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Ranchera escénica

En la temporada Mayo Teatral de la Casa de Las Américas

Una de las propuestas artísticas más sugerentes de la temporada Mayo Teatral, que comenzará el próximo cuatro de mayo en La Habana, bajo los auspicios de Casa de las Américas, es la de la mexicana Astrid Hadad, quien acompañada de cinco músicos, Los Tarzanes, cultiva un género híbrido que mezcla teatro, música tradicional del Caribe y la estética del cabaret. Nacida en Chetumal, Quintana Roo, llegó hace veinte años al Distrito Federal, a estudiar sociología, carrera que cursó a la par que teatro en el la UNAM. Debutó en 1984 con Donna Giovani, adaptación de la ópera de Mozart que dirigió Jesusa Rodríguez. Y a partir de ahí, con una singular vestimenta y un componente musical que mezcla bolero, cha, cha, chá, son cubano, corrido y fado portugués, más ironía, humor y toques de sabiduría popular, Astrid Hadad se colocó en un espacio destacado como una auténtica exponente de la cultura mexicana. Desde entonces su trabajo ha sido social y políticamente comprometido: "Yo siento a veces que una imagen y una canción pueden decir mucho más que un discurso enorme".

Sin seguir modas ni estereotipos, alejada de tabúes y creatividades estrechas sus espectáculos Cartas a Dagoberta, Faxes a Rumberta, La mujer multimedia, La multimamada, Pecadora y Heavy Nopal, el espectáculo que ocupará el escenario del teatro Mella los días 4, 5 y 6 de mayo, constituyen una manera exuberante de hacer en el escenario.

La performera o "reina del arte ilimitado" concilia en sus shows tanto el trabajo de las carpas, los cabaret alemanes, las películas rumberas como de la Época de Oro del cine mexicano, con un estilo único reconocido ampliamente por su calidad y originalidad, y que toma como referente la figura de Lucha Reyes.

Con su cuerpo como centro, transformado por originales vestuarios que son en sí mismos obras plásticas de riqueza conceptual, el show Heavy Nopal de Astrid Hadad y sus Tarzanes, cuestiona la ideología dominante, jerárquica, patriarcal. El espectáculo concilia las imágenes de la indígena humilde y pasiva de Diego Rivera, con una virgen inquieta o una mujer seductora acompañada de sus mariachis. La violencia doméstica, el temor y la debilidad de la víctima citados aquí, aún escondidos detrás de la máscara de humor o de naturalidad, no pueden ser borrados con la risa. El mensaje es transparente e indiscutible: estas tradiciones - canciones y realidades que refiere la cantante-performera implícita o explícitamente- se inscriben violentamente en los cuerpos reales de las mujeres.

 

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