Nuevo examen popular a la gestión
del delegado

María Julia Mayoral

Las dificultades con el abasto de agua, el deficiente alumbrado público y la necesidad de reparar calles, carreteras y caminos son hasta el momento las preocupaciones más reiteradas por el pueblo a los delegados de circunscripción dentro del presente proceso de rendición de cuenta, cuando ya se han celebrado varias decenas de miles de asambleas en todo el país.

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ALBERTO BORREGO

Un acercamiento general al asunto deja ver con claridad que se trata de cuestiones reiteradas, pues, en lo fundamental, las soluciones dependen de recursos no disponibles o insuficientes para la magnitud de los problemas acumulados.

Sin embargo, en múltiples reuniones, los propios vecinos se han comprometido a buscar paliativos o respuestas locales a las dificultades, lo cual constituye una práctica cada vez más relevante en la labor de base del Poder Popular.

Por otra parte, consejos de la administración municipales y provinciales —a partir de las decisiones de las asambleas en esos niveles—; así como los organismos de la Administración Central del Estado, van insertando de manera más coherente en sus acciones y planes la solución a los reclamos populares llegados a sus manos.

No obstante, tampoco es menos cierto que persisten entidades con una gestión burocrática, ineficiente y lenta, de lo cual pueden dar pruebas no pocos delegados cuando, cumpliendo con su deber, tramitan los planteamientos de los electores.

A nuestra redacción también llegan constantemente disímiles cartas refiriendo situaciones de dejadez por parte de entidades estatales, señalando falta de calidad en servicios o cuestionando la validez u objetividad de algunas respuestas. Ahí se inscriben personas que prueban cómo tras la reparación de su edificio las filtraciones han aumentado y ya no saben a quién acudir para encontrar una salida satisfactoria, los arreglos o nuevas instalaciones en las redes de acueducto y gas creadoras de mayores huecos y zanjas en las calles, la lentitud en los trámites y el poco respaldo institucional a la hora de ejecutarse de modo práctico algunos fallos de los tribunales en relación con la vivienda.

Tales hechos sugieren un análisis más sistemático y efectivo en aras de perfeccionar el funcionamiento de las asambleas municipales y provinciales, envestidas legalmente de la más alta autoridad para el ejercicio de las funciones estatales en su demarcación y para ello, dentro del marco de su competencia, y ajustándose a la ley, con derecho a ejercer gobierno.

Durante las presentes asambleas de rendición de cuenta los electores también han planteado insatisfacciones por los salideros de agua potable, con la distribución de medicamentos, la situación del transporte, la mala calidad del pan y el estado de las cubiertas en edificios multifamiliares.

De manera común, estos encuentros están permitiendo que las familias conozcan nuevos detalles sobre la actividad personal del delegado en el barrio y acerca del desempeño del consejo popular creado en su zona y de la asamblea municipal, precisándose con honestidad y franqueza qué puede hacerse o no para satisfacer los planteamientos.

Se concreta así uno de los principios básicos de la democracia cubana. La máxima autoridad en cada circunscripción electoral no la tiene el delegado, sino el conjunto de los electores que le otorgó, mediante sufragio libre, igual y secreto, el mandato para que los representara en sus problemas, quejas y opiniones; por eso es el delegado o la delegada quien rinde cuenta y no a la inversa. En esas premisas reside precisamente uno de los valores fundamentales de este examen popular.

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