Las dificultades con el abasto de agua, el deficiente
alumbrado público y la necesidad de reparar calles, carreteras y caminos son hasta el
momento las preocupaciones más reiteradas por el pueblo a los delegados de
circunscripción dentro del presente proceso de rendición de cuenta, cuando ya se han
celebrado varias decenas de miles de asambleas en todo el país.
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ALBERTO
BORREGO |
Un acercamiento general al asunto deja ver con claridad
que se trata de cuestiones reiteradas, pues, en lo fundamental, las soluciones dependen de
recursos no disponibles o insuficientes para la magnitud de los problemas acumulados.
Sin embargo, en múltiples reuniones, los propios
vecinos se han comprometido a buscar paliativos o respuestas locales a las dificultades,
lo cual constituye una práctica cada vez más relevante en la labor de base del Poder
Popular.
Por otra parte, consejos de la administración
municipales y provinciales a partir de las decisiones de las asambleas en esos
niveles; así como los organismos de la Administración Central del Estado, van
insertando de manera más coherente en sus acciones y planes la solución a los reclamos
populares llegados a sus manos.
No obstante, tampoco es menos cierto que persisten
entidades con una gestión burocrática, ineficiente y lenta, de lo cual pueden dar
pruebas no pocos delegados cuando, cumpliendo con su deber, tramitan los planteamientos de
los electores.
A nuestra redacción también llegan constantemente
disímiles cartas refiriendo situaciones de dejadez por parte de entidades estatales,
señalando falta de calidad en servicios o cuestionando la validez u objetividad de
algunas respuestas. Ahí se inscriben personas que prueban cómo tras la reparación de su
edificio las filtraciones han aumentado y ya no saben a quién acudir para encontrar una
salida satisfactoria, los arreglos o nuevas instalaciones en las redes de acueducto y gas
creadoras de mayores huecos y zanjas en las calles, la lentitud en los trámites y el poco
respaldo institucional a la hora de ejecutarse de modo práctico algunos fallos de los
tribunales en relación con la vivienda.
Tales hechos sugieren un análisis más sistemático y
efectivo en aras de perfeccionar el funcionamiento de las asambleas municipales y
provinciales, envestidas legalmente de la más alta autoridad para el ejercicio de las
funciones estatales en su demarcación y para ello, dentro del marco de su competencia, y
ajustándose a la ley, con derecho a ejercer gobierno.
Durante las presentes asambleas de rendición de cuenta
los electores también han planteado insatisfacciones por los salideros de agua potable,
con la distribución de medicamentos, la situación del transporte, la mala calidad del
pan y el estado de las cubiertas en edificios multifamiliares.
De manera común, estos encuentros están permitiendo
que las familias conozcan nuevos detalles sobre la actividad personal del delegado en el
barrio y acerca del desempeño del consejo popular creado en su zona y de la asamblea
municipal, precisándose con honestidad y franqueza qué puede hacerse o no para
satisfacer los planteamientos.
Se concreta así uno de los principios básicos de la
democracia cubana. La máxima autoridad en cada circunscripción electoral no la tiene el
delegado, sino el conjunto de los electores que le otorgó, mediante sufragio libre, igual
y secreto, el mandato para que los representara en sus problemas, quejas y opiniones; por
eso es el delegado o la delegada quien rinde cuenta y no a la inversa. En esas premisas
reside precisamente uno de los valores fundamentales de este examen popular.