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 Uruguay
Telecomunicaciones en oferta
ANDRES CAPELAN
Hacia fines de 1992, el 73% de los electores
rechazó en plebiscito popular los artículos de la Ley de Empresas Públicas que
permitían la privatización de la Administración Nacional de Telecomunicaciones (ANTEL).
Menos de una década después, los privatizadores vuelven por sus fueros, aduciendo que el
avance tecnológico ha hecho perimir la voluntad de la mayoría de los uruguayos.
Los políticos colorados y blancos (partidos
tradicionales) que insisten en asociar a la telefónica estatal con capitales privados
o directamente vendérsela a ellos esgrimen distintos argumentos. Algunos como
el ex presidente Luis Lacalle aducen que sería una forma de acceder rápidamente a
recursos financieros que se podrían destinar a la mejora de la educación o a la
construcción de viviendas. Para otros, es la forma de acceder al capital y la tecnología
imprescindibles para posibilitar un desarrollo dinámico de las telecomunicaciones en el
país. En realidad, para unos y para otros, la propuesta de asociación y privatización
es la forma de responder a la presión de las multinacionales del ramo, que ya han logrado
incluir la liberalización de las telecomunicaciones en los acuerdos de la Organización
Mundial del Comercio.
Uno de los elementos
"tranquilizadores" manejados por los impulsores de la privatización es el hecho
de que la telefonía fija se deja en manos del Estado. El motivo real de la exclusión de
este sector, es que se trata del de menor dinamismo en el ramo, más aún en Uruguay,
donde su crecimiento tiende a estancarse pues ya hay instalada una amplia red telefónica.
Más aún, todo indica que en pocos años la telefonía fija probablemente comience a
ceder su parte del mercado a las nuevas tecnologías, como será la comunicación
telefónica vía Internet, por cable o por satélite. En cambio, en los sectores de mayor
desarrollo potencial (celulares, transmisión de datos, Internet), ANTEL abandonará el
mercado o lo compartirá, compitiendo y asociándose con las grandes multinacionales de
las telecomunicaciones.
RENTABLE Y
EFICIENTE
Un lector poco informado podrá pensar que el
problema puede ser que la telefónica uruguaya está dando pérdidas. Todo lo contrario,
ANTEL genera elevadas utilidades para el Estado (un 3,5% del Producto Interno Bruto), y
dichas utilidades aumentan año a año. En 1998, por ejemplo, sus ganancias netas fueron
de 170 millones de dólares, y en 1999 de 204,5, lo que equivalió al 25 y al 27,6% de sus
ventas, respectivamente. De esas cifras, ANTEL entregó al gobierno central 100 millones
de dólares en 1998 y 145 en 1999.
Un argumento utilizado por el gobierno para
fundamentar la privatización, es que la empresa necesita fuertes inversiones para no
quedarse atrás en el vertiginosamente cambiante mercado de las telecomunicaciones. Sin
embargo, como afirma el economista Luis Stolovich: "Una empresa tan bien posicionada
como ANTEL entre las más eficientes de América Latina, hasta ahora no
tendría mayores dificultades para acceder a financiamientos internacionales para sus
megaproyectos, ya sea mediante empréstitos bancarios, ya sea mediante la emisión de
títulos en los mercados de capitales (...) con los recursos financieros de que dispone o
a los que puede acceder, ANTEL está en condiciones de financiar las inversiones en
proyectos para crecer en las más diversas áreas..."
ALIANZAS
ESTRATEGICAS
"En todo caso agrega
Stolovich una alianza estratégica debe responder a la necesidad de acceder a la
tecnología sobre nuevas bases y, sobre todo, quedar bien posicionados para enfrentar las
fuertes presiones competitivas del oligopolio mundial, que apuntan a la destrucción de
ANTEL." Para ello será necesario construir propuestas que partan de una concepción
de desarrollo nacional, con el sector de las telecomunicaciones como eje de una estrategia
para la modernización del país, en esa perspectiva será posible encarar las alianzas
estratégicas que permitan encarar el desarrollo del sector.
Pero, como dice el economista: "Aliarse,
no significa rematar, ni vender patrimonios (...) sino encontrar los puntos de
conveniencia común con otras empresas sean nacionales o internacionales con
objetivos claros y delimitados". La cuestión será entonces: con quién, para qué y
cómo aliarse. Habrá que fijar criterios, principios y controles claros para que una
alianza estratégica no se convierta en la antesala de una privatización.
El mercado de las telecomunicaciones no se
caracteriza precisamente por la libre competencia, sino por la competencia oligopólica.
Una eventual privatización de ANTEL no implicaría la entrada al mercado de muchas
empresas compitiendo en calidad y precios (como insinúan los privatizadores), sino la
sustitución de la telefónica estatal por una o dos grandes compañías multinacionales.
Tampoco sería garantía de una mayor eficiencia o una rebaja de las tarifas. Basta ver el
ejemplo argentino para comprobarlo. Puestas así las cosas, la insistencia con la entrada
de los privados al sector parece más una cuestión de obsecuencia, conveniencia...
MOVIDA
PARTICULAR
Pero, en este marco, en las últimas semanas
se ha estado observando una movida muy particular de los partidos de oposición (Encuentro
Progresista y Nuevo Espacio), quienes en momentos en que a instancias de los trabajadores
de ANTEL se ha comenzado a juntar firmas para plebiscitar la derogación de los artículos
que permiten la privatización del ente, han presentado en el Parlamento sendos proyectos
de ley tendientes a transferir la potestad de asociar o vender la telefonía estatal a
dicho organismo.
Esta propuesta está siendo vista con buenos
ojos por la coalición gobernante (Partido Colorado y Partido Nacional), que ha
manifestado estar dispuesta a derogar los artículos de la Ley de Presupuesto cuestionados
por los impulsores del plebiscito, y negociar la votación de los proyectos de ley
presentados por la oposición. Tanto Encuentristas como Nuevoespacistas afirman que sus
propuestas no son contradictorias con el plebiscito derogatorio (que también dicen
apoyar), pero resulta difícil entender cómo puede ser ello posible. De aprobarse dicha
ley y derogarse los artículos cuestionados, el plebiscito será totalmente inútil. En
todo caso, según el tenor de la eventual nueva ley sobre el asunto que pueda votarse en
el futuro, se deberá tirar por la borda todo el camino recorrido hasta ahora y comenzar
de nuevo.
(Artículo tomado del Servicio
Informativo Alai-Amlatina)
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