Destacamento invicto de la Revolución

ROGER RICARDO LUIS

La creación hace 40 años del Ministerio del Interior abrió, sin duda, una página en la historia de nuestra Revolución que, desde sus mismos inicios, comenzó a escribirse bajo el fragor impostergable de una batalla sin tregua posible a base de audacia, inteligencia, tenacidad, valentía, sacrificio y sangre.

Las raíces de esta extraordinaria fuerza están en las más puras y hermosas tradiciones de lucha cubanas, en el pueblo mismo que es su cantera, sustento y razón de ser. Desde los días de Martí y la preparación de la guerra necesaria a hoy, las lecciones de esa epopeya están ahí con su enseñanza y renuevo permanente a tenor con los tiempos que se viven, forjando, muchas veces en el anonimato cotidiano y fecundo, la coraza invicta que protege la unidad, los principios, la obra y la victoria.

Nacidas bajo los apremios de una contienda contra un Goliat prepotente y con una secular avidez por anexarse esta tierra vecina, las fuerzas del Ministerio del Interior alcanzaron temprana madurez enfrentando las acciones del imperialismo yanki, la gusanera interna y la prohijada en Miami en un singular cruce de armas en la cual el derroche de tecnología, recursos y dinero no ha podido vencer el poder de los ideales de un pueblo pequeño y pobre, más fuerte y unido.

La historia de esta Revolución es harto elocuente en ejemplos que dan la magnitud de tal enfrentamiento y de las victorias conquistadas cuando desde fechas muy tempranas al triunfo de Enero de 1959 se detectaron, penetraron y aniquilaron los grupos contrarrevolucionarios, las bandas de alzados, se detuvo la quinta columna que apoyaría la invasión de Girón, hasta llegar a las mismas entrañas de la CIA, descubrir y neutralizar todos los intentos por asesinar al Comandante en Jefe, proteger la inviolabilidad de nuestro archipiélago, como también la extraordinaria contribución en las misiones internacionalistas cubanas en Angola y Etiopía, por citar algunos ejemplos relevantes.

En los días heroicos que vivimos, los combatientes del MININT están también inmersos en tareas complejas de su perfil como son la lucha contra el terrorismo contrarrevolucionario alentado por los extremistas de la mafia miamense, el combate contra el narcotráfico y la preservación de la tranquilidad ciudadana como una de las grandes conquistas sociales de la Revolución y de la cual ellos son, junto al pueblo, artífices y hacedores.

En esas direcciones estratégicas trabajan y los resultados se palpan, aún cuando el propósito sigue siendo la elevación permanente de la eficacia y la eficiencia adoptando nuevas estructuras de trabajo, empleando al máximo de nuestras posibilidades la ciencia y la técnica y, por supuesto, desarrollando la inteligencia y la sagacidad para enfrentar complejas situaciones y la preparación profesional y política de las fuerzas, factores que han sido clave en los éxitos de esta institución en estos cuatro decenios.

En las filas del MININT se han formado generaciones de jóvenes que han sabido cumplir las más disímiles tareas con audacia y sencillez. De ellos han surgido valiosos cuadros; no solo para la línea de mando y de pensamiento operativo, sino también científicos con resultados relevantes para la labor del Ministerio y para la vida económica y social del país. También ha dado destacados artistas, intelectuales y deportistas.

En todo este heroico quehacer de 40 años ha estado presente siempre la brújula del Partido y Fidel. Esa enseñanza no solo resulta legado, es, ante todo, ejercicio permanente de disciplina y lealtad, conducta y capacidad de acción.

Todo esa historia viva está presente en la batalla de ideas que libramos hoy porque entre nosotros andan sus protagonistas que siguen haciendo futuro.

No hay obra de la Revolución por pequeña que sea en la cual no esté presente el prestigio, el ejemplo, la autoridad y la capacidad de acción de los combatientes del Ministerio del Interior.

A todos ellos va dirigido nuestra felicitación y confianza renovada. La Revolución es nuestra y juntos la seguimos defendiendo, pues en suma somos el pueblo en el poder.

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