¿Sabemos el costo de ser hombre?

Tras esta interrogante, una psicóloga se adentra en la llamada crisis de la masculinidad. No todo es ventaja para el "sexo fuerte" y algunas cosas deben recuperarse

SARA MAS

Suele afirmarse que el XXI será un siglo que pondrá al hombre nuevamente en el centro del debate. "Pero no como estuvo hasta ahora, sino desde una relectura de la masculinidad", asegura Patricia Arés Muzio, doctora en Ciencias Psicológicas y coordinadora del Grupo de Estudios de la Familia de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana.

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   RAUL LOPEZ

"Ser hombre, en el plano psicológico, no es tarea fácil, porque implica siempre una demostración, estar todo el tiempo probando que tiene que serlo", afirma Patricia Arés.

Y en ese replanteo, considera la especialista que al menos hay conciencia de que no todo es ventaja en el plano cultural y hay cosas que se deben recuperar.

Si bien los cambios de cuatro décadas en la condición de la mujer cubana son notables, han retado a una transformación continua en los hombres y producido una ruptura del estereotipo en cuanto a papeles y funciones asignadas a ambos. "Todavía en el plano de la subjetividad, de la conciencia social colectiva, hay aspectos que representan genuinamente el patriarcado", explica.

Resulta más evidente la expropiación que ha padecido históricamente la mujer, privada culturalmente del derecho al protagonismo social, la inteligencia y el disfrute sexual. Pero en siglos de cultura y poder patriarcal, no solo ellas han salido perdiendo, a juicio de la investigadora.

"Asumir lo asignado ha significado para los hombres un conjunto de expropiaciones que pasan inadvertidas de forma consciente, pero desde el punto de vista psicológico han significado una carga, un peso, que él paga también con altos costos en salud."

Haber entrenado sus habilidades para el riesgo, el desafío, la hazaña, la fuerza, la competencia, el poder; en definitiva, para "ser hombre" a toda costa como dicta la tradición, ha tenido de hecho un reflejo en las estadísticas.

"En el mundo de hoy, no solo se incrementa la mortalidad en los menores de 65 años, sino que es mayor el número de fallecidos del sexo masculino por causas violentas y relacionadas con estilos no saludables de vida. Gran cantidad de jóvenes varones mueren en accidentes, representan el mayor porcentaje de personas dependientes de las drogas, abusadores sexuales y alcohólicos. Ellos, además, mueren en un promedio de 7 años antes que las mujeres y si acuden al suicidio —acto que consuman en una proporción tres veces superior a las mujeres que lo intentan— se disponen a morir "como un hombre", empleando los métodos más violentos y letales."

Grandes retos aguardan al interior de la sociedad y la familia, cuando aún no está resuelto el reparto equitativo de tareas y funciones en el hogar, la mujer sigue asumiendo la mayoría de esas responsabilidades o la maternidad se valora como más importante que la paternidad.

En el inventario de lo que el hombre "se ha perdido", Patricia relaciona "el derecho a una paternidad cercana, tierna, al disfrute del hogar desde otro lugar y no desde la despertenencia". También la posibilidad y capacidad de expresar lo que siente, de una comunicación abierta, de expresar sus sentimientos.

"Se habla de crisis de identidad masculina, precisamente porque el hombre trata de cambiar, sobre todo a partir de que la mujer está reclamando un hombre diferente", apunta Arés.

Como esa transformación no siempre parte de él, queda un poco insatisfecho y por ese camino aparecen no pocos conflictos: si él no se ocupa de las tareas domésticas es machista, pero si se ocupa es cazuelero; si se distancia de los hijos es un mal padre, pero si es un papá muy cercano y cariñoso, se le ve como a una madre. "El hombre está como en una cuerda floja, en que por una parte le cuesta mucho trabajo ya seguir funcionando con el estereotipo sexual tradicional y por la otra, siente presión social para que no cambie", añade.

Según la psicóloga, hay cambios más favorables y visibles en las parejas jóvenes, con formas de ejercicio de paternidad muy cercanas y tiernas, sobre todo en la primera etapa de desarrollo del niño. Sin embargo, estas actitudes suelen variar en la paternidad pos divorcio, alerta ella. "En el caso de Cuba el índice de divorcio es muy elevado y casi siempre se produce en los primeros cinco años del matrimonio. Entonces no sólo es un reto ser padre viviendo con los hijos, sino serlo cuando ya no se vive bajo el mismo techo. Es muy frecuente la deserción del hombre de la vida familiar mediado por el conflicto con la madre e incluso en los nuevos matrimonios, muchas veces un hombre ayuda a educar los hijos de su nueva esposa y a los suyos los tiene en el lugar del olvido".

¿Hacia dónde va entonces el hombre de este siglo? Para Patricia Arés, el género no puede verse como una dicotomía entre mujer y hombre. "Habría que promover alternativas de cambio, no a partir de estereotipos sexuales, sino de las propias potencialidades individuales y personales de cada cual".

En la educación diferenciada por sexos ella sitúa el primer eslabón de la reproducción de los estereotipos sexuales. Un asunto que, puertas adentro del hogar, no ha cambiado mucho para unas y otros. Así lo ha comprobado con padres que acuden preocupados a consulta "porque el niño no se ha fajado nunca, ¿es que será débil?", preguntan. "Aunque en el círculo infantil les enseñen a jugar con muñecas, en la casa los juguetes, los sistemas de exigencia, son totalmente diferentes en cuanto a la responsabilidad en hembras y varones", explica. "Ese sería —asegura— uno de los retos más grandes para la familia cubana".

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