China:
país del futuro
Astrid Barnet (servicio especial
de la AIN)
Sin lugar a dudas y según expertos, ya no resulta una utopía decir que
China se convertirá en la mayor economía del siglo XXI.
Su despegue, que hace 20 años se inició a partir de una base pobre de
desarrollo, registró hasta octubre pasado un crecimiento de un 8,2 por ciento, lo que, de
acuerdo con pronósticos del Banco de Desarrollo de Asia, llegaría a 8,5 por ciento al
concluir el 2000.
El volumen comercial de sus importaciones y exportaciones supera los 400
000 millones de dólares, el Producto Interno Bruto (PIB) asciende al billón de dólares,
mientras la reserva internacional sobrepasa los 160 000 millones de dólares, y el monto
total de inversiones extranjeras alcanza los 280 000 millones.
Ello quiere decir que cada año el continente deberá tener un crecimiento
económico promedio de 7,2 por ciento.
China continuará su activa política fiscal y monetaria en el 2001, y
persistirá en la promoción de productos exportables, por lo que elevará las tasas de
descuento de exportaciones sobre algunas mercancías, dará apoyo financiero a las
exportadores, concederá autoridad de exportación e importación a manufacturas privadas
y estimulará a las empresas a desarrollar la industria de procesamiento en el extranjero.
El desarrollo agrícola y el incremento del ingreso familiar son aspectos
prioritarios en la agenda del 2001.
Las principales áreas de inversión incluyen los proyectos financiados
con bonos en construcción, agricultura, silvicultura, obras hidráulicas, transporte,
comunicaciones, infraestructura urbana, protección ambiental, electricidad e
instalaciones de almacenaje de reservas de cereales.
Wang Chengjia, embajador de China en La Habana, ha destacado que el 2001
es muy importante para su país, pues se efectúa el Pleno para la puesta en marcha del X
Plan Quinquenal.
En esa etapa profundizarán en la transformación de los modelos de
crecimiento, y en el vínculo oferta-demanda.
China proseguirá su camino de reformas y apertura, así como también de
utilizar todas las inversiones extranjeras de forma activa, racional y efectiva. A esto se
le sumará la estrategia de rejuvenecer la nación mediante la utilización de la ciencia
y la educación.
Otro asunto que ha polarizado el interés de expertos y, principalmente,
de los medios de comunicación de todo el mundo, fue el anuncio realizado por el Gobierno
chino a principios del 2000, de desplazar el centro de desarrollo económico de las
provincias costeras del este a la región occidental, antes territorio olvidado, hoy en
franca recuperación.
Cabe destacar como ejemplo, el de Gansu. Cuando el Gobierno inició un
plan, en 1983, para ayudar a esa provincia con 25 millones de habitantes, en su
mayoría campesinos, la pobreza era notable allí. Hoy, proyectos y medidas como la
roturación de tierras en la estéril meseta de Loess, la aplicación de cultivos
intensivos y la construcción de instalaciones hidroeléctricas han mejorado las
condiciones de vida .
La nación busca establecer relaciones económicas complementarias, puesto
que el este posee abundantes recursos, desarrollo y potencial financiero, mientras el
occidente chino es hoy un mercado favorable. Con el esfuerzo de ambas se abrirá un nuevo
horizonte.
La apertura del oeste también contribuirá a promover los intercambios
económicos entre el continente y sus vecinos, teniendo en cuenta que las regiones
orientales tienen frontera con gran numero de naciones.
Un ejemplo de esta política es que se está ejecutando el proyecto para
transportar gas natural desde Xinjiang, en el oeste de China, hasta Shanghai, en el este.
En el 2000 finalizó también el plazo concedido a las Empresas de
Propiedad Estatal (EPE) para el cumplimiento de sus objetivos fijados en el programa
trienal de reforma y superación de dificultades. La mayoría logró transformar sus
pérdidas en ganancias, como responsables absolutas de sus decisiones de administración.
Hay que destacar, igualmente, que el país asiático se ha convertido en
uno de los exportadores líderes de productos mecánicos y electrónicos en el mundo.
En la próxima década, su política exterior se centra en la creación de
un entorno internacional propicio a sus intereses y ascenso estratégico.
Al mismo tiempo, China sostiene como puntos fundamentales el desarrollo y
mejoramiento de sus relaciones con Rusia, Japón, Indonesia, India, la Unión Europea y
los países en vías de desarrollo, entre estos Cuba, Viet Nam y Corea del Norte.
En especial el Embajador chino se refirió a los vínculos con Cuba, a los
cuales califica como una relación modelo, muy recíproca.
Señaló que con la Isla existen muchos proyectos de cooperación en
esferas tales como las telecomunicaciones, turismo y agricultura.
Beijing da natural importancia a la cooperación y la competencia con
Estados Unidos, lo que, evidentemente constituye una tendencia a largo plazo en el
desarrollo de las relaciones diplomáticas con la superpotencia norteamericana.
Washington ve en el gigante asiático un fuerte contrincante, no solo en
la esfera económico-comercial, sino también en la arena política, teniendo en cuenta el
consecuente apoyo e influencia que ha demostrado siempre China en la lucha por las causas
más justas, principalmente del Tercer Mundo.
A su vez, el voto de los países en desarrollo fue decisivo en el fracaso
de la solicitud de las autoridades taiwanesas presentada en la Asamblea General de
Naciones Unidas en septiembre pasado y por octavo año consecutivo para ser
incluida como nación miembro de esa organización, con vistas a crear "dos
Chinas" o "una China, un Taiwan".
Se refleja así la posición de la abrumadora mayoría de los países
miembros de esa organización de salvaguardar el propósito y los principios de la Carta
de Naciones Unidas al adherirse firmemente a la existencia de una sola China.
Actualmente, el país asiático realiza los preparativos para su ingreso
en la Organización Mundial de Comercio (OMC), una entrada inminente que espera sea de
éxitos y logros.
China es miembro permanente del Consejo de Seguridad y es también un
país en vías de desarrollo, dispuesto a trabajar junto con los demás estados miembros
de Naciones Unidas para fortalecer el papel de ese órgano en el mantenimiento de la paz y
la seguridad internacionales .
Es inobjetable que el gigante asiático necesita la paz para continuar su
avance económico y el incremento del bienestar de su población, teniendo en cuenta tres
aspectos fundamentales: reformas económicas, estabilidad social y política, y desarrollo
armónico en todos los órdenes.
Su proceso de desarrollo es todo un reto, e innegablemente emergerá como
potencia económica socialista. |