La frustración del sueño martiano de república

Pedro A. García

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RICARDO LOPEZ HEVIA    

Fue un puñal clavado en el seno de la Patria, una bochornosa afrenta a la lucha de tres décadas por la independencia, la frustración del sueño martiano de república, un zarpazo en nuestro destino que nos impuso una base naval en Guantánamo y pretendió santificar el robo de Isla de Pinos.

De hecho que marca inequívocamente el desarrollo de la conciencia antimperialista de la nación, calificó el moderador Randy Alonso a la Enmienda Platt durante la Mesa Redonda Instructiva que sobre ese mecanismo de dominación neocolonial se desarrolló ayer en los estudios de la Televisión Cubana.

De los luchadores contra la Enmienda Platt y el intervencionismo yanki, dijo Randy en otro momento de su intervención, de Juan Gualberto, Mella, Villena, Guiteras y tantos otros, todos con hondas raíces martianas, nos llega el profundo sentido antimperialista de la Revolución que triunfó el Primero de Enero de 1959 y que 42 años después, con Fidel al frente, sigue cosechando victorias. 

ORIGEN Y CONTEXTO HISTORICO

Para analizar el contexto político en que surgió la Enmienda, según el profesor Oscar Loyola, de la Universidad de La Habana, debemos partir del hecho de que la gesta de 1895 fue la más radical en todo el proceso independentista latinoamericano, ya que se pretendió una Revolución de amplio vuelo transformador.

Al finalizar la guerra, dentro del propio mambisado existía una heterogeneidad ideológica. Junto a radicales independentistas, como Máximo Gómez, coexistía un pensamiento más conservador. Fuera del campo insurrecto, y como reverso del ideario martiano, estaban los autonomistas, enemigos de toda transformación social, quienes repudiaban a las masas y temían a ellas.

A partir de la ocupación norteamericana (1899), en EE.UU. se producen grandes debates sobre la viabilidad o no de la anexión de Cuba. Ante la imposibilidad de esta, se buscan variantes, como explicara la profesora Francisca López Civeira, de la Universidad de La Habana, y dentro de la nueva estrategia imperialista, se convoca a una Convención Constituyente, para que redactara la Constitución de la futura república cubana y estableciera sobre qué principios se regirían las relaciones entre Cuba y los EE.UU.

Mientras los constituyentes se preocupaban de dotar al pueblo de una Carta Magna, en el vecino país se gestaba una Enmienda que llevaría el nombre del senador Orville Platt. Tras breves debates, fue aprobada por ambas cámaras del Congreso. El presidente Mac Kinley la sancionaría el 2 de marzo de 1901. Días después la Convención cubana conocería de ella como el apéndice impuesto a la recién elaborada Constitución.

Cuando se conoce la noticia, aseguró el investigador Oscar Zanetti, del Instituto de Historia de Cuba, el pueblo cubano se lanza a las calles de sus ciudades en protesta. En La Habana, pasaron de 15 000 los manifestantes, cifra considerable para la época.

RESISTENCIA POPULAR

La indignación de los cubanos era grande. Parecía como si la Enmienda Platt violara las promesas contenidas en la Resolución Conjunta (abril de 1898), donde se aseguraba que Cuba debía y tenía que ser libre e independiente. Para Olga Miranda, especialista de las Relaciones Internacionales, el segundo de estos documentos citados da una visión engañosa de las verdaderas intenciones de los EE.UU., reveladas en toda su dimensión en el odioso apéndice.

En la batalla contra la Enmienda Platt, la especialista destacó las figuras de Juan Gualberto Gómez, autor de una patriótica ponencia contra el intervencionismo, y Salvador Cisneros Betancourt, quien no solo se opuso a la aceptación del apéndice sino que exigió devolver el documento al gobierno de los EE.UU.

El docente Oscar Loyola retomó la palabra para esquematizar la composición heterogénea de la Asamblea Constituyente. De los 31 delegados, 19 pudieran calificarse de "independentistas consecuentes", a juicio del académico. Como simpatizantes del independentismo, aunque no participaron activamente en la gesta del 95, clasificó a otros 6. Los restantes (6), como sujetos no revolucionarios, que combatieron y torpedearon a la Revolución.

Muchos de los independentistas, aclaró, pertenecían a las clases pudientes, nunca tuvieron que ganarse el pan trabajando 10 a 14 horas diarias. Esto explica, a su entender, algunas de las actitudes asumidas en la Convención y cómo, a pesar de la supuesta "mayoría mambisa", al final la Enmienda es aceptada 16 votos contra 11.

LA BASE NAVAL

Olga Miranda usó otra vez de la palabra e hizo una explicación de cada una de las disposiciones de la Enmienda, particularizando en la cláusula que permitía al coloso norteño intervenir en nuestro archipiélago cada vez que lo estimase conveniente; así como del artículo en que deja en ambiguo estatus a Isla de Pinos y del que impone el arrendamiento de parte del territorio cubano para el establecimiento de bases navales y carboneras.

Habló de los mecanismos neocoloniales y tratados que surgieron a partir de la Enmienda, como el Tratado Permanente de 1903, que es la repetición de sus siete primeras cláusulas y que no caducaba, como el apéndice, en caso de que el pueblo cubano derogara la Constitución; y el Tratado de Isla de Pinos (1904), que no fue aprobado por el congreso estadounidense hasta 1925 y por el cual EE.UU. "renunciaba" a favor de Cuba "sus derechos" sobre ese territorio cubano.

Sobre la existencia de la base naval de Guantánamo, desde el convenio de arrendamiento de 1903, señaló que en 1934, al firmarse el Tratado que derogaba la Enmienda Platt, se fundamentaba sobre la base de relaciones de amistad entre los dos países. Pero como parte de la política de hostilidad hacia la Revolución, Estados Unidos rompió las relaciones en 1961, olvidándose de lo que había proclamado hasta entonces.
Precipitadamente, en los días posteriores de 1961, el Departamento de Estado yanki se apresuró a declarar que la ruptura no afectaba el estatus de la estación naval. Desde entonces, recalcó, es un tema permanente de nuestro pueblo la constante demanda por la devolución de ese pedazo del territorio nacional. Explicó que el Gobierno Revolucionario a recibido la ridícula cifra de los haberes por el arrendamiento de la base, los cuales se conservan en el MINREX sin haber sido cobrados.

Es una ocupación ilegal desde el punto de vista jurídico, desde el punto de vista ético y moral, por lo tanto tienen que irse, concluyó.

Y como dice el Juramento de Baraguá, agregó Randy Alonso, no constituye una prioridad inmediata porque antes tenemos que luchar contra la guerra económica, el bloqueo, la guerra biológica, la Ley asesina de Ajuste cubano, pero Cuba nunca renunciará a que esta parte de nuestro territorio le sea devuelto.

EL PENSAMIENTO ANTIMPERIALISTA

Sobre cómo la Enmienda Platt y el intervencionismo crearon hondos sentimientos antinjerencistas que fueron evolucionando hacia un antimperialismo militante, habló Francisca López Civeira, quien subrayó el papel desempeñado por Mella, con su obra Cuba, un pueblo que jamás ha sido libre, y Rubén Martínez Villena, con su ensayo Cuba, factoría yanki.

También se refirió a Guiteras y sus dos obras medulares, Septembrismo y el Programa de la Joven Cuba. Argumentó cómo la lucha del pueblo contra la Enmienda Platt es la que obliga al imperialismo a derogarla, al menos en su odioso artículo 3 en que se arrogaba el derecho a la intervención.

Y fue esa lucha contra la Enmienda Platt, el injerencismo y toda forma de dominación imperialista la que nos llevó hasta la Revolución de 1959, puntualizó Randy Alonso, y esa raíz antimperialista es la que nos sigue guiando hoy en la épica batalla que libra nuestro pueblo.

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