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El crítico que no existió

ROLANDO PEREZ BETANCOURT

Ya desde principio de los años cincuenta, las grandes casas productoras de Hollywood se especializaron en una técnica del convite encaminada a ganar para sus filmes los favores de las opiniones especializadas.

En verdad el procedimiento era tan viejo como la vida misma y estaba inscrito en la larga tabla de los halagos.

Finalizada la Segunda Guerra Mundial, corrían tiempos de expansión cinematográficos y el cine norteamericano apretaba clavijas para convertirse en una de las industrias más prósperas del país. El tecnicolor se imponía junto al cinemascope (aquella larga y achatada pantalla que tanto nos deslumbró), el sistema de estrellas seguía creando dioses para ser soñados por millones de espectadores y el negocio del cine, empeñado en dominar las pantallas del mundo, requería de un soporte teórico independiente, desvinculado del sector productivo, pero capaz de cantarle loas a cada pan caliente salido de los grandes Estudios.

Si Hollywood no podía engatusar las plumas de los críticos pertenecientes a las publicaciones más importantes del país, en su mayoría gente seria y veladora de un prestigio profesional, sí podía ganar adeptos en periódicos y revistas de segunda línea, pero sin duda influyentes a lo largo y ancho de la nación.

Fue así que nacieron los llamados junkets, mecanismo continuado y perfeccionado durante todo este medio siglo y mediante el cual periodistas y críticos de cine de aquí y de allá (incluyendo el extranjero) son invitados por las grandes compañías a viajar a Los Angeles o Nueva York, alojarse en lujosos hoteles y asistir al rodaje de filmes, donde tienen la oportunidad de conocer a sus estrellas y entrevistarlas.

Las estadísticas de las firmas productoras demuestran que una vez de vuelta a casa, la inmensa mayoría de los especialistas agraciados con los viajes ponen su pluma no solo al servicio de esos filmes con los que se relacionaron en su gestación, sino también de los Estudios que formularon la convocatoria.

Conocido al dedillo este asunto de los junkets, no pocos han reaccionado desconcertados en el mundillo cinematográfico de Hollywood ante un suceso que acaba de ocurrir y por lo burdo de su traza hizo sonrojarse aun a aquellos menos decorosos en los artilugios de la propaganda.

La estafa fue descubierta por la revista Newsweek y expuesta en su número más reciente. Hela aquí:

En los últimos tiempos había surgido un crítico de cine nombrado David Manning que entonaba los ditirambos más increíbles a cada película producida por la Columbia Pictures. Aunque Manning estaba identificado como especialista del Ridgefield Press, un oscuro semanario de Connecticut, la Columbia utilizaba sus opiniones para promocionar cada uno de sus filmes. 

The Animal, un verdadero bodrio, descuartizado por la crítica, fue calificado por Manning de "otro filme ganador de la Columbia". Las opiniones espléndidas también fueron utilizadas en películas como A Knight's Tale ("la estrella más caliente del año", definió el crítico a su protagonista), Hollow Man y Vertical Limit.

Era tanto el entusiasmo de Manning, que un periodista de Newsweek lo llamó por teléfono a la redacción del Ridgefield para conocerlo.

—No tenemos aquí a nadie nombrado así —le respondieron.

Y estalló el escándalo.

Sony, casa madre de la Columbia, admitió aturdida que su departamento de propaganda había creado a ese periodista imaginario para unir sus opiniones elogiosas a las de otros críticos que sí existían.

Pero de inmediato agregó: "Fue una decisión estúpida tomada por alguien en la oficina de publicidad.... estamos con la boca abierta.... ya hemos iniciado una investigación y el responsable pagará".

Mientras tanto, Newsweek se pregunta, no sin cierto cinismo, qué necesidad había de recurrir a tal chapucería propagandística, cuando se tenían a los dóciles junkets, esos especialistas que sí existen, tienen corazón y sesos, aunque —¿recuerdan el título de aquella película?— mantengan el alma en subasta.

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