La mentalidad plattista está vigente en la política norteamericana 

Pedro A. García

Los ecos de la Enmienda Platt en la política norteamericana para América Latina, así como las manifestaciones de la dependencia al imperialismo yanki en los años posteriores a su derogación, fueron los temas que centraron ayer los debates en el Taller que sobre el odioso apéndice constitucional se desarrolla desde el lunes último en la sede del Instituto de Historia de Cuba.

En la sesión matutina, Lars Schoultz, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Carolina del Norte, dictó la Conferencia magistral De la Enmienda Platt a la Ley Helms-Burton: EE.UU. y la promoción de la democracia en Cuba. El académico afirmó que la mentalidad de la Enmienda ha sido incorporada a la política norteamericana de hoy sobre nuestro país.

Argumentó que la Helms-Burton no está tratando de hacer algo esencialmente nuevo, pues durante más de un siglo EE.UU. ha intentado que Cuba sea "democrática", a la manera yanki. Agregó que con el fin de continuar el control sobre un pueblo considerado no apto, o al menos no preparado para la "democracia", crearon una ley más imaginativa, la Enmienda Platt que les otorgaba el derecho a intervenir cuando lo estimasen conveniente.

Schoultz defendió el derecho de los cubanos a no querer crear una democracia a la manera norteamericana. Recordó las palabras de Thomas Jefferson en la Declaración de Independencia de los EE.UU.: Todos los pueblos —presumiblemente incluyendo al cubano, acotó el académico—, tienen el derecho a establecer su propio gobierno, cimentándolo en los principios, y organizando sus poderes, como mejor les parezca para el logro de su seguridad y felicidad.

Sobre la diplomacia norteamericana ante las tiranías de Machado y Batista, disertó el investigador Jorge Ibarra Guitart, de la institución sede. Comparó la Mediación de 1933, amparada en la Enmienda Platt, para evitar el triunfo revolucionario, con la llamada "neutralidad aparente" de EE.UU. entre 1956 y 1958, una forma de crearse una imagen de imparcialidad, aunque continuaran apoyando logísticamente al régimen.

El grado de dependencia y subordinación del gobierno constitucional de Batista (1940-1944) a la Cancillería estadounidense fue abordado por Octavio López, del Instituto Superior Pedagógico Frank País (Santiago de Cuba); mientras que Santiago Pérez, del Instituto Superior de Relaciones Internacionales, situó el debate sobre las relaciones Cuba-EE.UU. en la Revolución del 33 desde la óptica cubana.

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