Violencia racista genera rebelión
en Cincinnati; decretan toque de queda

NUEVA YORK, 12 de abril (ANSA).—A un paso de la guerra civil, Cincinnati proclama el estado de emergencia y el toque de queda para tratar de detener la rebelión de la población negra que incendia a la ciudad desde hace cuatro días.

La rabia de los negros, provocada por un nuevo asesinato de un joven de color de parte de un policía, obligó a las autoridades a blindar la vida nocturna.

Por orden de Charles Luken, alcalde blanco en una ciudad con un 43 por ciento de afro-norteamericanos, nadie podrá circular después de las 8:00 de la noche y antes de las 6:00 de la mañana en las calles de la ciudad de Ohio, si no es para ir o regresar del trabajo.

Si la medida no basta para devolver la calma, los exhaustos agentes de la policía local recibirán refuerzos de la Guardia Nacional y Cincinnati volverá a ponerse en estado de guerra.

Esta es la consecuencia de la rebelión que se produjo el lunes, después de que el agente Steve Roach, de 26 años y blanco, mató a un joven negro desarmado, Timothy Thomas, de 19 años.

Se trata de un episodio que la policía local está investigando, pero no con la transparencia que quisiera la comunidad negra local, que acusa a los agentes de tener el gatillo fácil cuando se trata de los afro-norteamericanos.

Las cifras hablan claro: Thomas fue el decimoquinto negro "sospechoso" muerto por la policía de Cincinnati desde 1995 a hoy.

En el mismo período, no le tocó una suerte análoga a ningún blanco. El alcalde Luken dijo compartir las preocupaciones de los negros, pero no la reacción de estos días.

Centenares de afro-norteamericanos salieron a la calle para protestar, se produjeron decenas de incendios, negocios tomados por asalto y autos rotos. Se detuvo a 66 personas y los heridos, sólo en las primeras dos noches de rebelión, fueron más de 70.

Ciudadanos blancos fueron detenidos por la calles, en sus automóviles, insultados y golpeados.

El miércoles, el nuevo episodio de violencia impulsó a las autoridades a decidir que recurriría al toque de queda. Un agente comprometido a tratar de calmar a un grupo de manifestantes fue alcanzado por un tiro y se salvó sólo porque el proyectil dio contra la hebilla de su cinturón.

"Los ciudadanos negros están cansados y empobrecidos y también los blancos", dijo Luken. "Se dispara como si estuviéramos en Beirut. Es peligroso y se corre el riesgo de que la situación se torne más peligrosa. Esta situación debe terminar y terminará", proclamó Luken.

Lo hizo en el curso de una tensa conferencia de prensa mientras un manifestante le gritaba pidiéndole que encontrara a un grupo que se autodefinió como "las nuevas Panteras Negras".

Luken invitó a los 330 000 habitantes de Cincinnati a pasar la noche en sus casas y a "rezar", pero en el difícil barrio de Over-the-Rhine la atmósfera es aún más incendiaria.

La violencia pondría estallar nuevamente en las calles de esta ciudad en el corazón de Estados Unidos, conocida por su atmósfera cultural que une las tradiciones europeas con los hábitos del sur norteamericano.

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