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Cartas desde Africa llegan a La Habana

Antonio Paneque Brizuela

Pocas personas podrían medir, sin haber padecido esa experiencia, la dimensión verdadera de una estancia en Africa, por corta que esta sea y adelantado el país que nos haya tocado dentro de esa inmensa vidriera continental de la desgracia humana, ahora observada mediante el prisma de la ayuda descrita en un nuevo libro: Cartas desde Africa, del periodista Antonio Resíllez.

Desnudez regional nada retórica especialmente en términos clínicos, ya sea desértica, subsahariana y selvática, como nómada, costera o montaraz, su sino puede apreciarse nuevamente mediante estos textos, que develan, no obstante, una alternativa más colectiva que personal de posibles soluciones: la mano médica que se extiende en equipo desde las provincias cubanas hasta las africanas, en obligado y desconcertante cambio de ambientes.

Cartas desde Africa se convierte así en reflejo de un nuevo capítulo de la cooperación cubana de cuatro décadas con el resto del mundo, mostrada en su lado más crudo en esta obra, al no existir muchos libros africanistas anteriores sobre el enfrentamiento de los galenos a esas insospechadas realidades —que van desde lo patológico hasta lo socio-económico, en situaciones nada habituales generadas dentro de los territorios recorridos en La Gambia, Níger y Guinea Ecuatorial.

Ultimo producto de la Editora Abril, el volumen de 300 páginas es también progenie de un equipo de la Televisión Cubana integrado por el autor (y por Norberto Almira, camarógrafo, y Amado López, técnico), que permaneció en esos tres países, algunas de cuyas ofertas periodísticas fueron transmitidas antes por la pantalla chica.

Presentado el fin de semana último en la localidad habanera de Cojímar, el libro está escrito con el característico estilo de expresión de Resíllez, en ocasiones grandilocuente, otras retórico, con profusión de datos y gráficos que facilitan la luz.

El texto ha sido dedicado a sus hijas, cual si fuera una especie de larga conversación con ellas, en la que se incluyen entrevistas a altos dignatarios de los estados visitados y abundan las descripciones llenas de dramatismo, reflexiones, sensibilidad humana y otros detalles que delatan tanto la sagacidad del periodista como la certidumbre del observador. Sin excluir las explicaciones exhaustivas con las que el autor acostumbra a deslizarse en las bases del interlocutor.

Título comprendido dentro del programa encomendado a esta Editora por la dirección del país para sacar a la luz obras de periodistas cubanos que acompañan a las brigadas internacionales de cooperantes de la salud pública —entre publicados y en proceso de edición ya rozan la decena— el libro se divide en cuatro secciones (El Origen, La Gambia, Níger y Guinea Ecuatorial).

A esas narraciones les antecede, a manera de prólogo, un diálogo entre el autor y el Comandante en Jefe Fidel Castro en julio del 2000 durante el III Pleno Ampliado de la UPEC, a una de cuyas preguntas Resíllez respondió algo que luego se convertiría en una de las ideas medulares del texto, el cual, por cierto, él no pensaba escribir aún en aquellos momentos: lo hizo después por sugerencia del propio Jefe de la Revolución el mismo día de ese encuentro.

"Algunos compañeros nos decían con razón que nuestros médicos en algunas ocasiones, Comandante, no curan, sino alivian —relataba el autor. Las enfermedades son tan patéticas, tan dramáticas, tan consustanciales a los problemas incluso genéticos, que sería cuestión de generaciones el poderlas evitar.

"Sin embargo, si algo pude apreciar es que nuestros médicos trabajan fuertemente por la calidad de vida de las personas, en lo que sí ya han logrado elementos muy singulares como la disminución de la mortalidad infantil en zonas donde nunca se había visto un médico, jamás".

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