La selección cubana de voli Sub-21, que juega el Campeonato Mundial en Bulgaria, pudo rendir una mejor faena y estar en situación más favorable que la de discutir un lugar entre el nueve y el 12.
Jesús Cruz, el director técnico, fue fiel a la conducta de un mentor poniendo siempre a su cuadro regular, sin hacer muchos cambios, solo cuando era evidente la baja de un hombre a la ofensiva o la defensa. Lo que ha evitado una actuación superior del conjunto fue la cantidad de errores no forzados, con un total de 164 en cinco partidos efectuados, lo que arroja un promedio de 32,8 pifias por salida al terreno.
Tuvo en José Miguel Ramos (64 puntos), Alexei Ramírez (56), el capitán Marlon Yant (42), lesionado en los dos últimos partidos, y Ramón Andreu (29), sus cuatro pilares ofensivos, que en el choque con Canadá pudieron haberlo ganado si hubieran contado con Yant, a pesar de sus 32 fallas.
A Manuel Thondique, sexto entre los pasadores destacados entre los 16 equipos, lo vimos con soltura, velocidad y buena ubicación en los desplazamientos, sobre todo para servirle bolas a un equipo falto de comunicación entre sus hombres para fraguar los contrataques. Ha jugado todo el torneo y realizado 260 intentos con 82 exitosos, tiene perspectivas porque no solo se circunscribe al pase, también ayuda en el ataque.
¿Qué le falta al equipo? Jugar contra selecciones de nivel, como Rusia, Polonia e Italia, elencos de una gran estatura y fortaleza que irán por las medallas en este mundial. Solo de verlos moverse en la cancha convencen. No en balde estos tres países, junto a Brasil, que desilusionó y va por un puesto del quinto al octavo, tienen ligas nacionales cuajadas de voleibolistas extranjeros, acápite donde Cuba también ha incluido hombres y mujeres con tal de recuperar su nivel.
Esperemos las finales, el 2 y 3 de octubre, Cuba contra Irán y Canadá frente a Tailandia, por los puestos del nueve al 12.






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