 Otra vuelta de tuerca al unipersonal AMADO DEL PINO En los últimos tiempos se ha presentado en distintos sitios de la ciudad Salomé o la candela, trabajo en solitario de la actriz española residente en Cuba, Eva González. La dramaturgia, a cargo de la propia actriz, mezcla materiales bien diversos y va del humorismo a situaciones dramáticas con varios momentos francamente discursivos, sobre todo en los temas relacionados con los derechos de la mujer. El tono de su espectáculo recuerda
—a veces con demasiada evidencia— textos del gran dramaturgo italiano Darío Fo como Un orgasmo adulto escapó del zoológico o la recientemente vista en La Habana
—y también de la familia Fo— Tengamos el sexo en paz. Dispersión y falta de jararquías estéticas son los dos peligros fundamentales que enfrenta Eva en su unipersonal. La notable energía de la teatrista y su encanto como comunicadora forcejean con una estructura en la que parece caber todo y donde no se diferencia con precisión entre las ideas dichas y las resueltas en términos escénicos. Tal vez el momento de mayor vuelo artístico se localiza en la excelente interpretación del archiconocido monólogo de Laurencia en la superclásica Fuenteovejuna, de Lope de Vega. González demuestra en ese fragmento poseer una poderosa voz y una cuidada técnica interpretativa. Los numerosos elementos de utilería y los cambios de vestuario no siempre aportan fluidez a la puesta de la consagrada actriz Nieves Riovalles. Prefiero los momentos en que el juego escénico se hace más desnudo y nítido. Salomé o la candela usa y a ratos abusa de la relación con el público, un recurso
—al igual que el teatro dentro del teatro— que entre nosotros se ha ido desgastando de tanta reiteración. Es de esperar que con la síntesis que da la suma de las funciones la puesta se desnude de hojarascas y efectos gratuitos para dar paso al diálogo entre la talentosa actriz y sus espectadores. También resulta deseable que Eva González regrese a las tablas con un espectáculo que incluya a otros actores en el escenario. El unipersonal entre nosotros es una variante respetable, pero no debemos convertirlo en solución de emergencia.
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