 Cumbre de las Américas
El convite del peligro
JOAQUIN RIVERY
La gran profecía sigue ignorada. Hace ya 110
años de la severa advertencia, de la clarinada fustigante. Martí debe revolverse en los
aires maltratados de la historia de más de un siglo por la poca vigilancia americana a su
aviso:
Ya no podemos ser el pueblo de hojas, que
vive en el aire, con la copa cargada de flor, restallando o zumbando, según la acaricie
el capricho de la luz, o la tundan y talen las tempestades; ¡los árboles se han de poner
en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento, y de la
marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los
Andes.
Ahí está la Cumbre de las Américas.
Comienza hoy el convite con las apetencias de aceleramiento de un Washington apremiado por
su propia crisis, pero sin tranquilidad.
En la Cumbre el plato fuerte es el Area de
Libre Comercio de las Américas (ALCA), un intento de crear un mercado único continental,
de Alaska a la Patagonia. Teniendo a Estados Unidos como factor de poder sin contrapeso en
lo económico y lo militar, tal "unión" con los latinoamericanos y caribeños
divididos es un verdadero suicidio para estos.
En Centroamérica, varios gobiernos
apresurados se declaran ansiosos por acelerar su propia deglución por el gigante,
posiblemente aturdidos por el anhelo de fundirse en la esencia transnacional
norteamericana, ¿pensando alucinadamente que la elite de las tierras bananeras y
cafetaleras pueda ser parte de la elite cibernética y bancaria de Nueva York?
No hay que ser especialista para darse cuenta
de que ningún país podría competir con la tecnología y la fuerza estadounidenses, que
la región sería inundada por productos más baratos y de mejor calidad y perecerían las
industrias nacionales. A lo sumo, podrían ser compradas por las transnacionales del norte
y convertidas en filiales; quizás haya quien piense que "fundiéndose" con los
grandes tendría más poder y riquezas.
El pasado 2 de abril, el secretario general de
la Asociación Latinoamericana de Integración, Juan Francisco Rojas, advirtió sobre los
riesgos de acelerar la marcha del ALCA e hizo hincapié en el gravísimo problema que
representa una apertura indiscriminada de los mercados.
Algunos se percatan de la situación. En La
Paz, Bolivia, la viceministra de Relaciones Económicas Internacionales, Ana María
Solares, dejaba constancia de que Bolivia demoraría en abrir sus mercados cuando entre en
vigor el ALCA. Para ella era visible que "el fenómeno del ALCA ha creado recelo en
países de economía grande como Brasil y Venezuela, y si no se ve cómo amortiguar su
avance, naciones de economía pequeña como Bolivia y Ecuador pueden ser arrolladas y
quedar relegadas".
Brasil no las tiene todas consigo y ofrece
resistencia. Como economía grande, sabe de su fuerza. El 30 de marzo, las diferencias
quedaron delineadas durante la visita del presidente Fernando Henrique Cardoso a
Wa-shington e hizo su declaración: "El jueves el presidente Bush dijo: `Para mí,
Estados Unidos es lo primero'. Yo quiero decir lo mismo: para mí, Brasil es lo
primero".
Las reticencias fueron más lejos el 16 de
abril, cuando Cardoso llegó a decir que el ALCA sería algo limitado sin la presencia de
Brasil, aunque aclaró que el acuerdo sería importante para su país. Un poco antes, el
canciller brasileño, Celso Lafer, había subrayado que el ALCA representa "una
opción y no un destino".
Por su parte, el presidente venezolano Hugo
Chávez, está poniendo el énfasis en la necesidad de una integración latinoamericana
antes de negociar el acuerdo continental y ha llegado a decir que hasta la fecha del 2005
para que entre en funcionamiento le parece apresurada.
El gobierno venezolano prefiere dedicar sus
esfuerzos en lograr la unión del MERCOSUR (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) y de la
Comunidad Andina de Naciones (Venezuela, Colombia, Perú, Ecuador y Bolivia) para poder
contar con una potencia unida con la cual enfrentar el reto de Estados Unidos.
Para el gobierno norteamericano, cuya línea
de pensamiento proviene de las grandes transnacionales, el ALCA serviría para convertir
al resto del continente en un mercado abierto para sus exportaciones de productos y
capitales, donde su tecnología avanzada y mayor desarrollo arrasarían definitivamente a
las economías más débiles.
Al mismo tiempo, en la desbocada competencia
mundial, el tratado pondría límites a los afanes de Europa de entrar en el continente,
pues los productos del viejo continente quedarían en desventaja en este mercado.
El pasado 16 de abril, Fidel señalaba que
"las naciones latinoamericanas, en este instante histórico, están a punto de ser
devoradas por Estados Unidos", y añadía: "Dadas las relaciones de total
dependencia con Estados Unidos y los organismos financieros internacionales, algunos no
están en condiciones de ofrecer resistencia; otros no están conscientes del peligro de
absorción que los amenaza, o no desean ofrecer resistencia alguna. Pero no todos están
dispuestos a ser simplemente devorados, y habrá resistencia".
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