Si la pelota no existiera tendríamos que inventarla, para que Industriales y Santiago de Cuba no dejen de jugar el clásico nacional. Habría que recrearla, porque esa rivalidad shakespeareana de Capuletos y Montescos, nos sigue alimentando de cubanidad el corazón.
Fue el Guillermon Moncada santiaguero, más que el azul Latinoamericano, un mosaico cultural en el que los sentimientos, a golpe del cuero del tambor y del gracejo popular, nos devolvió a aquellos miticos peloteros de esos equipos, quienes, con sus dotes beisboleras, dibujaban arte sobre la grama.
Por ahí pasó el duelo, ya histórico por la remontada inédita de los Leones, de ambas escuadras en esta 63 Serie Nacional. Porque sin el abolengo de los nombres de hace 30, 20 o diez años, los de hoy asumieron el reto a fin de que el proscenio de la puesta en escena fuera el mismo, con estos nuevos actores que acaban de regalarle a la gran sala que es el estadio, convertido en Cuba, una de las mejores obras del terreno de beisbol.
Claro que no fue perfecta, pues al ser humano le está vedada esa condición, pero si muy cubana y caribeña, con ese nerviosismo que nos habita; con sus descargas, en cascada de adrenalina pura que, en no pocas ocasiones, hace errar.
Esa pasión desbordada, esa locura incontrolable, como la de Roberto Acevedo, para bien o para mal, o la del impetuoso Harold Vázquez, es la que nos diferencia de ese otro beisbol anglosajón, en el que la efectividad y la obviedad, aunque de excelsa calidad, impide vivir el juego a corazón abierto.
Es, también, la que hace que el gran teatro que es el estadio no deje de palpitar con el soberano, que es tan protagonista como quien lanza en la lomita.
Es allí, a pesar de las dificultades que vivimos, donde nada es más importante que el viaje y el destino de la blanca esférica.
Industriales hizo historia al ganar cuatro desafíos consecutivos, porque ningún equipo lo había hecho antes, pero parte de ella es la virilidad de los lanzadores Maykel Taylor y Alberto Bisset; la fogosidad del receptor Alexander Llanes y la de su colega Óscar Valdés; la pasión de Adriel Labrada, de regreso a su Santiago para ser el más aplaudido; y la solidaridad de azules y rojo, con Wilber Reyna, golpeado por una pelota, que intentaba darle las gracias por su coraje, por hacernos vivir el clásico.

















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Aris dijo:
1
7 de julio de 2024
18:25:21
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