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Girona, vida atrapada sobre el papel

TONI PIÑERA

Bocetos de vivencias, memorias de papel esas que el maestro Julio Girona conquista del pasado, o más bien tiempo atrapado en el breve espacio de unas cartulinas... Así podrían calificarse las cerca de 20 piezas (óleos y tintas sobre papel) que bajo el título de Un pájaro se paró en mi ventana exhibe el pintor, escritor y poeta cubano, en la galería Raúl Martínez, del Instituto Cubano del Libro (Tacón y O`Reilly, La Habana Vieja).

Un paseo por este espacio de arte ofrece la oportunidad de apreciar buena parte del quehacer del Premio Nacional de Artes Plásticas 1998. Porque allí concurren varias series que han motivado a Girona en los últimos 30 años: los rostros de la guerra, las mujeres, los graffitti y esas abstracciones que legan disímiles paseos por la antigua ciudad y por el mundo, con los que ha conquistado a públicos muy diferentes a lo largo de su carrera.

"Mi manera de pintar y de pensar es el resultado de lo que he visto y vivido", suele comentar el artista. Si miramos a nuestro alrededor, se podría decir que estas obras expuestas son como una millonésima parte de lo que ha encontrado por el camino Julio Girona. Pero por pocos que puedan resultar, todos llevan la impronta de un infatigable creador que ha pintado mucho, como para llenar con su obra el más grande de los museos. Son muchas las características que sobresalen de su pincel y sus creyones. Sin embargo, hay una que destaca: la frescura de soluciones expresivas coincidentes con el espíritu renovador de compatriotas suyos, cronológicamente jóvenes, que hoy protagonizan cambios de enfoques y lenguaje en el arte plástico cubano. De un solo golpe, con la prueba incuestionable de su propio quehacer, Girona prueba lo equívoco de esos criterios generacionales que no conciben la posibilidad de lo nuevo y progresivo del arte en personas que ya han arribado a la edad madura.

Sus mujeres, sacan a la luz la rememoración autobiográfica de quien parece rejuvenecerse,"y se afirma artísticamente por medio del carácter y la conciencia vital que le valen para desafiar el impacto del tiempo", al decir del pintor y crítico Manuel López Oliva. Mirar sus obras es encontrar siempre objetos y anotaciones, huellas de lo cotidiano empinado en arte del verdadero, texturas de paredes y tiempo, y perspectivas de los espacios transitados por aquí y por allá, que se nos revelan como materia prima de las operaciones poéticas inherentes a su expresión.

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