NACIONALES

Es necesario que estas elecciones demuestren lo que es la Revolución
y la fuerza de la Revolución


Bien, mi propósito era hablar de las elecciones, pero no tengan temor, voy a hablar el mínimo. Es que no hace falta, quiero decir, no hace falta que yo argumente mucho ahora; más bien quiero hacer algunas recomendaciones, más que hacer una larga explicación sobre lo que son nuestras elecciones y la importancia que tienen. Eso sí lo digo y lo afirmo: es necesario que estas elecciones sean superiores a cualquier otra; es necesario que estas elecciones demuestren lo que es la Revolución y la fuerza de la Revolución; es necesario que estas elecciones, aunque traten de ignorarlas nuestros enemigos, constituyan un mensaje al mundo y a las ilusiones de imperialistas y reaccionarios que podrían un día aplastar esta Revolución, de que podrían un día liquidarla, o que podrían ganar la batalla ideológica contra la Revolución, o que vamos a cambiar nuestra línea y principios revolucionarios, como otras veces soñaron aplastarla con bandas contrarrevolucionarias, sabotajes, crímenes, invasiones mercenarias, amenazas de guerras nucleares, planes de asesinatos de todo tipo, plagas, guerra económica, leyes y más leyes, etcétera.
Hay que demostrarles que se equivocan, como se equivocaron cuando imaginaron que el socialismo se derrumbaría en Cuba. Hay que trasmitirles claramente la idea de que los revolucionarios no son de merengue. Hay que demostrarles que son de acero (APLAUSOS), y que ese acero, ese verdadero acero del cual está hecho el temple de un revolucionario, es más duro mientras más grande es el desafío, mientras más grande es la prueba, mientras más difíciles son las circunstancias.
Por eso hay tres cosas: estas elecciones tienen una enorme trascendencia, después de cinco años en pleno período especial, después de los casi cinco años transcurridos entre 1993 y el 11 de enero de 1998.
Es muy importante por encima de todo que vean la participación y la actitud del pueblo. Por eso hay que hacerles ver a los compatriotas esa importancia y, por lo tanto, tenemos que estar conscientes de eso y actuar en consecuencia.
Hay que hacer que el máximo de ciudadanos participe en las elecciones que, como ustedes saben, es un acto absolutamente voluntario, nadie está obligado; no existen leyes que sancionen en ningún sentido, ni con multa de un centavo, el hecho de no votar. El país ha adquirido la moral y el prestigio de ser posiblemente el lugar del mundo donde de manera voluntaria, realmente voluntaria y libre, participa el mayor porcentaje de ciudadanos.
Hay que trabajar intensamente para que el número de votos en blanco sea menor; para que el número de boletas anuladas por tachaduras, por lo que sea, o por consignas, en contra o a favor de la Revolución, porque hay algunos que en un exceso de entusiasmo lo hacen, sean mínimas, y hay que lograr que el voto unido sea el máximo posible de los votos emitidos por la Revolución y por la Patria.
Cuando escuchaba hablar del voto unido en las otras reuniones, señalé que lo más importante, lo número uno, es la participación, persuadir a los ciudadanos de que voten; eso es lo número uno, y después persuadirlos de la conveniencia del voto unido.
Ahora, independientemente de lo que se haga en las urnas, aparte de la importancia que tienen las elecciones, idea que hay que trasmitir a nuestros compatriotas, hay que demostrarles, hay que argumentarles, apoyándose esencialmente en la idea de que nuestras elecciones y de que nuestro sistema electoral es el más democrático que exista hoy en cualquier lugar del mundo (APLAUSOS), que no hay nada parecido. Ningún otro país socialista hizo lo que hicimos nosotros en materia de proceso electoral. Aquí se ha hablado de eso y hay muchos argumentos.
Una de las cosas que más me emocionan de nuestro sistema electoral es que un humilde ciudadano de cualquier lugar del país puede ser diputado a la Asamblea Nacional, independientemente de la importancia que tienen las asambleas provinciales; pero diputado a la Asamblea Nacional significa ser miembro del órgano supremo del Estado, en un país de dirección política y estatal colegiada.
Existen muchos parlamentos en el mundo, y tenemos muchas relaciones con los parlamentos y conocemos muy buenos y excelentes parlamentarios, y se han abierto paso de una forma o de otra en medio de los sistemas. Hasta en el propio Estados Unidos hay representantes demócratas que son incesantes críticos de la política de Estados Unidos hacia Cuba, están contra el bloqueo, contra la Helms-Burton, y no solo del Partido Demócrata, sino del Partido Republicano también, allí donde tanto lobby hizo la mafia anexionista de Miami y tantos millones han invertido.
Desde luego, en ese país solo excepcionalmente un hombre puede llegar al Parlamento sin grandes recursos, o con los recursos que les puedan dar los amigos, gente modesta; pero los grandes caudales de miles de millones que se gastan en esas elecciones es dinero de las grandes empresas, de los grandes negocios, es dinero de la gente rica. Y si no tienen esos recursos no pueden salir electos ni senadores, ni representantes, ni para cargos de gobernadores u otros poderes ejecutivos; quiero decir gobernadores, o alcaldes, o presidentes, o vicepresidentes. Los escándalos detrás de cada elección sobre la recaudación y uso de los fondos electorales duran cuatro años, hasta que viene la otra elección, y son cada vez más grandes, en el caso de Estados Unidos.
Ocurre, como regla, en muchos lugares del mundo, en gran parte del mundo, la demagogia, la politiquería, las maquinarias políticas. Son las que deciden todo: postulación y elección.
Las recetas políticas y económicas que le han aplicado al Tercer Mundo, incluso al Africa, en países que fueron colonias hasta muy recientemente y que tienen muchos problemas derivados de la conquista, esclavización y explotación durante siglos, y a veces incluso dificultades de tipo étnico, tribal, han tenido consecuencias desastrosas para muchos de ellos. Hay decenas y decenas de países con guerras y conflictos de todo tipo que nosotros no hemos conocido.
No quiero argumentar, después les explico por qué; pero hay un enorme arsenal de argumentos en la comparación entre aquellos sistemas y el nuestro.
El hecho de que la mitad, aproximadamente, de la Asamblea Nacional sean delegados de base, es conmovedor.
El hecho de que un trabajador abnegado, cumplidor, heroico en el cumplimiento del deber, aunque no tenga un centavo, mediante nuestro sistema electoral pueda ser diputado a la Asamblea Nacional y pueda ir en una comisión a cualquier Parlamento del mundo, a cualquier país del mundo, con orgullo y con la frente alta, es conmovedor.
El hecho de que un científico, aunque no lo conozcan o no sepan de sus proezas, o de que un joven estudiante universitario de 20, 22 ó 23 años puedan ser diputados a la Asamblea Nacional es algo realmente conmovedor. Y uno se puede preguntar: ¿Dónde más? ¿Dónde?
El hecho de que un joven de la FEEM, de 18 ó 19 años, pueda ser diputado a la Asamblea Nacional es conmovedor; el hecho de que un cuadro sindical, un combatiente del MINFAR o del MININT, un miembro de las organizaciones de masas sea diputado a la Asamblea Nacional, aunque no tenga un centavo, es realmente conmovedor; pero el hecho de que ninguno de los 601 diputados que se van a elegir necesite un centavo es conmovedor; el hecho de que nadie en absoluto se autopostule, como tuve que hacer yo, en las condiciones que expliqué, es realmente conmovedor.
El hecho de que unas elecciones no sean una guerra de todos contra todos es conmovedor.
El hecho de que unas elecciones unan al país en vez de dividirlo es conmovedor.
El hecho de que todo el mundo vaya a hacer la campaña junto a los otros candidatos es conmovedor; que no haya ni politiquería, ni demagogia, ni compra de votos, ni publicidad al estilo con que se impulsan las ventas de una marca de cigarro, o de bebida, o de refresco, o cualquier otro producto, es realmente una excepción conmovedora en el mundo.
El hecho de que el mérito sea la base exclusiva para alcanzar esos honores y ese rango político es algo que conmueve. Se pueden enumerar muchas cosas.
El hecho de que se pueda ser pobre, de origen modesto, negro y diputado es conmovedor; y quien dice negro, dice mulato, dice amarillo, dice indio, a los que les queda un poquito de la poca sangre india que dejaron los conquistadores en esta tierra.
El hecho de que ser diputado no sea privilegio de ricos, de aristócratas, o de blancos, como sucede en una gran parte del mundo occidental, es conmovedor, y el hecho de que se pueda ser mujer y madre y diputada es conmovedor.
En dos palabras: el hecho de que haya real igualdad, reales derechos para todos, sin excepción, y que incluye creyentes que compartan las ideas de justicia social, las ideas de la igualdad, de la independencia, eso también es conmovedor.
No está discriminado nadie; están discriminadas la injusticia, la desigualdad, la politiquería, las ambiciones personales, las vanidades, la demagogia. Todos esos vicios tan comunes en el mundo capitalista, esos no tienen espacio en nuestra sociedad, ni en nuestro sistema, están discriminados.
El divisionismo no tiene ni debe tener nunca el menor chance en esta Cuba revolucionaria y heroica de hoy, de mañana y de siempre (APLAUSOS).

 


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