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El más fiero de los golpes

Oscar Sánchez

Fue un gran púgil que tejió una brillante carrera con 143 peleas, de las cuales ganó 106 y 27 de ellas decididas por KO.

Palo Seco, su pueblo natal en la provincia cubana de Camagüey, no ha podido rendir tributo a tan distinguido aval, ni siquiera pudo verlo en su esplendor y mucho menos festejar el aniversario 50 de su título de campeón mundial, y es que Kid Gavilán, de nombre Gerardo González, pese a toda su historia, se convirtió después de tanta gloria en un "González" cualquiera.

Hace unos días un despacho de Notimex anunciaba que él, uno de los mitos boxísticos de todos los tiempos, recibiría un homenaje en Miami, jornada en la que celebrarían su 75 cumpleaños y las cinco décadas de la faja del planeta, alcanzada el 18 de mayo de 1951, tras 15 rounds frente a Johnny Bratton en el Madison Square Garden de Nueva York.

Pero la agencia precisaba: En la actualidad, Gavilán vive en un hogar para desamparados de Miami, en el olvido, sus movimientos son lentos y a veces con pérdida de memoria...

¿Homenaje o un canto a la orfandad de sentimientos humanos? Menos mal que Gavilán anda con la memoria trastocada, pues el desamparo, el olvido, y sus lentos movimientos son difíciles de borrar de la mente, sobre todo cuando la sociedad aparece como responsable de tal panorama.

Pero Gavilán no tuvo la culpa de iniciar en 1943 una carrera sobre el cuadrilátero que lo condujo a las garras del profesionalismo o lo que es lo mismo, la deshumanización del deporte.

Qué podía hacer para buscar comida o lo mínimo indispensable para vivir, que no fuera utilizar las dotes de sus puños en una Cuba en la que el deporte no tenía ningún fin social. Cayó en las garras porque era el único camino que encontró para subsistir y sí, se hizo grande entre las cuerdas hasta que pudo golpear, pero el destino, obligado, le deparó la más grande de las ironías: jamás fue noqueado en un ring, pero la vida ¿o lo que le dieron por vida?, le ha propinado el más fiero de los golpes.

Semejante cuadro es la razón del carácter eminentemente humano del deporte cubano y el reconocimiento —no solo en la atención integral a su familia, sino también en su aporte a las nuevas generaciones—, de los grandes campeones como Savón, Stevenson, Juantorena, Urbano González, Capiró, Eduman Cuevas, Mireya Luis, Ana Fidelia, y muchos otros, es el permanente homenaje de un pueblo que sabe velar por la memoria de sus glorias.

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