El alma despierta de Volodia
Teitelboim
PEDRO DE LA HOZ
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| JORGE VALIENTE |
Este chileno, que se define como un anciano en
la tribu y afirma contar con una edad inmemorial, es increíblemente joven. No hay que
hacerle caso a la cautela de sus movimientos físicos ni a los estragos de los años en el
cuerpo. La mente lúcida y el ímpetu revolucionario le ganan para siempre el futuro.
La repitencia de Volodia Teitelboim en el
Congreso Internacional Cultura y Desarrollo aparece como un síntoma evidente de su
apuesta combatiente. "La primera vez, hace dos años confiesa advertí
que no se trataba de un evento más, de esos en los que se habla mucho y no se saca nada
en limpio. Escuché a muchas personas de la base, gente que entraba por primera vez en la
historia. Y ahora lo confirmo. Estamos comenzando a escribir una nueva historia en la que
la cultura es el eje central".
Volodia ha razonado el papel de la cultura en
los nuevos tiempos: "La batalla que se nos propone es en la cultura y desde la
cultura, porque hablamos de crear conciencia acerca de que el mundo tiene que cambiar y
solo podemos hacerlo las víctimas del orden injusto, deshumanizado y demencial imperante.
El cambio tiene que ser en la cultura, en la ética, en la moral, en las motivaciones para
la transformación".
Sus valoraciones pasan por la autocrítica:
"Lo que me alienta de este movimiento de ideas que en La Habana se está expandiendo
es que no apela al consignismo, ni a la retórica con que muchas veces nos incomunicamos
con la mayoría en otros tiempos. No caben dogmas ni recetas. Aquí he dicho que debemos
reivindicar, ante todo, una palabra vilipendiada, sospechosa, tildada por la izquierda
como un pecado pequeño burgués: inteligencia. También tendremos que dejar de ser
estrictamente hombres y mujeres de Occidente. ¿Qué sabemos de China, de las experiencias
de ese universo donde habitan uno de cada cuatro habitantes del planeta? ¿Y de esa Africa
olvidada? Debíamos comenzar, si queremos ser auténticamente universales, por asumir la
real diversidad del mundo".
ARDIENTES
ESCRITURAS
Dos pasiones atraviesan la vida de Volodia
Teitelboim: la política y la escritura. Militante comunista desde la juventud, llegó a
integrar la dirección de su Partido, donde asumió tareas organizativas e ideológicas de
altísima responsabilidad, incluso la de Secretario General. Pero desde muy temprano
descubrió el peso de las palabras. Ficciones y ensayos han alternado con textos más
breves, nacidos de la propia urgencia de la lucha.
Lo que más le obcede en estos momentos es la
terminación de su tercer tomo de memorias. Dos años atrás, aquí en La Habana, me
había anunciado que acumulaba ya varias cuartillas de Un anciano en la tribu, con el que
coronaría la saga de Un muchacho del siglo XX (1998) y Un hombre de edad media (1999).
"He avanzado, pero quisiera haberlo hecho más", me confiesa ahora. "Es que
al paso me van saliendo otras tentaciones y desesperos, a los que tengo inevitablemente
que conjurar si quiero que este segmento final de mis vivencias concluya".
El paréntesis, no obstante, ha sido
fructífero. Volodia acaba de culminar una antología de poesía de autores de las
regiones australes de su tierra, Un tren hecho de relámpagos, y tanto lo ha disfrutado
que ya se ha decidido a entresacar textos de vieja y nueva datas para completar una
galería de retratos de gente que ha conocido, como Gonzalo Rojas y Nicanor Parra, un poco
a la manera que su viejo amigo cubano, siempre en su memoria, Juan Marinello, hizo con su
serie Contemporáneos.
PREMIO ALTAZOR
"Hasta de manera impensada esboza
una pícara sonrisa me ha llegado un premio a estas alturas, el Premio Altazor, hace
muy pocas semanas, por La gran guerra de Chile y otra que nunca existió, en la que
necesitaba rememorar y ahora se enseria nuevamente la épica de los dueños de
esta tierra contra la invasión colonial y compararla con esa otra guerra que se han
inventado la derecha y los renegados para justificar la convivencia con el terror y el
perdón de la dictadura".
La cosecha editorial más reciente también
produjo un tomito que le trae a Volodia entrañables recuerdos: Noches de radio (escucha
Chile), donde recoge las crónicas que por quince años, desde septiembre de 1973,
transmitió desde Radio Moscú para dar cuenta a América Latina de lo que venía
sucediendo con el brutal arribo de los militares al poder.
"Nunca olvidaré aquella noche en que me
asomé a los micrófonos de Radio Moscú para comenzar lo que sería un largo ejercicio.
Hablé de La Moneda en llamas, un símbolo de lo que pasaba en Chile. Hace poco tuve
conciencia de que eran más los oyentes que clandestinamente me escuchaban en Chile de lo
que yo pensaba".
Le recuerdo a Volodia que Guillén cumpliría
cien años en el 2002. "Lo tengo en cuenta. En él se juntaron todos los zumos de la
poesía y el anhelo de justicia social. El mejor homenaje será mantener su legado
vivo".
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