Desde Ocotepeque, Honduras

El que cura los Dolores de Merendón

Diego Rodríguez Molina
Enviado especial
de Granma

DOLORES MERENDON, Ocotepeque.—¿Dónde está el doctor? fue la pregunta obligada al llegar al apartado caserío donde vive el médico cubano en este municipio —considerado uno de los más pobres de Honduras— en el centrooccidental departamento de Ocotepeque, limítrofe con El Salvador y Guatemala.

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RAIKO MARTIN  

Benedicto de Laz se ha convertido de hecho en el médico de las familias de Dolores Merendón, uno de los municipios más pobres de Honduras.

—Allá en el cerro aquel, cortando café— me contestó la anciana María Reina Cruz Portillo como si se tratara de un integrante de su familia. Hoy es sábado, terminó más temprano en el Centro de Salud y se fue a ayudar al enfermero, también para no desconsolarse, extraña mucho a su tierra...

ju8-2.jpg (18836 bytes)Después de su trabajo en el Centro de Salud los sábados, no es extraño ver al médico partir hacia la recogida en los cafetales de la zona.

Ella le avisa a un recogedor cercano y con la misma sale en cordillera la voz, de uno a otro y retumbando su eco en la ladera vestida de cafetales, que por esta época adorna el intenso verdor con sus granos de oro rojo, cuyo depauperado precio en mercados controlados por transnacionales, arruina a productores tan humildes como estos.

Mientras aguardamos por el médico, la mujer me relata cómo "trato de alegrarlo, sacarle conversación y hasta prepararle las comidas que le gustan, pues todavía no se acostumbra a comer nuestras tortillas. Se acuesta temprano, para levantarse de madrugada y escuchar la radio cubana...", e interrumpe su narración para alertarnos que ya está cerca.

En efecto, sofocado, pero bien alegre ante la visita de compatriotas, aparece Benedicto de Laz Castro, el especialista en Medicina General Integral llegado de la Isla de la Juventud, donde se desempeña como jefe de Grupo Básico en el Policlínico III, del poblado de La Fe, y en el Hogar Materno.

Entre las incontables vivencias, el auxiliar de enfermería Francisco Portillo Gutiérrez, le recuerda la niña de siete años que en reciente semana, de mal tiempo y frío, mientras almorzaban, llegó con aguda crisis convulsiva y mucha fiebre y valga que todavía tenía de Cuba diazepam, que le ayudó al restablecimiento rápido, porque aquí escasea el medicamento para esas afecciones.

Inolvidables ya resultan también la experiencia de la lucha contra el dengue hemorrágico, que combatió apenas llegó aquí el 14 de octubre, y los recorridos dos días a la semana, martes y jueves, por las 5 aldeas y caseríos dispersos en la impresionante serranía que promedia los 2 000 metros de altitud, muchas veces perdida entre las nubes y saturada de la fina humedad de su neblina. "He bajado de peso de tanto caminar y subir y bajar lomas, como nunca lo había hecho en mi vida", confiesa, mientras las libras de menos en su cuerpo se encargan de corroborarlo.

Sin embargo, en nada ha bajado el ánimo, precisa el auxiliar de enfermería que con él labora. "Vemos, además, en consulta alrededor de 40 casos diarios, entre ellos no pocos venidos desde la vecina Guatemala —destaca el galeno— y trabajamos en el completamiento e implementación del diagnóstico de la situación de salud, tanto de los 1 431 pobladores de la zona en lo individual y familiar, como en el aspecto comunal, para acorralar con más efectividad los problemas de salud, que aquí favorecen las enfermedades respiratorias agudas, las diarreas, el parasitismo, la desnutrición y la hipertensión, entre otras".

Así, entre cafetos y pinares, estos últimos tan familiares por su abundancia en el municipio especial donde vive y labora en Cuba, crece la multifacética experiencia, humana y profesional, de Benedicto en tierras de Centroamérica, curando los dolores físicos y espirituales de sus hermanos de esta intrincada zona en lo alto de la Sierra del Merendón, llenando de una riqueza distinta e inusual aquí a una de las localidades más empobrecidas de Honduras.

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