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Estrategia audiovisual contra la dictadura del dinero

Proponen creación de la Comisión del Audiovisual Latino

Pedro de la Hoz

Las palabras valen cuando van acompañadas de acciones y los cineastas que participan en el II Congreso Internacional Cultura y Desarrollo lo saben. Es por ello que a la denuncia en torno a la cada vez más insoportable desigualdad en la circulación internacional de imágenes, donde manda la dictadura del dinero de Hollywood, le ha seguido aquí la propuesta de concebir una Comisión del Audiovisual Latino, y como premisa, una federación latinoamericana y caribeña de organizaciones de cineastas y realizadores audiovisuales.

Una película de las grandes productoras de Hollywood promedia un presupuesto de 50 millones de dólares para la creación y 20 para la promoción; en Europa, esas cifras se sitúan en el orden de siete y un millón respectivamente; en América Latina y el Caribe, los dígitos más bien magros del Viejo Continente no pasan de ser quimeras.

Los cineastas y realizadores de imágenes de Europa y América Latina y el Caribe deben y pueden unirse. Ese fue el centro de los debates del foro de cineastas que tuvo lugar en el Congreso habanero, resumidos ayer en sesión plenaria por el cubano Julio García Espinosa, al intervenir en el panel Cine latino y otras alternativas, efectuado en la sala principal del Palacio de las Convenciones.

Los europeos han sabido unir fuerzas entre sí mediante la FERA, una especie de confederación de asociaciones locales de cineastas, presidida por el español Manuel Gutiérrez Aragón, presente en La Habana, y que ofreció a los colegas latinoamericanos y caribeños apoyo y ayuda en sus proyectos de integración regional.

Una Comisión del Audiovisual Latino tendría que pronunciarse por la defensa de la pluralidad en la creación y la circulación, del acceso popular a la producción al margen del emisor hegemónico de imágenes y del patrimonio fílmico acumulado.

Con palabras enardecidas, el argentino Fernando Pino Solanas reclamó cinco derechos: el de cada pueblo a procesar y difundir sus propias imágenes, de auspiciar la diversidad creativa, de gozar y conocer todas las culturas del mundo, de preservar los espacios audiovisuales con el mismo celo con que se guardan las fronteras y el de los autores a asumir, en lugar de los productores, la representación de la propiedad intelectual de sus obras.

Asimismo planteó dos utopías: la posibilidad de fomentar una red de televisión al servicio de los pueblos latinoamericanos —"no se ha logrado por la mediocridad y la burocracia de muchos gobiernos de la región", acotó— y de exaltar la creación de nuevos lenguajes que propongan una alternativa posible frente a los códigos difundidos por la industria hegemónica.

También intervinieron el colombiano Sergio Cabrera, autor de la memorable cinta La estrategia del caracol, quien contó sus experiencias en la lucha por garantizar un espacio para el cine y la identidad nacional en las pantallas de su país; el boliviano Jorge Sanjinés, defensor de la imagen de los pueblos indígenas, a los que calificó como "estratégicamente revolucionarios", y la mexicana María Rojo, que liderea en su nación fórmulas legales dignas para una cinematografía nacional amenazada por las imposiciones del Tratado de Libre Comercio con el voraz vecino del Norte.

El cubano Alfredo Guevara evocó ante el plenario los antecedentes de esta estrategia unitaria a nivel continental, entre las que citó los festivales de Viña del Mar y el de La Habana, este último con 22 ediciones ininterrumpidas, la existencia del Comité de Cineastas de América Latina (CCAL), la creación de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano, a la que tanto aliento ha dado Gabriel García Márquez y la fundación de la Escuela Internacional de Cine y TV de San Antonio de los Baños.

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