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Las dos caras de la UFA

Pedro de la Hoz

Una mirada a los treinta carteles concebidos para la promoción de películas de la productora alemana Universum Film AG, más conocida por sus siglas UFA, que desde hoy se exhiben en el vestíbulo del cine La Rampa, de esta capital, permiten recorrer la grandeza y decadencia de una de las aventuras cinematográficas más interesantes del siglo XX europeo.

De un lado está el esplendor de una renovación estética de la gráfica que acompañó la que tenía lugar desde la misma pantalla. Del otro, el maniqueísmo de los códigos visuales con que se anunciaron la mayoría de los filmes comprometidos con el nazismo.

Afiche de Metrópolis, el clásico expresionista
de Fritz Lang.

Y es que la UFA, tanto en sus películas como en los soportes promocionales, padeció el mismo destino del pueblo alemán entre 1917 y 1945. Lo que comenzó siendo una empresa que alentó las mayores libertades expresivas terminó como apéndice del aparato propagandístico del Tercer Reich.

La muestra, facilitada por el Instituto Goethe y concebida por el Museo Cinematográfico de la Cinemateca Alemana de Berlín y la Biblioteca Nacional de Austria, con el apoyo de la Embajada de Alemania en nuestro país y la Cinemateca de Cuba, es una lección de estética e historia.

Pasan por la memoria del espectador las huellas del Paul Lubitsch de Carmen y Madame DuBarry, del F.W. Murnau de Fausto; y del Fritz Lang de Metrópolis, y de la siempre entrañable Marlene Dietrich bajo la mirada lúbrica del pobre profesor Basura interpretado por Emil Janning en El ángel azul, de Josef von Sternberg, junto con la advertencia de un pasado que no debe repetirse, el de las ingloriosas y pedestres imágenes que divulgaron la ideología nazi, una vez que la UFA pasó bajo el control del execrable Josef Goebbels.

Una hora después que se inaugure la muestra, o sea, a las 9:30 p.m., el público podrá asistir en el propio cine a una curiosa experiencia: ver el filme La habanera, que encargó la UFA al director Detlef Sierck, que cuenta la historia de amores y nostalgias escaldantes de una sueca en el Caribe. Dos detalles a tener en cuenta. El primero: La intérprete, Zarah Leander, fue la figura que la productora exaltó al perder a Marlene Dietrich. El segundo: el rodaje de la película permitió a su director, que escogió para el rodaje locaciones en Islas Canarias, escapar al antisemitismo nazi, pues su esposa era judía. Una vez emigrado a Estados Unidos, Detlef Sierck se convirtió nada menos que en Douglas Sirk, el realizador de Angeles sin alas (1957) e Imitación a la vida (1960).

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