Pasajes del titán en el Che

JOSE A. FULGUEIRAS

use un click para ampliar imagen.Como un rayo mulato, que iluminó sus pupilas, le llegó al Che la imagen de Antonio Maceo.

No tan solo porque había nacido el mismo día que el Titán —algo que debió enorgullecerlo—, sino porque lo emparentaban una policromía de valores humanos y patrióticos, con fulgurantes efluvios de honestidad y rebeldía indoblegable.

Su admiración por el cachorro de Mariana la exhibió, a fuerza de coraje y astucia, a su paso por la Sierra Maestra, la Invasión, el Escambray y la ofensiva final que culminó con la toma heroica de la ciudad de Santa Clara. Y también en su andar por la Revolución triunfante, el Congo y Bolivia, y en el entrar glorioso por la historia.

El 7 de diciembre de 1962, a raíz del aniversario 66 de la caída del General Antonio, y ante una enardecida multitud, "a milímetros de una catástrofe atómica", como él mismo definió, dijo:

"Maceo fue uno de los tres grandes pilares en que se asentó todo el esfuerzo de la liberación de nuestro pueblo. Con Máximo Gómez y Martí, constituyen la fuerza más importante, las expresiones más altas de la revolución en aquella época".

Luego acentuó los dos momentos más importantes, para él, del prócer mambí: La Protesta de Baraguá y la Invasión de un extremo a otro de la Isla. "Para hacer eso, que hoy se puede referir en pocas palabras, se necesita un inmenso poder de imaginación, una inmensa fe en la victoria, en la capacidad de lucha de sus hombres y un poder de mando extraordinario para ejercerlo día a día durante años de lucha..."

Y exclamó:

"Hemos llegado a un momento donde el machete de Maceo vuelve a estar presente y vuelve a adquirir su propia dimensión."

En cada una de las acampadas de los primeros momentos de la Sierra, bajo aguaceros tumultuosos o soles diabólicos, el Che buscó refugio en un alero de la selva y extrajo de su mochila un libro de Historia de Cuba.

Le había pedido a un campesino que bajara al pueblo y este le trajo los primeros libros sobre la isla caribeña: Una Geografía y un volumen de Historia elemental.

El invasor David Santana, conocido por Manzanillo, fue a uno de los primeros hombres, o más bien de los primeros niños, que luego de que Fidel lo aceptara en su columna, le dio la tarea de cargar una de las mochilas del Che.

"Yo tenía 14 años cuando me alcé y Fidel me dijo: Bueno, si te quieres quedar, ayuda al Che con esa mochila. Aquello pesaba una tonelada pues estaba repleta de libros. En los acampados él se ponía a leer. Hay veces en que me preguntaba sobre nuestros patriotas a ver si yo sabía. De Maceo me preguntó y yo le contesté: Ese fue uno de los leones de Mariana, y él, emocionado, se echó a reír."

Juan Pérez Roca, combatiente ya fallecido y quien se unió a la Columna 8 Ciro Redondo en el macizo del Escambray, me contó:

"Veníamos del combate de Banao y un campesino le regaló al Che un sable que pertenecía a su abuelo, quien había sido soldado del ejército mambí. En el camino él me dijo: Guárdamelo.

"Cuando ya íbamos para la ofensiva final me le acerqué y le dije: Óigame, Comandante, ahí está el sable y ya nos vamos. Y él me respondió: Déjalo ahí, que yo soy incapaz de emular con Maceo".

Quizás en esta pintoresca e inédita anécdota, que con tanto gusto me describió el capitán rebelde Hornedo Rodríguez, afloren aún más los sentimientos del Guerrillero Heroico hacia el Titán de Bronce:

"Un día vino un hombre llamado Pino Puebla, que era el jefe de propaganda del Movimiento 26 de Julio a hacerle una entrevista.

"Comandante, yo vengo a entrevistarle, le dijo, porque la proeza que usted ha realizado no tiene parangón. Usted ha hecho una hazaña superior incluso a la de Antonio Maceo."

Entonces el Che le cortó: "Oh, amigo, aguantad, aguantad la guataca."

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