El Holocausto de nuestros días

NIDIA DIAZ

Sólo por curiosidad, revisé hace unos días las informaciones aparecidas en la prensa internacional de finales de enero de 1996. En algunas había verdadera alegría al abordar el tema palestino y no pocas anunciaban con euforia y optimismo lo que denominaron entonces el principio del fin de la guerra palestino-israelí.

AP

Las elecciones celebradas el 20 de enero de aquel año en Gaza y Cisjordania con el objetivo de establecer un Consejo Autonómico y elegir al presidente de la Autoridad Nacional Palestina que tras el voto secreto y directo resultó ser Yasser Arafat, quien se alzó con el 88,8 por ciento de los sufragios, fueron el resultado de intensas negociaciones en la búsqueda de la solución de un conflicto armado que duraba para esa fecha 48 años.

Un año antes, en septiembre de 1995, y luego de numerosos contactos y negociaciones de ambas partes, con la mediación de Estados Unidos y su nada oculto propósito de conseguir una paz mediatizada, se había llegado a los Acuerdos de Oslo, por los que Israel se comprometió a dejar bajo la autonomía palestina los territorios de Gaza y Cisjordania sin renunciar, por supuesto, a controlar 340 kilómetros de la franja de Gaza y el 70 por ciento de Cisjordania.

¿El argumento? proteger los asentamientos de colonos judíos que en número de 16 y 100, respectivamente, allí se habían creado.

Aquellas aguas trajeron estos lodos y hoy los asentamientos judíos no solo han crecido en número -actualmente son 175-, sino que han devenido la más falaz justificación para la violencia creciente contra los palestinos.

Solo desde la ascención al poder del primer ministro Ariel Sharon -el carnicero de Sabra y Shatila-, se han constituido 14 nuevas colonias cuya existencia comienza a ser cuestionada por algunos sectores políticos en el propio Tel Aviv que reconocen en ellos una flagrante violación del Capítulo IV de la Convención de Ginebra de 1949.

Para estos sectores más realistas que consideran urgente el logro de la paz para ambas partes, una solución con Palestina tendría que pasar inevitablemente por la salida israelí de estos enclaves tanto en Gaza como en Cisjordania.

Hay momentos en que, intencionadamente manejadas, las cifras llegan a insensibilizar. "Caen baleados dos palestinos", "Cobra la violencia en Gaza nuevas víctimas fatales", "Con solo cuatro meses un bebé palestino muere en su propia casa por la metralla israelí", y así diariamente los partes de occidente dejan caer, con aparente inocencia, la responsabilidad de tanta muerte a la actitud palestina que se empeña en rescatar su tierra.

Sin embargo, y habría que repetirlo sin cansarnos, detrás de esos asentamientos, detrás de la justificación casi mítica del derecho del pueblo hebreo a ocupar la tierra palestina, detrás de la nueva escalada de violencia en la región y que amenaza a expandirse por la zona, están las conveniencias de las grandes potencias, principalmente de los Estados Unidos, de mantener su control en el Oriente Medio en función de sus intereses económicos, políticos y militares.

Para lograrlo, necesitan de un aliado fuerte, Israel, que se alinea con ellos en todas y cada una de las sucias escaramuzas de su geofagia política en la consumación del mundo unipolar.

Lo que se dilucida hoy en Palestina, no es solo el tema del derecho de un pueblo a asentarse en la tierra de sus antepasados, sino el derecho a su soberanía y su autodeterminación.

Todavía a casi 50 años de terminada la II Guerra Mundial, miles de millones se gastan en ponderar el sacrificio del pueblo hebreo frente al agresor racista y fascista que intentó exterminarlos.

Esos mismos millones, se gastan, sin embargo, para silenciar el genocidio que con similares objetivos, se viene cometiendo con el pueblo palestino que armado de palos y piedras se enfrenta segundo tras segundo a la más moderna tecnología de guerra de exterminio masivo, que de paso, es probada cotidianamente en ese escenario de batalla, haciéndola más competitiva en el mercado internacional de armas.

Y no hablamos solo de muertos, heridos, mutilados, desplazados o refugiados. Según datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), solo en Gaza el 81 por ciento de los palestinos vive bajo el nivel de la pobreza. En Cisjordania, la cifra es de un 55,7 por ciento. Más de tres millones de palestinos han seguido en las últimas cinco décadas los más diversos caminos. 

Desde aquel 14 de mayo de 1948, ultrajando y burlándose de las propias Naciones Unidas que había decidido la partición del terrritorio como solución a la diáspora hebrea, Israel con el apoyo de Washington se apoderó de la tierra palestina.

Entonces, fueron tenues las voces que se alzaron contra tamaña violación. Hoy, crece la culpa colectiva por no conseguir que se haga justicia y se respete el derecho de los palestinos a su tierra, a su soberanía y a su independencia. 

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