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La medalla de oro para el
planeta
Oscar Sánchez
No creo que ningún sector de la sociedad
cubana escape al reconocimiento por la sede del Día Mundial del Medio Ambiente. El pasado
martes, cuando se celebró tan importante fecha, todos nos sentimos homenajeados y al
propio tiempo comprometidos en continuar una obra en favor del planeta que justamente
tiene sus postulados más sólidos en la calidad de vida que promueve.
Aprovecho que hoy el Deporte, en su Escuela
Internacional, hará su acto central por tan singular ocasión, para meditar sobre cuán
valioso es el aporte de la Cultura Física, sustentado en su carácter humanista por
excelencia.
Habría que comenzar obligatoriamente por algo
que hace 42 años se convirtió en realidad. La frase Deporte derecho del pueblo expresa
la voluntad de llevar salud y bienestar social a todos, que con el propio desarrollo
deportivo se ha multiplicado hasta alcanzar un altísimo grado de servicios a la
población.
Internacionalmente el deporte cubano goza de
un bien ganado prestigio en los más exigentes escenarios. Sin embargo, la base de las
grandes glorias olímpicas y mundiales, pasa por más de 11 000 instalaciones, en las
cuales alrededor de dos millones de practicantes sistemáticos hacen sus actividades.
Transita, además, por 10 programas de promoción de salud, en los que se incluyen más de
8 000 círculos de abuelos, 134 gimnasios de cultura física, 5 650 de preparación
física, 1 836 de salud, 127 830 grupos de gimnasia musical aerobia, 3 635 de gimnasia
básica, 892 de gimnasia para embarazadas,
8 614 con el niño y 5 567 en centros laborales. Sume las 272 áreas de cultura física
terapéutica, en las que se han logrado terapias efectivas en más de 15 enfermedades
crónicas no transmisibles, entre ellas la hipertensión arterial, obesidad y el asma.
Son solo algunos datos que favorecen el noble
propósito de tener un pueblo sano, con hábitos que apuntan también a una salud
ambiental como pocos en el mundo.
Por supuesto, nuestros grandes resultados en
las arenas competitivas también actúan en pro del medio ambiente, pues cuando la Ciudad
Deportiva es capaz de ser anfitriona de una juventud fervorosa en apoyo a su equipo en la
Liga Mundial de Voleibol o cuando un estadio como el Guillermón Moncada, de Santiago de
Cuba, se repleta en defensa de su bandera y de sus coterráneos, se está empleando el
tiempo libre sanamente.
Y es que no se podría, y me permito el
atrevimiento de parafrasear al Comandante en Jefe, salvar el planeta, sin salvar al
hombre. En esa protección, al deporte le corresponde un insustituible papel social.
Para comprenderlo mejor habría que pasarle la
vista a la geografía del Tercer Mundo, donde mueren más niños, donde pudieran salvarse
muchas vidas, donde hay más analfabetos, donde hay ausencia de estas virtudes que
proporciona la Cultura Física para ver cómo se desgarra el mundo en que vivimos.
Semejante panorama es incapaz de luchar contra la deforestación, la desertificación o la
degradación de los suelos, porque el agujero de la capa de ozono se abrirá más cuanto
más se estreche la voluntad de los gobiernos por mejorar la calidad de vida.
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