La nueva Sudáfrica no podría jamás construirse sobre cimientos de odio y de venganza

Nelson Mandela no pasará a la historia por los 27 años consecutivos que allí vivió encarcelado sin ceder jamás en sus ideas (Aplausos); pasará porque fue capaz de arrancar de su alma todo el veneno que pudo crear tan injusto castigo (Exclamaciones de: "¡Sí!" y Aplausos); por la generosidad y la sabiduría con que en la hora de la victoria ya incontenible supo dirigir tan brillantemente a su abnegado y heroico pueblo, conociendo que la nueva Sudáfrica no podría jamás construirse sobre cimientos de odio y de venganza (Aplausos).

Hay todavía hoy dos Sudáfricas, que no debo llamar la blanca y la negra, esa terminología debiera desterrarse para siempre si se quiere crear un país multirracial y unido (Aplausos). Yo prefiero decirlo de otra forma: dos Sudáfricas: la rica y la pobre (Aplausos), la una y la otra; una donde la familia promedio recibe doce veces el ingreso de la otra; una donde los niños que mueren antes de cumplir el primer año de vida son 13 por cada mil, otra donde los que mueren son 57; una donde las perspectivas de vida son 73 años, otra donde solo alcanza 56; una donde el ciento por ciento sabe leer y escribir, otra donde el analfabetismo supera el 50 por ciento; una donde el empleo es amplio y casi pleno, otra donde el 45 por ciento está sin trabajo; una donde el 12 por ciento de la población posee casi el 90 por ciento de la tierra, otra donde casi el 80 por ciento de los habitantes posee menos del 10 por ciento (Exclamaciones de: "¡Sí!" y Aplausos); una que acumuló y posee casi todos los conocimientos técnicos y administrativos, otra que fue condenada a la inexperiencia y a la ignorancia; una que disfruta del bienestar y la libertad, otra que solo ha podido conquistar libertad sin bienestar (Aplausos).

No se cambia de la noche a la mañana esta horrible herencia (Aplausos). No se gana en absoluto nada con desorganizar el aparato productivo o desaprovechar la considerable riqueza material y técnica, y la eficiencia productiva creada con las nobles manos de los trabajadores bajo un sistema cruel e injusto, virtualmente esclavista. Llevar el cambio social en forma ordenada, gradual y pacífica, para que esa riqueza aporte al pueblo sudafricano el máximo de beneficio, es quizás una de las tareas más difíciles de alcanzar en la sociedad humana (Aplausos). Es, a juicio de este visitante atrevido que ustedes han invitado aquí a pronunciar unas palabras, el desafío más grande que tiene hoy Sudáfrica (Exclamaciones de: "¡Sí!").

Repudio la demagogia. No pronunciaría jamás una palabra para atizar descontentos, menos aún para ganar aplausos y agradar los oídos de millones de sudafricanos que se duelen con razón de que el paraíso de igualdad de oportunidades para todos, y de justicia, soñado en largos años de lucha, no se haya alcanzado todavía en su país (Exclamaciones de: "¡Sí!" y Aplausos).

Hay muchas naciones donde existen problemas económicos y sociales similares producto de la conquista, la colonización y una insoportable desigualdad en la distribución de las riquezas; pero en ninguna como esta la lucha por el respeto a la dignidad humana despertó tantas esperanzas. La contradicción entre esperanzas, posibilidades y prioridades, no es solo un asunto interno de Sudáfrica; es algo que se debate y seguirá debatiéndose entre los teóricos honrados de muchos países.

El sistema de conquista, colonización, esclavización, exterminio de las poblaciones aborígenes y el saqueo de sus recursos naturales a lo largo de los últimos siglos, dejó secuelas terribles en la inmensa mayoría de los pueblos de Asia, Africa y América Latina (Aplausos).

Setenta millones de indios fueron exterminados en el hemisferio americano por explotación despiadada, trabajo esclavo, enfermedades importadas, o el filo de la espada de los conquistadores.

Doce millones de africanos fueron arrancados de sus aldeas, de sus hogares y trasladados al nuevo continente repletos de cadenas para trabajar como esclavos en las plantaciones, sin contar con los millones que se ahogaron o murieron en las travesías.

El apartheid, en realidad, fue universal y duró siglos (Aplausos). En nuestro hemisferio, los esclavos fueron los primeros en sublevarse de una forma o de otra contra la dominación colonial desde épocas tan tempranas como el propio siglo 16. Grandes sublevaciones en Jamaica, Barbados y otros países tuvieron lugar en las primeras décadas del siglo 18, mucho antes de la sublevación de los colonos norteamericanos a fines de ese propio siglo. La primera república en América Latina fue creada por los esclavos de Haití. En Cuba, años después, heroicas y masivas sublevaciones de esclavos tuvieron lugar. Los esclavos de origen africano señalaron el camino de la libertad en aquel continente.

Sobre la conciencia del Occidente civilizado y cristiano, como gusta de calificarse a sí mismo, pesan muchos crímenes en la historia (Aplausos prolongados). No solo aquellos que en Sudáfrica idearon y aplicaron el sistema del apartheid, tienen que sentir sobre ellos todo el peso de la culpa.

El milagro político de unidad, reconciliación y paz, bajo la dirección de Nelson Mandela, quizás llegue a ser un ejemplo sin precedentes en la historia (Aplausos).

Rememorando en parte el sentido de una famosa frase, pudiera decirse que nunca tantos desearon tanto a tan pocos. Ustedes, los ciudadanos y los líderes sudafricanos de todos los partidos, de todos los orígenes étnicos, son esos pocos a los que tanto deseamos y de los que tanto esperamos desde el punto de vista político y humano todos los habitantes del planeta.

De una idea puede surgir otra: de la nueva Sudáfrica, la esperanza de una nueva Africa (Aplausos). Sudáfrica, económicamente, desde el punto de vista industrial, agrícola, tecnológico y científico, es el país más desarrollado del continente africano. Sus riquezas minerales y energéticas son incontables y en muchas de ellas ocupan los primeros lugares en el mundo. Sudáfrica produce hoy el 50 por ciento de la electricidad del continente, el 85 por ciento del acero y el 97 por ciento del carbón, transporta el 69 por ciento de toda la carga ferroviaria, posee el 32 por ciento de todos los vehículos motorizados y el 45 por ciento de los caminos pavimentados. El resto de Africa es también inmensamente rica en recursos naturales. El enorme talento potencial y virgen de sus hijos, su extraordinario valor e inteligencia, su capacidad de asimilar los más complejos conocimientos de la ciencia y la técnica, los conocemos muy bien aquellos que hemos tenido el privilegio de luchar junto a ellos, combatiendo por la libertad o en la construcción pacífica (Aplausos prolongados).

Cuba es una pequeña isla al lado de un vecino muy poderoso, pero a pesar de eso en los centros de enseñanza de nuestro país se han graduado ya 26 294 profesionales y técnicos africanos (Aplausos), y se han adiestrado 5 850. Al mismo tiempo, 80 524 colaboradores civiles cubanos, de ellos 24 714 médicos, estomatólogos, enfermeras y técnicos de la salud, los que unidos a decenas de miles de profesores, maestros, ingenieros y otros profesionales y trabajadores calificados, han prestado servicios internacionalistas en Africa (Aplausos); y 381 432 soldados y oficiales han montado guardia o han combatido junto a soldados y oficiales africanos en este continente, por la independencia nacional o contra la agresión exterior a lo largo de más de 30 años (Aplausos prolongados). Una cifra que en total se eleva a 461 956, en un breve período histórico. De las tierras africanas, en las cuales trabajaron y lucharon voluntaria y desinteresadamente, solo llevaron de regreso a Cuba los restos de sus compañeros caídos y el honor del deber cumplido (Aplausos). Conocemos y valoramos por ello las cualidades humanas de los hijos de Africa, mucho más que aquellos que colonizaron y explotaron durante siglos este continente (Aplausos).

Con profundo y desgarrador dolor contemplamos hoy sus guerras fratricidas, el subdesarrollo económico, sus pobrezas, sus hambrunas, su falta de hospitales y escuelas, su carencia de comunicaciones. Con asombro constatamos que Manhattan o Tokio cuentan con más teléfonos que toda Africa.

Crecen los desiertos, desaparecen los bosques, se erosionan los suelos. Y algo terrible: viejas y nuevas enfermedades, paludismo, tuberculosis, lepra, cólera, ébola, parásitos, enfermedades infecciosas curables, diezman su población. La mortalidad infantil alcanza índices récord en relación con el resto del mundo; también el de madres que mueren en el parto; en algunos de sus países se empieza a reducir la perspectiva de vida.

El terrible virus del VIH se expande en proporciones geométricas. No exagero, y ustedes lo saben, si digo que naciones enteras de Africa están en riesgo de desaparecer. Cada persona infestada tendría que pagar 10 mil dólares cada año en medicamentos solo para sobrevivir, cuando los presupuestos de salud apenas pueden asignarle 10 dólares para gastar en la salud de cada persona. A los precios actuales, 250 mil millones de dólares harían falta invertir cada año en Africa, solo para combatir el SIDA. Africa registra por ello 9 de cada 10 personas que mueren por SIDA en el planeta.

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