El voto de un Mapuche

FELIX LOPEZ

                                                Para Diana, Mauricio y Esteban que me                                                                        acercaron a esta historia.

Parece historia antigua, pero aún existe un pueblo amerindio arrinconado contra las dos laderas de la Sierra de La Ventana. Allá, del lado argentino o del chileno, malviven los Mapuches condenados a la soledad y el exterminio. Siglos de silencio hicieron de ellos lo seres más callados y sufridos de este mundo. No hace falta que lo digan, basta con mirarles a los ojos.

diana.jpg (11990 bytes)Al menos yo solo conocía los detalles. La realidad, con toda su dureza, terminó por mostrarme a un hijo de ese pueblo. Un indio de la familia lingüística araucana, que sitúa su origen mítico en la lucha entre las serpientes Kai Kai y Ten Ten, pelea que dicen derivó en un diluvio que duró más de tres meses y que los obligó a refugiarse en un cerro del río Biobio.

Esa es la historia que se pasaron de generación en generación los antepasados de Ariel Simón Ignacio, un joven mapuche con el que conversé, olvidados del tiempo, en una solidaria madrugada habanera. El, escuchaba con interés los comentarios de sus amigos de Argentina, Paraguay, Brasil, y Colombia a propósito de la resolución anticubana adoptada en Ginebra...

Pero Ariel no quiso opinar sobre derechos humanos, porque ese término recién lo ha comenzado a descubrir. Prefirió desenfundar su guitarra, compañera de muchas otras madrugadas, y nos fue contando a través de las milongas cómo la maldad ha cercado a su pueblo y le ha cercenado la memoria, al punto que ahora no saben si provienen del centro de Sudamérica, de El Chaco o de las Pampas.. Recuerdan, eso sí, que en 1546 comenzaron la batalla contra los conquistadores españoles, y que antes de la primera masacre, en Quilacura, los mapuches eran algo más de un millón de personas. Unos 300 años después cometieron el pecado de alzarse contra la injusticia. Y ese mismo día comenzó lo que el coronel argentino Cornelio Saavedra llamó "campaña definitiva".

De allí viene la herencia que recibió Ariel: un territorio desmembrado, la tierra arrebatada, un pueblo que sobrevive de milagro. En Río Chico, donde sus abuelos suelen evocar las hazañas de Caupolicán, la pobreza supera la altura de los árboles. Y desde allá arriba no logran avistar un hospital o un médico, porque "no hacen falta" en una comunidad que está destinada a desaparecer.

De ese dolor vino el indio de esta historia. Y lo hizo dejando atrás los polvorientos caminos que se pierden en la inmensa geografía de un país muy rico, pero donde la riqueza está tan mal repartida como el respeto por el hombre. Lo dicen las tristes canciones de Ariel Simón Ignacio, ese joven que está en Cuba para convertirse en el primer médico mapuche.

 

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