 Sancti Spíritus
El ruego de la laguna
Las medidas dispuestas para
disminuir los impactos negativos del hombre en los sistemas lagunares del sur espirituano
ya rinden sus primeros frutos
JUAN ANTONIO BORREGO
LA SIERPE, Sancti Spíritus.Hace unos pocos años
un colega quedó perplejo cuando supo que en el último lustro el mar se había robado
unos sesenta metros de tierra firme. Su crónica describe a un ejemplar de Sabicú,
especie de árbol maderable, "con las ramas desnudas, pero erguido todavía",
que según él se asoma impotente ante la invasión de agua salobre en lo que antes fue su
dominio terrícola.
El paisaje puede repetirse a lo largo de los más de
300 kilómetros del litoral sur espirituano, una franja caracterizada por la abundancia de
lagunas, zonas cenagosas y manglares, conjunto que deviene trinchera natural frente al
azote de huracanes y otros eventos y es por demás habitat de especies de la flora y la
fauna.
Aunque el panorama no es del todo desolador, nadie duda
del actuar irreflexivo del hombre durante muchos años: regulación violenta de ríos y
arroyos, prácticas agrícolas no sustentables, tala indiscriminada, deficiente
reforestación y contaminación por vertimiento de desechos industriales, entre otros.
En esa zona, por ejemplo, coinciden varias presas (Zaza
y La Felicidad, por solo citar dos), los sistemas de riego del CAI Sur del Jíbaro y del
Plan Banao, los complejos Uruguay, Siete de Noviembre y FNTA y las papeleras Pulpa Cuba y
Panchito Gómez Toro, todos con significativos impactos en el área.
Los expertos aseguran que la negativa interacción del
hombre con el medio en esta región ha generado mermas en la pesca, la caza, los
rendimientos agrícolas y otros renglones económicos, lo cual es observado desde hace
años por instituciones científicas del territorio.
No obstante, en los últimos tiempos como resultado de
la aplicación de las medidas propuestas por los especialistas espirituanos para frenar
tan adverso impacto, ya se observan los primeros frutos de una labor, que si bien demanda
constancia, influye positivamente en la recuperación de indicadores productivos y en la
reanimación de la flora y la fauna de dichos parajes.
Jorge Yeras, especialista de la Unidad de Medio
Ambiente, del CITMA, y autor de un sustancioso estudio sobre el tema, premiado en el
último Forum de Ciencia y Técnica, asegura que sólo el inicio de la rectificación de
los sistemas de drenaje en el CAI arrocero Sur del Jíbaro, principal involucrado en el
asunto, ha permitido el aumento de los niveles de captura del camarón y el reingreso de
muchos ejemplares de variadas especies de la fauna, que habitan en las lagunas del humedal
sur, lo que no quiere decir que ya la problemática haya sido resuelta, en tanto está
claro que ello no es cuestión de meses, ni siquiera de años.
A juicio de este investigador el mayor logro hasta hoy
es la incipiente educación ambiental sobre el asunto, que ha encontrado receptividad en
muchas entidades radicadas en la zona como el propio complejo arrocero, la camaronera de
Tunas de Zaza y la papelera Pulpa Cuba.
De modo que aunque ya sea tarde para devolver su
apariencia saludable al Sabicú deshojado, sobran razones para luchar contra la
salinización y los demás demonios que acechan en esta parte del litoral. Las lagunas
sureñas lo piden casi a ruegos.
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