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Las batallas más duras
siempre son en la capital
En La Habana, lo sabemos bien, todo es más difícil; las batallas más duras siempre son en la capital, de modo que en esta lucha el esfuerzo del Partido y de todos los revolucionarios habaneros cobra especial trascendencia y todo lo que aquí, en esta ciudad más difícil, preocupe o interese es útil para la orientación del resto de las provincias del país.
Aquí las circunscripciones son más grandes, los municipios son mayores, el número de votos es más voluminoso, los candidatos se conocen menos, y sobre la capital siempre hay el intento enemigo de influir, hacer llegar su propaganda, su trabajo subversivo, contrarrevolucionario.
En la capital realmente se hacen mayores esfuerzos por parte del imperialismo para influir y tratar de introducir sus ideas reaccionarias, sus intrigas, sus confusiones; en la capital, además, se acumulan problemas más difíciles de resolver.
En una pequeña comunidad, muchas veces con un pozo, un motor y unas tuberías se lleva el agua diariamente al lugar y con pequeños recursos se resuelven importantes problemas; en la capital, donde el país y la Revolución siempre han hecho grandes esfuerzos, son muchos los recursos que se requieren para la solución de los problemas de una gran ciudad, que aunque ha crecido de un millón y tantos a un poco más de 2 millones, casi el doble, no ha llegado a convertirse en ese tipo de ciudades donde se han acumulado 5 millones, 10 millones, 15 millones y hasta 20 millones de personas, gracias precisamente al desarrollo del resto del país, donde cada provincia tiene sus universidades, sus hospitales de buena calidad, médicos, profesionales, escuelas de todo tipo: militares, deportivas, pedagógicas, porque nunca se hizo nada en la capital que no se hiciera también en el resto del país.
Somos una ciudad que no ha crecido de esa forma tremenda, prácticamente insoportable, en que han crecido ciudades como Río de Janeiro, Sao Paulo, Buenos Aires, Lima, Caracas, Bogotá, Ciudad México, que tiene como 20 millones de habitantes, con unos problemas realmente insolubles; pero en un país donde se trata de distribuir los recursos de la manera más equitativamente posible, aunque tomando siempre en cuenta las particulares características de la Ciudad de La Habana, resulta difícil resolver algunos viejos problemas.
Los mismos problemas del transporte, por ejemplo, no son iguales en una ciudad pequeña, en Colón, o en Matanzas, o en Santa Clara, que también ha crecido, Las Tunas, Bayamo, y hasta el propio Santiago que ya tiene medio millón de habitantes, aproximadamente; pero en muchas de esas ciudades es más fácil que un obrero llegue a la fábrica caminando o en una bicicleta que en la Ciudad de La Habana, donde algunos viven en Marianao y trabajan en Guanabacoa, otros viven en Regla y trabajan en La Lisa, o en el Cerro, Diez de Octubre, Arroyo Naranjo.
Por eso en esta ciudad el número de viajes normales que alcanzamos llegó hasta a 30 000 diarios. Los ómnibus por lo general, venían primero a La Habana como ómnibus nuevos -fueran japoneses, que vinieron alguna vez bastante buenos, o fueran húngaros, que vinieron muchas veces y sobre cuya calidad no voy a decir nada (RISAS), como tampoco del gasto de gasolina y algunas otras cosas-, pasaban primero por aquí, lo que fue motivo de discusiones muchas veces.
Yo observaba ese problema y pensaba mucho en eso. Realmente no me gustaba aquella forma de distribución: nuevos para aquí, y después de uso para el resto de las provincias; pero la realidad es que las necesidades de aquí, por la extensión de la ciudad, eran mayores, así como por el número de personas que se montaba en un ómnibus de esos, repleto siempre, siempre. Al final, una parte de los que se enviaban a las provincias eran nuevos y otros eran de uso. He citado un ejemplo.
Los abastecimientos de la capital venían de todo el país, incluso todavía vienen algunos; no es el Estado el que los trae en ciertos casos. Sé que, por ejemplo, de Holguín vienen camiones particulares con viandas, cualquier vianda, para vender en los agromercados de la capital, porque el precio aquí es más alto. Claro, el Estado ha procurado desarrollar la agricultura en todas las provincias y dedicó bastantes recursos a La Habana para que no tuvieran que venir viandas y hortalizas de Ciego de Avila, las provincias orientales, Pinar del Río. Se hizo un esfuerzo por abastecer a las dos provincias con la tierra disponible en la antigua provincia de La Habana, y entre las dos suman casi 3 millones de habitantes, tal vez un poco más del 25% de la población del país.
Hemos tratado de promover el autoabastecimiento de las provincias, incluso, de Santiago de Cuba -estaba Lazo por allá-, aunque aquella provincia no tenía tierra de papa, por ejemplo. Hubo que idear el establecimiento de algunas empresas en la provincia de Ciego de Avila, de mucha tierra y poca población, para suministrar una parte importante de los alimentos de la ciudad de Santiago.
Antes venían para Santiago de Baracoa, de Guantánamo, Granma, venían de la antigua provincia de Oriente. Hoy Guantánamo se autoabastece bastante y las demás provincias nuevas que se crearon.
A Santiago hubo que darle un apoyo en tierra. Ellos enviaban a la gente, porque, como ustedes saben, son altamente productivos en materia de población; entonces, se buscaron soluciones de ese tipo.
Creo que una de las mejores cosas que se ha hecho en período especial son esas hortalizas urbanas que tanto ayudan a que la población pueda ir a buscar vegetales frescos, comprarlos directamente, sin intermediarios. Tengo entendido que el Ministerio de la Agricultura va a hacer un esfuerzo mayor para incrementar la productividad por metro cuadrado, y, además, para crear nuevas áreas. Es una buena lección del período especial.
La ciudad tiene los problemas del agua, hay acueductos que son del siglo pasado y redes de drenaje que son del siglo pasado. Para la ciudad se han buscado fuentes de agua nuevas. En un momento determinado empezó a competir la ciudad con la agricultura en la provincia de La Habana, porque venía el agua de la zona sur, de la zona de Güira, de Alquízar, millones y millones de metros cúbicos que hacían falta para las hortalizas, para la papa, para todos esos cultivos; agua de la zona de Ariguanabo, San Antonio; agua de la zona de Aguacate, de todo ese valle que está en aquella zona.
Se llegaron a construir presas en los límites de Matanzas, que iban a utilizar agua del río que desemboca por Matanzas; ya venía agua de otras provincias prácticamente. Fue necesario hacer un dique en el sur de La Habana, un importante dique, cuando descubrimos que mucha del agua que caía en la provincia -suele llover bien en esta provincia- se iba al mar. Se le hizo un dique, ya que aquí hay cuencas cerradas y cuencas abiertas; en las cuencas abiertas si se extrae mucha agua puede penetrar el agua del mar, salinizarse, había que retroalimentarlas con el agua que iba al mar. Se desarrollaron procedimientos nuevos de riego, las máquinas Fregat, después el riego por goteo para el plátano, riego por goteo para el cítrico; son técnicas nuevas que ahorran mucha agua aunque son costosas, muy costosas.
Aparte de que ya se estaba produciendo una escasez de la fuente de suministro, en esta provincia que tiene entre 40 y 50 kilómetros de ancho, que es una de las provincias más estrechas del país, y se realizaba un esfuerzo por crear fuentes nuevas, teníamos otro problema con el crecimiento de la ciudad y de las industrias de la ciudad. Hubo que discutir mucho aquí durante años para tratar de que las fábricas no se construyeran en La Habana. Recuerdo bien cuánto se discutió lo de la famosa Antillana; esa Antillana que han prometido, según escuchábamos hace unos minutos, alcanzar 250 000 toneladas en el futuro, que es la mitad de lo que debe llegar a producir, porque ahí se han aplicado tecnologías nuevas. Recuerdo que discutimos bastante con los asesores soviéticos, entre otras causas, porque debajo de esas industrias hay manto freático de agua que se utiliza para el consumo de la población.
Se pensó en una ocasión construir en el municipio de Mayarí, de la antigua provincia de Oriente, una siderurgia grande y que no creciera más esta; pero mientras se hacía aquella, se introdujeron innovaciones, equipos para esta siderurgia. Cerca de allí está la planta productora de cerveza, una de las mejores que tenía el país. Pero había una tendencia tremenda en todos los ministerios, en los primeros años, a construir en la ciudad las industrias, cada ministro quería tener las industrias cerca, y costó trabajo llevar las fábricas de combinadas a Holguín y otras muchas fábricas a otras provincias; fue objeto de una lucha, siempre pensando en esos problemas que creaban y hacían la situación difícil.
Una de las cosas peores es la edad de las viejas redes de distribución de agua de la ciudad, son miles de kilómetros con decenas y decenas de años. A ese problema se le prestó atención, toda la que se pudo: la famosa cuenca de El Gato, totalmente nueva, la que abastece toda esa zona este de la ciudad.
Oíamos decir hace un rato que las presas que daban agua para los vecinos de Guanabacoa, estaban secas; esas presas se hicieron todas en los años de Revolución, desde la que está en las inmediaciones de Guanabo, hasta un montón de presas que eran para la agricultura y vinieron para la ciudad: Ejército Rebelde, cerca del parque "Lenin", era para la agricultura, vino para la ciudad; Mampostón, donde el agua se bombeaba desde Santa Catalina, más o menos, para llenar esa presa y dedicarla parte a la agricultura, parte a la ciudad.
En fin, a pesar de todos esos esfuerzos el problema de las redes producían un enorme desperdicio de agua, quién sabe si es el 30% o si el 40% del agua la que se pierde en las redes. Ese problema de las redes es una de las cosas a resolver en esta ciudad. Antes del período especial se habían hecho algunos esfuerzos también especiales por arreglar los famosos salideros. Recuerdo el origen de las zonas; se dividió la ciudad por zonas, primero eran cuarenta y tantas, después 60, y el hecho es que se crearon brigadas en todas y cada una de las zonas nada más que para arreglar las redes de agua. También se crearon brigadas para otros fines, pero específicamente para las redes de agua: se calcularon todos los salideros, los equipos: máquinas perforadoras, martillos, cilindros, cargadores, camiones.
Por esos días no solo se hicieron esas brigadas; se hicieron brigadas para el trabajo permanente en el arreglo de calles y en la construcción de calles nuevas, completas, con todos sus equipos. Se organizaron todas, porque junto al agua teníamos el problema de las calles y sus baches, y el arreglo de las calles de la ciudad.