pixelb.gif (34 bytes)

pixelb.gif (34 bytes)

pixelb.gif (34 bytes)

pixelb.gif (34 bytes)

Noche repleta en Cruz de Piedra

AMADO DEL PINO

ERNESTO CALDERIN   

Ni el calor, ni los mosquitos, ni las horas de pie en la noche del barrio lograron restar entusiasmo a los cientos de vecinos de la comunidad de Cruz de Piedra. Se trata de familias humildes que padecen serios problemas de vivienda y hasta allí fue el teatro con su potencialidad de comunicación y desenfado. Desde hace varios lustros el director Huberto Llamas trabaja en experiencias similares, demostrando un olfato singular para descubrir los sitios en que su labor resulta útil y trascendente.

Vale aclarar que este comentarista valora otras variantes esenciales de asumir empeños similares. Experiencias como los de La Cruzada Teatral guantanamera, no deben ser olvidadas cuando nos referimos a las complejas, y casi mágicas, relaciones entre el arte y la vida social. Pero Llamas no podrá ser excluido a la hora de hablar de la capacidad para movilizar sensibilidades y lograr lo aparentemente imposible. Al final de la función de este lunes inolvidable, estábamos muy juntos, todos, desde el ministro de Cultura, Abel Prieto, y otros invitados al Congreso Cultura y Desarrollo entre los que sobresalía la legendaria Rigoberta Menchú, hasta los que aplaudían en puntillas al final de la multitud.

Ante un hecho humano tan vigoroso se puede caer en la tentación de renunciar al enjuiciamiento estético, pero no creo que un teatrista como Huberto merezca semejante paternalismo. Santa Camila de La Habana Vieja, del imprescindible dramaturgo nuestro José Ramón Brene, ha sido llevada repetidas veces a escena, desde su estreno, de la mano de Adolfo de Luis en agosto de 1962. Cualquier resumen del teatro cubano en las últimas cuatro décadas nos recuerda que es el primer texto que toma como centro temático las transformaciones revolucionarias, en un momento de especial efervescencia.

Como en otros de sus espectáculos, Llamas mezcla sobre el escenario a los vecinos del barrio y a figuras consagradas de la escena, la televisión y el cine. El equilibrio artístico se ve afectado por serios desbalances e incongruencias en la dramaturgia del espectáculo. La poda del texto arrastra contradicciones y redundancias. El tiempo que se ahorra, muchas veces eliminando asuntos importantes, se pierde en escenas folcloristas y banales. La concepción de los personajes padece, en algunos casos, una excesiva tendencia a la búsqueda de la risa a toda costa.

Mejores resultados se logran en el juego escénico que, aunque obligado a los micrófonos por las dimensiones y la naturaleza del espacio, resulta bastante fluido y coherente. Mucho aportan en este sentido la ejemplar María de los Angeles Santana, todo un Premio Nacional de Teatro que se entrega con el fervor de una principiante y Yaquelín Arenal, que asume con dignidad y energía el reto de un rol clásico como la Camila. Tito Junco logra un encantador juego en el que lo popular no se adentra en el populismo o en las trampas de lo fácil. Equivocada, sin embargo, es la concepción de La Madrina que encarna Humberto Páez. La contraparte de Alberto Pujols se debilita, a pesar del carisma y el talento de este actor, por un abuso de la improvisación que no siempre está signada por el buen gusto.

Que crezca el teatro en los lugares más apartados o incómodos es un lujo cultural que nuestra gente de pueblo merece y necesita. Mientras mayor sea su calidad artística, más sentido y consistencia tendrán la salutación y el aplauso.

pixelb.gif (34 bytes)

Subirtop.gif (129 bytes)