 Intenso oleaje de lancheros FELIX LOPEZ El pasado martes el periódico de la mafia miamense publicó una verdadera joya en materia de manipulación. Bajo el título
"Intenso oleaje de balseros", aparecen doce párrafos dedicados, íntegramente, a reconocer que
"la más reciente ola de inmigrantes cubanos hacia las costas de la Florida" es responsabilidad de los contrabandistas de personas que operan en la región.
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JORGE VALIENTE |
Lázaro Rodríguez: "Hay que tener a alguien del otro lado que le pague a un lanchero". ¿Por qué no dicen entonces que es intenso el oleaje de lancheros? Claro, el término balsero intenta poner el problema en esta parte y exime de responsabilidad al gobierno norteamericano, que es en definitiva quien debe frenar el tráfico de seres humanos (con base de operaciones en Miami) y eliminar una ley que incita a la aventura y favorece a los emigrantes ilegales cubanos.
"Estamos muy preocupados por el incremento que ha tenido la emigración ilegal desde Cuba en las últimas semanas, y exhortamos a los residentes de Miami a no hacer el juego a los contrabandistas para acelerar la reunificación familiar por vías ilegales", declaraba al periódico Dan Kane, portavoz del Servicio de Inmigración y Naturalización (SIN) en Washington.
Solo a bordo de embarcaciones rápidas y bien equipadas, han reconocido testimoniantes en Miami, puede tener éxito una operación tan riesgosa como la de atravesar el Estrecho de la Florida.
Esa es la misma conclusión a la que acaban de arribar la mayoría de los 14 emigrantes ilegales devueltos a Cuba el pasado martes. Integrantes de dos salidas diferentes, se lanzaron al mar en embarcaciones rústicas, navegaron en medio del peligro durante varias horas..., y al final cayeron en manos de los Guardacostas.
Entre las seis personas que salieron en las cercanías de playa Baracoa, al oeste de La Habana, se encuentra Lázaro Rodríguez Domínguez, 24 años, y una singular historia: en agosto del 99 se despidió de sus familiares en Surgidero de Batabanó, se fue a la costa norte, construyó una balsa y puso proa al Norte. Tuvo suerte de llegar vivo a la Florida.
En Cayo Hueso comenzó a vivir con un primo y otros dos parientes. Durante un año y un mes trabajó en la construcción nueve y diez horas diarias:
"No saber inglés me trajo muchos problemas. Ganaba algún dinero, pero la soledad me mataba. ¿Novia? ¡Qué va! Allí las muchachas son muy interesadas, lo único que les importa es que les puedas pagar el carro y el celular"...
Ahora no lo reconoce. Pero la soledad lo trajo de regreso. En septiembre del 2000 llegó por Varadero, en un pequeño bote con motor fuera de borda. Fue detenido y procesado por entrada ilegal al país. Ya en libertad ha vuelto a intentar la travesía:
"En balsa es ahora un fracaso. Hay que tener a alguien del otro lado que le pague a un lanchero".
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