Hoy tenemos un Girón ideológico

ALBERTO NUÑEZ BETANCOURT

Los tiempos actuales se parecen mucho a los convulsos primeros años de la Revolución, dice Julio Rodríguez Toscano al referirse a episodios como las escuelas de milicias, lucha contra bandidos, Girón, Crisis de Octubre... Entonces apenas tenía 19 años. Por ello el mensaje esencial que envía a los jóvenes es que en el combate ideológico que libramos hoy ellos tienen su Girón.

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Juvenal Balán

Ayer y hoy digo: ¡Qué pueblo
más valiente tenemos!

Cuatro décadas después de la histórica victoria, este fundador del batallón 123 de las Milicias Nacionales Revolucionarias rememora pasajes de esa etapa en que el receso y los gustos juveniles fueron postergados, y el fusil, compañero inseparable, hizo de novia y mejor compañía.

—Desde principios del año 1960 marchamos hacia el Escambray para enfrentar a los bandidos alzados -relata Julio-; allí estuvimos hasta el 8 de abril del 61, en que nos ordenan regresar a la capital, pero de ningún modo para descansar en nuestras casas. Ya se olfateaba el próximo zarpazo y allí estaríamos también. Los milicianos nos habíamos fogueado en la propia batalla y nos sentíamos con el derecho de defender la Revolución amenazada.

Por eso todos asistimos al Parque de la Mandarria, Regla, el 17 de abril de 1961 y conformamos una compañía ligera de combate del Bon 123 que partió hacia Girón.

En la noche de ese propio día llegaron al central Australia, donde recibieron la misión de avanzar en formación combativa de tanques hacia Playa Larga por la carretera de Caleta Rosario.

El peligro real del combate no hace mella en la alegría de los milicianos, jóvenes en su mayoría. La maniobra sucia del enemigo, al disfrazar sus aviones B-26 con la insignia de la Fuerza Aérea Revolucionaria, cobra algunas vidas de milicianos que con los fusiles en alto saludan a las aeronaves cual si fueran nuestras.

—Nos dispararon salvajemente. Vi caer a muchos compañeros, entre ellos a Luis Fernández Rodríguez, jefe de mi pelotón. Solo unos minutos después siento que algo me impacta en la zona de la cadera y el muslo. Pensé que la metralla me había arrancado la pierna. Efectivamente estaba herido, pero comprobé que podía seguir caminando y entonces junto a otro miliciano me di a la tarea de rescatar de un tanque T-34 a la tripulación que se le había trabado la escotilla del blindado.

El dolor fue creciendo en las horas posteriores y todavía padezco de cierta cojera, mas la satisfacción de haber llegado a Girón, capturar a un buen número de mercenarios y haber cumplido las misiones planteadas reconfortaron ese mal.

Una vez derrotada la invasión, Julio tampoco tomó descanso. El territorio matancero también necesitó una limpia de bandidos y allí estuvo este hombre que ahora exhibe con modestia una treintena de condecoraciones, una de ellas la de Combatiente Internacionalista que él mismo pidió ser cuando en 1984 partió hacia Angola.

—Girón siempre me emociona. La semana pasada estuvimos por allá y conversé con Nemesia, la niña de los zapaticos blancos, que perdió a la madre en el cruel bombardeo.

Hoy Julio se muestra incansable en su nueva trinchera de especialista de precios del grupo de recreación y turismo Rumbos, en Ciudad de La Habana. Por estos días en que hemos conmemorado el aniversario 40 de la victoria de Girón reconoce que lo que más le motiva es hablarles a los jóvenes de los pasajes heroicos de la Revolución, porque siento que así contribuyo a que ellos reafirmen su compromiso de continuidad, subraya.

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