Primer Congreso, pioneros de una nueva concepción

Primera escuela secundaria básica en el campo de Jagüey Grande, inaugurada por Fidel hace 30 años

Ventura de Jesús

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   JORGE OLLER

TORRIENTE (Jagüey Grande).—La primera vez que subió por las escaleras de aquella escuela Isabel Trujillo tenía apenas 12 años de edad. Era un centro recién estrenado, el cual todos conocían por Taza de Oro y que a partir de ese día se llamaría Primer Congreso de Educación.

Allí aprendió muchas cosas. Transcurrieron sus primeros tiempos de adolescente. Sembró los árboles que desde hace mucho son copiosos arbustos que dan sombra y frutos en el más grande plan citrícola de Cuba.

Ella era uno de los tantos estudiantes que un día después iban en una larga hilera con un canto de esperanza hacia las tareas en el campo. Bajo aquel laboreo diario, Isabel se fue haciendo adulta y se convirtió en una de las protagonistas del auge de la citricultura en esta provincia.

PRIMER CONGRESO

El domingo 25 de abril de 1971 se inauguró la primera escuela secundaria básica en el campo (ESBEC) de Jagüey Grande (la tercera del país), moderna instalación docente construida próxima al poblado de Torriente y que muy pronto quedó rodeada de vastas extensiones de cítrico.

Aquel día el Comandante en Jefe diseñaba en su discurso inaugural las características que debían tener dichos centros, en los cuales se conjugarían el estudio y el trabajo, la mejor manera de acercar la escuela a la vida. "En la escuela se ha de aprender el manejo de las fuerzas con que en la vida se ha de luchar", había escrito Martí. Se entrelazaban el criterio pedagógico martiano y las ideas de Carlos Marx sobre el papel formativo del trabajo.

A la apertura de la escuela asistieron los 1 800 delegados al Primer Congreso Nacional de Educación que por aquellos días se efectuaba en la capital del país. Ese acontecimiento determinó el nombre del plantel. "El avance de nuestro país estará determinado por los éxitos que tengamos en la educación", aseguró Fidel, para luego razonar que lo mejor de la escuela era su concepción, pues tanto Marx como Martí pensaron que la instrucción debía estar vinculada al trabajo, y en el caso nuestro el Apóstol proponía el trabajo en la agricultura, con el propósito de formar al joven para la vida y en todos los órdenes, aprendiendo a extraerle a la naturaleza sus frutos y a cuidarla y amarla.

30 AÑOS DESPUÉS

A la Primer Congreso le sucedieron decenas de planteles más. Al completarse el plan hubo en esta zona 64 edificaciones con estas características, que agrupaban a cerca de 30 000 alumnos, los cuales llegaron a aportar el 90 por ciento de la fuerza laboral directamente vinculada a la cosecha de los agrios.

A sus magníficos planteles llegaron en los primeros años alumnos de las provincias orientales, cuando todavía no existían allí esos centros y se vivieron años de explosión de la matrícula de nivel secundario.

Las escuelas fueron hasta hace muy poco el alma del cítrico.

A la distancia de 30 años, el régimen de estudio-trabajo se confirma como uno de los mejores instrumentos para educar el carácter y encauzar la voluntad de amor al suelo patrio en los adolescentes, con el aporte imprescindible de los padres y el claustro de profesores de cada centro. Porque después de todo, "de textos secos, y meramente lineales, no nacen los frutos de la vida", como diría nuestro Héroe Nacional.

Los árboles que ayudaron a sembrar Isabel Trujillo y decenas de miles de estudiantes que han pasado por aquí a lo largo de estos 30 años, dieron ya millones y millones de quintales de cítricos. Pero más importante que el saldo económico es lo aportado en la formación de hombres y mujeres para la nueva sociedad, quienes transitaron después por las universidades, centros de trabajo, unidades militares.

A ratos Isabel recuerda su uniforme sin estrenar, el olor a mandarina y a naranja, a sus profesores, casi todos integrantes del Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech, que apenas rebasaban los 15 años edad, pero tenían en su mayoría altos quilates de patriotismo y desinterés que también transmitieron a los educandos.

Hoy, ella sabe cuán importante le resultó haber estudiado en una escuela que la acercó a la vida, en una zona donde no existían más que suelos pedregosos y la Revolución terminó transformándolo todo, cuando se iniciaba una de las más trascendentes experiencias formativas que ha emprendido nuestro país y que mantiene toda su vigencia.

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