segunda etapa, precisó Pazos, comenzó el
pasado año y está encaminada a alcanzar el desarrollo sostenible del ecosistema, para lo
cual existen cuatro objetivos fundamentales: el establecimiento de ocho áreas protegidas
en todo el archipiélago, con vistas a conservar in situ los principales valores
naturales; el manejo integrado costero; la educación ambiental, tanto de las personas que
laboran dentro de los cayos como de las comunidades cercanas, y la capacitación de los
especialistas, investigadores y técnicos involucrados en el proyecto.
No se trata argumentó de cuidar
solo estos islotes. El programa es mucho más abarcador e incluye un área de unos 75 000
kilómetros cuadrados, desde la llamada línea divisoria de las aguas de las cinco
provincias centrales, hasta los mares más allá del archipiélago.
Los resultados son muy buenos. En estos
momentos admite acuatorios como la bahía Los Perros, muy dañada en años
anteriores, está recuperada y ya se observa, por ejemplo, el crecimiento del mangle
prieto (Avicennia germinan), una mayor transparencia del agua, disminución de la
salinidad y una distribución más homogénea del oxígeno disuelto en el agua.
Vale significar que entre los proyectos más
importantes se encuentra el destinado al cuidado de casi 100 kilómetros de playas en
estos islotes del centro del país y haber logrado que las construcciones turísticas se
integren al medio. El caso más llamativo es el Meliá Cayo Coco, denominado el hotel
ecológico de la cayería.
ACCIONES
EN TIERRA FIRME
Pudiera parecer que lo más trascendente del
programa conservacionista está en los prometedores cayos del norte de la plataforma
insular. Sin embargo, los alientos del cuidado de las especies trascienden estos lugares.
¿El resultado? Solo en territorio avileño las cargas contaminantes disminuyeron un 10
por ciento el pasado año, mejoran los sistemas de tratamiento de residuales, se
recuperaron 12 000 nuevas hectáreas de bosques que no estaban inventariadas, y el 98 por
ciento de la población avileña consume agua potable.
Con toda lógica el Programa de Naciones
Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) le otorgó a Cuba la sede del Día Mundial del Medio
Ambiente, celebrado el pasado 5 de junio, pero el mayor reto está fuera de nuestras
fronteras. Y es que a todos fundamentalmente los países desarrollados, debe
preocuparles que solo el 2,5 por ciento del agua del planeta sea potable, que 1 200
millones de personas carezcan de ese líquido y que el 20 por ciento de las especies de
agua dulce esté al desaparecer debido a la contaminación.
En verdad, ni la más incrédula de las
personas puede dudar, entonces, que la biodiversidad del planeta está hoy más amenazada
que hace 65 millones de años, cuando desaparecieron los dinosaurios, mas lo aseguro, Cuba
no será culpable de la desaparición de las especies que pudieran extinguirse en tiempos
futuros.
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