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Conferencia de bibliotecarios caribeños

La fundación de la Biblioteca Nacional fue una acción antianexionista

Antonio Paneque Brizuela

ju6-1.jpg (13867 bytes)EL surgimiento de la Biblioteca Nacional José Martí (BNJM, aunque inicialmente no tomó ese nombre) el 18 de octubre de 1901, en plena intervención norteamericana, gracias a presiones ante Washington de personalidades culturales cubanas, fue un acto independentista, antianexionista y de defensa del patrimonio espiritual cubano, según el actual director de esa institución, Eliades Acosta.

"En ese contexto de reñida lucha entre los planes para el logro de la anexión voluntaria de Cuba a los Estados Unidos y la resistencia de los cubanos a tales planes —expresó el directivo e investigador ante la XXXI Conferencia Anual de la Asociación de Bibliotecas Universitarias, de Investigación e Institucionales del Caribe (ACURIL), que sesiona en La Habana— nace la Biblioteca Nacional de Cuba."

En un discurso vinculado a las conmemoraciones de la BNJM en el contexto de esa reunión, cuya clausura está prevista para hoy viernes, Acosta precisó que esa entidad surgió "signada desde entonces por la firme decisión del pueblo cubano a perpetuarse como lo que es, una nación viva y tenaz, celosa de su libertad, independencia e identidad cultural".

El bibliotecario cubano recordó que esa institución, que nació "abierta al mundo y a la cultura universal", fue creada mediante orden, publicada el 30 del propio mes de octubre, del Gobernador Militar Leonard Wood, "ex médico personal del presidente McKinley y, en consecuencia, muy vinculado a los círculos de poder que habían desatado la guerra".

Acosta situó como antecedente inmediato la fundación, también en 1901, por parte de un grupo de intelectuales patriotas, muchos de ellos colaboradores cercanos de Martí y que en su mayoría habían regresado del exilio en Estados Unidos, de la Junta Organizadora de la Biblioteca y Museo Nacionales de la Isla de Cuba.

Según el experto, los esfuerzos de esos precursores, entre ellos Julio Ponce de León, Manuel Sanguily y Enrique José Varona, no lograron movilizar a la opinión pública, "pero sentaron el precedente" de que los más esclarecidos pensadores del momento se ocupaban de medidas concretas que impidieran la absorción cultural de la nación cubana y la anexión que se cernía sobre la Isla.

"La idea de crear instituciones nacionales, encargadas de la custodia y promoción de la herencia histórica y cultural del pueblo cubano —puntualizó Acosta— adquiría de esta manera un significado tan valioso y patriótico, como lo había sido cargar al machete contra las huestes enemigas durante los largos años de la lucha por la independencia."

En medio de un panorama amenazador para las esencias nacionales y para la perdurabilidad de la cultura, a causa de la presencia interventora y en una atmósfera de frustración por el adverso término de una Guerra Hispano-Cubano-Americana mayoritariamente ganada por los locales, fue Gonzalo de Quezada y Aróstegui, discípulo de Martí y su albacea literario, quien logró una promesa verbal de Wood para crear la biblioteca.

El gobernador militar se vio igualmente obligado a aceptar el nombramiento, como primer director, del también patriota y bibliógrafo Domingo Figarola Caneda, de quien Martí, al darle un ejemplar de su novela Ramona, había escrito que "tiene su fuerza en el corazón", y quien donó a la nueva entidad sus primeros 3 000 libros, cifra luego aumentada por aportes del pueblo.

Para el presente director de la BNJM aquel hecho "debió llenar de emoción a los cubanos de entonces", especialmente a los que estaban conscientes de que la lucha por la identidad y la soberanía pasaba por el terreno de la cultura, las ideas y la preservación de la memoria histórica y el patrimonio bibliográfico de la nación.

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