 Sudáfrica y los
medicamentos contra el SIDA
Un paso de avance
ELSON CONCEPCION PEREZ
Durante tres años, 39 empresas occidentales
que mantienen el monopolio de la venta de medicamentos en el mundo se opusieron a la
decisión de Sudáfrica de adquirirlos a precios más bajos, e importar los genéricos que
se utilizan contra el SIDA.
En el
transcurso de ese tiempo, miles de personas murieron por la terrible enfermedad y otras
decenas de miles se contagiaron o contagiaron a sus hijos.
Normas y patentes, en todos los casos
vinculadas con beneficios económicos que hacen cada vez más ricos a quienes monopolizan
y distribuyen estas medicinas, constituyeron un impedimento para que Sudáfrica aplicara
la ley que aprobó en 1997 para importar medicamentos más baratos contra el SIDA y el uso
de drogas genéricas (sin marcas registradas).
Aquella iniciativa sudafricana no era, ni
mucho menos, una rebelión contra las leyes, ni tampoco la violación de normas
internacionales que, aunque pudieran resultar injustas, están establecidas.
Sudáfrica necesitaba hacer frente a la cada
vez más numérica población de infectados con el VIH, y conoce, además, que la mayoría
de los contagiados pertenecen precisamente a las capas más humildes de la sociedad, por
lo que, ni pensar en la posibilidad de adquirir a los precios actuales los medicamentos
para la cura o al menos para la detención del mal.
Según datos oficiales de la ONU, en el mundo
han fallecido a causa del SIDA más de 20 millones de personas, y de ellos, 15 millones
son africanos.
También corresponden a ese continente el 70
por ciento de los adultos y el 80 por ciento de los niños que resultaron seropositivos
del VIH.
En el caso específico de Sudáfrica, tiene a
su haber el por ciento más alto de infectados, con no menos de 4 millones
700 000 seropositivos, aunque algunas fuentes utilizan la cifra de 5,5 millones.
Otra nación africana, Botswana, tiene un 35,8
por ciento de la población adulta con SIDA. En este país, a causa del mal, el promedio
de vida descendió de 69 a 44 años en la última década.
Una cifra escalofriante, reportada por el
Banco para el Desarrollo de Africa Austral, señala que en Sudáfrica el número de
muertos por SIDA crece de forma desproporcionada, y de los 120 000 fallecidos en el año
2000, la cifra pudiera llegar a 635 000 muertos en el 2010.
De no contenerse la enfermedad, antes del
2016, el número de muertos por SIDA en Sudáfrica sería mayor al de nacimientos.
Esta es la situación a la que se enfrenta un
continente pobre, espoliado por las metrópolis y las potencias occidentales, sin
infraestructura de salud y muy pocos médicos, y con una población muy vulnerable a esta
y otras enfermedades.
Por ello, Sudáfrica, un país con desarrollo
industrial y recursos minerales, se planteó la necesidad urgente de buscar solución al
problema del SIDA, y el primer problema a resolver era el de poder adquirir, a precios
asequibles, algunas drogas y medicamentos genéricos que hoy se producen y son efectivos
en el tratamiento de la enfermedad, pero que por sus altos costos ningún país pobre
podría obtenerlos.
Sería este un paso importante en un camino
que debe conducir a la fabricación de tales medicamentos en países del Tercer Mundo, y a
su distribución abaratada para que puedan ser accesibles a los millones de necesitados.
Y, en esta batalla por la vida, tanto
Sudáfrica como otras naciones del sur se aprestan a hacer esfuerzos mancomunados que
conduzcan a tales objetivos.
Pienso que sería este un aporte significativo
a la necesidad que tiene el mundo pobre de globalizar la solidaridad y ponerla en función
de los más necesitados.
La decisión sudafricana de 1997 de adquirir
medicamentos más baratos o sin marcas registradas, conocidos estos últimos como
genéricos, ha recibido ahora, ante los tribunales de Pretoria, una respuesta que, sin
dudas, constituye un logro dentro de una batalla mayor en la que están involucrados
millones de seres humanos.
La demanda impuesta ante tribunales contra el
gobierno de Pretoria por 39 laboratorios internacionales fue derogada al establecerse un
acuerdo extrajudicial entre ambas partes, recibido con ovación en el tribunal de la
capital sudafricana.
Las empresas anunciaron que retirarán sus
reclamos y anunciaron que se harán cargo de los costos del proceso, luego que en el
asunto intervinieran directamente el presidente sudafricano, Thabo Mbeki, y el secretario
general de la ONU, Kofi Annan.
De todas formas, lo logrado ahora por
Sudáfrica, no es ni con mucho, la solución definitiva al conflicto de las patentes y los
altos precios de los medicamentos. Otras naciones, también con altos niveles de
infestados del SIDA, esperan por esa y muchas más posibilidades, de manera que el mundo
pobre tenga acceso a los medicamentos y pueda al menos poner un PARE al mal del siglo XX
que se extiende al XXI.
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