Jaque a la erosión en Varadero

ORFILIO PELAEZ

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Basta comparar ambas fotos del mismo tramo de playa para observar los beneficios de los vertimientos de arena.
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Varadero casi llegó a tener su "certificado de defunción" entre 1979 y 1987, cuando bajo los efectos de un intenso proceso erosivo la playa retrocedía un metro y veinte centímetros como promedio cada año, y sus condiciones físicas y estéticas eran realmente deplorables.

Por entonces, era frecuente observar el afloramiento de rocas en puntos cercanos a la orilla, el derrumbe de casas y otras edificaciones próximas a la costa, y la penetración más profunda del mar, con algunos tramos donde las aguas batían sus olas contra los muros.

Un estudio integral realizado en aquella etapa por especialistas del Instituto de Oceanología permitió identificar entre las causas de tan lamentable deterioro la existencia de muchas instalaciones contruidas sobre la línea de playa y la extracción indiscriminada de grandes volúmenes de arena en la zona de la plataforma ( más de un millón de metros cúbicos desde 1968 hasta 1978 ), unido a la progresiva elevación del nivel de los océanos registrada a escala global en el último siglo.

La única manera de salvar el importante polo turístico era emprender de inmediato un programa de recuperación y mantenimiento de la playa, basado en el suministro artificial de arena, la prohibición de levantar nuevas obras encima de la duna y demoler dentro de lo posible aquellas ubicadas en puntos muy cercanos al mar.

UNA BATALLA POR LA NATURALEZA

Según el doctor José Luis Juanes, jefe del departamento de Procesos Costeros del Instituto de Oceanología y autor principal de este trabajo científico, los vertimientos de arena se iniciaron en 1987 y desde esa fecha hasta 1992, la playa recibió una inyección de 700 000 metros cúbicos, que a pesar de quedar por debajo de la cantidad prevista, ni ejecutarse de manera continuada, resultaron decisivos para mantener su explotación y protegerla frente a eventos erosivos extremos, como fueron los fortísimos oleajes producidos por las bajas extratropicales del 6 de febrero de 1992 y el 13 de marzo de 1993.

El notable incremento en la afluencia de turistas a Varadero y los impactos ocasionados por el ciclón Lili en octubre del 96, motivó a diseñar un nuevo proyecto técnico de suministro de importantes volúmenes de arena, elaborado por el Instituto de Oceanología, y ejecutado por la Compañía Internacional de Dragados BLANKEVOORT, de reconocida experiencia internacional por sus trabajos de recuperación de playas.

Los nuevos vertimientos se hicieron entre el 29 de junio y el 26 de agosto de 1998 y durante ese período se depositaron un total de 1 millón 87 mil metros cúbicos de arena, que beneficiaron 12 kilómetros de playa, sobre todo en la zona del llamado Varadero histórico y en el sector de 800 metros ocupado por el hotel Oasis. También se reforzó el programa de demoliciones y más de 50 antiguas construcciones muy cercanas a la línea de costa fueron eliminadas.

Juanes precisó que de acuerdo con los pronósticos hechos, ese "bombardeo de arena" conservará las condiciones físicas y estéticas de la playa durante cinco años ( hasta el 2003 ), y pasada esa fecha habría otro trabajo de mantenimiento, pues Varadero, como casi todas las playas del Caribe y el resto del mundo, necesitan de por vida esa suerte de respiración artificial, debido a la subida del nivel del mar.

Hasta el presente los resultados de esta experiencia muestran una altísima efectividad para el cuidado y conservación de la playa. Baste decir que luego de tres años de haberse efectuado el vertimiento, la retención de arena es de 93, 55 por ciento, la calidad está a tono con los patrones internacionales, y el ancho medio ganado es de 23 metros, con áreas del Varadero histórico donde la amplitud de la franja de arena alcanza hasta 53 metros.

En términos prácticos, esos números significan que el famoso balneario cuenta en esos sectores con un área suficiente para que 58 300 vacacionistas puedan tomar el sol al mismo tiempo, disponiendo cada uno de 10 metros cuadrados de playa.

Desde el punto de vista económico es oportuno decir que el costo del metro cúbico de arena quedó por debajo de los cinco dólares (inferior a los precios promedios para labores de este tipo en el área del Caribe) y los vertimientos se hicieron en 9 semanas, cuando fueron planificados para 11.

Reconocidas autoridades mundiales en el tema, como el profesor Robert Dean, experto norteamericano en ingeniería de costas y oceanografía, han manifestado su admiración por los resultados logrados por Cuba en el uso de las técnicas de alimentación artificial de arena, que sin dudas, es el mayor proyecto de su tipo ejecutado en la cuenca del Caribe, y uno de los más exitosos en el ámbito mundial.

Todas estas acciones forman parte del Programa General de Manejo Ambiental de Varadero, dirigido por el doctor en Ciencias Geográficas Alfredo Cabrera, en coordinación con el Ministerio de Turismo y otros organismos, y cuya finalidad es favorecer la sostenibilidad de la bien llamada "playa azul".

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