pixelb.gif (34 bytes)

pixelb.gif (34 bytes)

pixelb.gif (34 bytes)

pixelb.gif (34 bytes)

El alma despierta de Volodia Teitelboim

PEDRO DE LA HOZ

   JORGE VALIENTE

Este chileno, que se define como un anciano en la tribu y afirma contar con una edad inmemorial, es increíblemente joven. No hay que hacerle caso a la cautela de sus movimientos físicos ni a los estragos de los años en el cuerpo. La mente lúcida y el ímpetu revolucionario le ganan para siempre el futuro.

La repitencia de Volodia Teitelboim en el Congreso Internacional Cultura y Desarrollo aparece como un síntoma evidente de su apuesta combatiente. "La primera vez, hace dos años —confiesa— advertí que no se trataba de un evento más, de esos en los que se habla mucho y no se saca nada en limpio. Escuché a muchas personas de la base, gente que entraba por primera vez en la historia. Y ahora lo confirmo. Estamos comenzando a escribir una nueva historia en la que la cultura es el eje central".

Volodia ha razonado el papel de la cultura en los nuevos tiempos: "La batalla que se nos propone es en la cultura y desde la cultura, porque hablamos de crear conciencia acerca de que el mundo tiene que cambiar y solo podemos hacerlo las víctimas del orden injusto, deshumanizado y demencial imperante. El cambio tiene que ser en la cultura, en la ética, en la moral, en las motivaciones para la transformación".

Sus valoraciones pasan por la autocrítica: "Lo que me alienta de este movimiento de ideas que en La Habana se está expandiendo es que no apela al consignismo, ni a la retórica con que muchas veces nos incomunicamos con la mayoría en otros tiempos. No caben dogmas ni recetas. Aquí he dicho que debemos reivindicar, ante todo, una palabra vilipendiada, sospechosa, tildada por la izquierda como un pecado pequeño burgués: inteligencia. También tendremos que dejar de ser estrictamente hombres y mujeres de Occidente. ¿Qué sabemos de China, de las experiencias de ese universo donde habitan uno de cada cuatro habitantes del planeta? ¿Y de esa Africa olvidada? Debíamos comenzar, si queremos ser auténticamente universales, por asumir la real diversidad del mundo".

ARDIENTES ESCRITURAS

Dos pasiones atraviesan la vida de Volodia Teitelboim: la política y la escritura. Militante comunista desde la juventud, llegó a integrar la dirección de su Partido, donde asumió tareas organizativas e ideológicas de altísima responsabilidad, incluso la de Secretario General. Pero desde muy temprano descubrió el peso de las palabras. Ficciones y ensayos han alternado con textos más breves, nacidos de la propia urgencia de la lucha.

Lo que más le obcede en estos momentos es la terminación de su tercer tomo de memorias. Dos años atrás, aquí en La Habana, me había anunciado que acumulaba ya varias cuartillas de Un anciano en la tribu, con el que coronaría la saga de Un muchacho del siglo XX (1998) y Un hombre de edad media (1999). "He avanzado, pero quisiera haberlo hecho más", me confiesa ahora. "Es que al paso me van saliendo otras tentaciones y desesperos, a los que tengo inevitablemente que conjurar si quiero que este segmento final de mis vivencias concluya".

El paréntesis, no obstante, ha sido fructífero. Volodia acaba de culminar una antología de poesía de autores de las regiones australes de su tierra, Un tren hecho de relámpagos, y tanto lo ha disfrutado que ya se ha decidido a entresacar textos de vieja y nueva datas para completar una galería de retratos de gente que ha conocido, como Gonzalo Rojas y Nicanor Parra, un poco a la manera que su viejo amigo cubano, siempre en su memoria, Juan Marinello, hizo con su serie Contemporáneos.

PREMIO ALTAZOR

"Hasta de manera impensada —esboza una pícara sonrisa— me ha llegado un premio a estas alturas, el Premio Altazor, hace muy pocas semanas, por La gran guerra de Chile y otra que nunca existió, en la que necesitaba rememorar —y ahora se enseria nuevamente— la épica de los dueños de esta tierra contra la invasión colonial y compararla con esa otra guerra que se han inventado la derecha y los renegados para justificar la convivencia con el terror y el perdón de la dictadura".

La cosecha editorial más reciente también produjo un tomito que le trae a Volodia entrañables recuerdos: Noches de radio (escucha Chile), donde recoge las crónicas que por quince años, desde septiembre de 1973, transmitió desde Radio Moscú para dar cuenta a América Latina de lo que venía sucediendo con el brutal arribo de los militares al poder.

"Nunca olvidaré aquella noche en que me asomé a los micrófonos de Radio Moscú para comenzar lo que sería un largo ejercicio. Hablé de La Moneda en llamas, un símbolo de lo que pasaba en Chile. Hace poco tuve conciencia de que eran más los oyentes que clandestinamente me escuchaban en Chile de lo que yo pensaba".

Le recuerdo a Volodia que Guillén cumpliría cien años en el 2002. "Lo tengo en cuenta. En él se juntaron todos los zumos de la poesía y el anhelo de justicia social. El mejor homenaje será mantener su legado vivo".

pixelb.gif (34 bytes)

Subirtop.gif (129 bytes)