 Hay razones para el optimismo
Pedro A. García
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| JUVENAL BALAN |
Si alguien me pidiera que
resumiera en una frase mi valoración sobre el recién terminado Taller Nacional de
Trabajo Político-Ideológico, celebrado en el Palacio de las Convenciones, no dudaría en
escoger las palabras pronunciadas por Fidel en la noche del sábado, cuando expresó que
había razones para el optimismo al hacer un recuento en lo que allí se dijo.
Durante dos días de intensos debates,
representantes de los 63 centros de Educación Superior, entre los que se incluían a
estudiantes, profesores y dirigentes del Partido, la UJC y la FEU, analizaron sus
experiencias, resultados y el papel que les toca aún desempeñar en la batalla de ideas
que libra todo nuestro pueblo.
En muchos proyectos está enfrascada la
comunidad universitaria, como ha podido verse reflejado en estos días en la prensa. Son
soluciones a problemas que ya se están enfrentando. Pero este Taller fue algo más:
provocó en los presentes reflexiones sobre esas y otras cuestiones que inciden en nuestra
sociedad, acerca de lo que nos falta aún por hacer, "de los aspectos en los que
debemos y podemos realizar una mejor contribución", como afirmara un dirigente
juvenil.
Al respecto, Fidel observó que aunque todo lo
que se había hablado en el Taller parecía a algunos un sueño, las soluciones a ciertos
problemas generan otras y otras soluciones. Y lo que hasta hace poco nos parecía un
sueño irrealizable, añado yo, lo hacemos realidad y se nos antoja cosa normal porque
estamos consagrados a otro sueño al que estamos tratando, y al final logramos, hacer
realidad.
NUEVOS CONCEPTOS
Uno de los testimonios que más me
impresionó, y me ha motivado a reflexiones, fue el de Nayelis Martínez, egresada de la
escuela de maestros emergentes de Melena del Sur y actualmente educadora de primer grado
de la escuela Leonardo Valdés, de Regla.
Estudiante de preuniversitario, esta muchacha
pensaba optar por el Pedagógico en Historia. Un llamado de la Revolución le hizo dar el
paso al frente para prepararse como maestra primaria. Tras relatar sus vivencias de la
primera clase con sus alumnos, su magnífica relación con la tutora y los profesores que
la prepararon, aseguró que ella ahora había encontrado su verdadera vocación.
Ante tal aseveración, Fidel se preguntó si
tal vez no hemos sabido despertar la vocación hacia ciertas especialidades que la
sociedad más necesita. Expresó su casi seguridad de que si a esta muchacha se le hubiera
podido formar como trabajadora social o para otras profesiones priorizadas, incluso con
esos mismos niños que ahora está atendiendo, se hubiera entusiasmado igualmente.
Tras la intervención de Nayelis, a la luz de
la experiencia de Melena y dadas las necesidades urgentes de nuestra sociedad, me pregunto
(reconozco que no tengo una respuesta concreta a mis dudas) si tal vez los programas
futuros en la formación de los maestros tenga que cambiar.
Tanto a Nayelis, cuando se refería a los
maestros emergentes, como al presidente nacional de la FEU, Hassán Pérez, cuando
relataba testimonios de los estudiantes universitarios como brigadistas sociales, les oí
decir cuánto habían crecido como seres humanos y como revolucionarios al participar en
estos dos proyectos.
La integralidad del estudiante fue otro de los
temas muy debatidos que acaparó mi atención. Se hizo hincapié que no bastaba culminar
los estudios con altos rendimientos y nivel científico demostrado, sino conjugar esos
méritos con los de revolucionario cabal. Es necesario tener un elevado compromiso social
con los intereses de la nación, que se exprese, entre otras cuestiones, en una
incondicionalidad en su futura ubicación laboral.
La formación de un graduado, con elevado
nivel profesional, cultural y político, con un alto sentido del deber y disposición para
asumir las tareas en el lugar en que pueda ser más útil, precisa también de un claustro
integral y en permanente superación, se recalcó en el Taller.
En una relevante intervención, la destacada
profesora universitaria María Dolores Ortiz abogó por que cada clase sea un acto de
creación, como pedía el Apóstol. Habló de lograr, mediante la sistematización y
profundización de los conocimientos, la difícil, pero siempre posible imbricación entre
la mera instrucción y la educación de los sentimientos, los valores patrios, las
convicciones y actitudes del revolucionario.
LA POSIBILIDAD DE CREAR NO TIENE
LIMITES
La preocupación de masificar el acceso a la
infomación sin multiplicar los gastos que ello implicaría estuvo presente en los debates
que al respecto se desarrollaron en las dos jornadas. Fidel convocó a poner los recursos
en función de un acceso cada vez mayor a la información, en las variantes más óptimas
a nuestro alcance.
Tenemos que crear una sociedad que sea modelo
de justicia, cultura, preparación, riqueza espiritual, de soluciones adecuadas a sus
necesidades materiales, apuntó. Dijo que la vida espiritual de nuestro pueblo será
superior a la de cualquier país del mundo y en ese terreno la posibilidad de crear no
tiene límites. No habrá país con el nivel de cultura de Cuba y con su alto desarrollo
científico, artístico y espiritual.
Aseveró que estamos desarrollando un
socialismo mucho mejor, más justo, perfecto, legítimo y superior que el que teníamos
cuando empezó el período especial. Será nuestro país más socialista de lo que era
hace 10 años, añadió, y concluyó esta idea con una interrogante: ¿queda alguna duda
con todas las cosas que estamos haciendo y están a nuestro alcance?
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