Médicos cubanos en Paraguay

Convaleciente en Corpus Christi

Texto y foto: ORLANDO ORAMAS LEON
Enviado especial

Lo que debió ser una visita periodística al médico pinareño Onell Torres Díaz se convirtió en un ingreso. Lo curioso es que no ocurrió en el consultorio 36 del reparto Capó, en la capital de la más occidental de nuestras provincias, donde le esperan. Fue en Corpus Christi, cerca de Brasil, en el departamento paraguayo de Canindeyú.

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En esta nación sudamericana se desempeña hace más de un año y el reportero y compatriota llegó a su puerta aquejado de fiebre y dolores intensos, secuela de un recorrido periodístico anterior a una comunidad indígena con alta morbilidad.

Pudiera ser un dengue, me pronosticó, pero la certeza no pudo ser confirmada en aquel lugar. Y aunque fue imposible hacer un análisis conclusivo, su casita de madera se convirtió en hospital improvisado, donde su profesionalidad y desvelo hicieron posible mi recuperación. Conste, que ante la falta de analgésicos para mitigar los dolores, allá se fue el galeno a la farmacia privada a buscarlos.

Sirvan entonces estas pocas líneas para agradecérselo públicamente, aunque la grandeza de su labor es más constatable en el esfuerzo diario por mejorar los índices de salud de la población bajo su cuidado en Paraguay.

La propia noche de mi llegada lo comprobé. "Doctor, corra que a mi hijo le pegaron dos tiros en la cabeza". La imploración de aquella madre fue correspondida por el cubano. La bata blanca quedó colgada en la premura y allá se fue en short y camiseta.

Ya en el centro de salud, el joven, aunque consciente, sangraba profusamente. "Me da la impresión de que fue a sedal ", me dijo Onell y para alegría de todos estaba en lo cierto. Pero la anécdota tampoco refleja el amplio espectro de su labor, aunque grafica la importancia que para los paraguayos adquiere la presencia del galeno cubano las 24 horas en esa localidad, lo cual asegura el servicio de urgencia para situaciones como esta.

Al otro día lo esperé de su viaje por las compañías (asentamientos rurales), de donde llegaría cansado y con la ropa sucia de tierra. Allá consultó a decenas de pacientes, realizó campaña de vacunación y ofreció charlas educativas para la prevención de enfermedades como el propio dengue, la fiebre amarilla, parasitosis y la anemia.

"El mejor reconocimiento al trabajo es el aprecio de la gente y la satisfacción de curar y salvar", me comenta mientras sigue la telenovela de turno. Y Onell puede estar satisfecho porque no caben dudas de que el vecindario le corresponde con agradecimiento y amistad.

Luego de varios días de convalecencia decido reiniciar mi peregrinar por los caminos del Paraguay. Me acompaña de mañana a la parada del colectivo (ómnibus) y allí conversamos mientras el pueblo de Corpus Christi se despierta luego de una noche lluviosa. Pasa la gente y saluda al médico, que presenta a su compatriota, hasta que llega la guagua salpicando fango.

"Oye, mi hermano, no te pierdas, escríbeme", dice a modo de despedida, y eso es lo que ahora estoy haciendo.


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