Atendiendo a las protestas contra el racismo y la brutalidad policial, Donald Trump debió pensar que la indignación no quedaría limitada a la frase Black Lives Matter, rotulada en los tabloncillos de la nba.
La inconformidad por la agresión policial contra Jacob Blake creció esta semana, cuando la citada liga instauró un boicot al negarse un día a jugar los play off, incluso, con la amenaza de suspenderlos definitivamente.
La acción abrió paso a conversaciones entre directivos de la liga, mentores de equipos y jugadores, donde surgió el acuerdo de avanzar en la búsqueda de la justicia social y generar más compromiso cívico para ayudar a la creación de una reforma judicial y criminal.
También las Grandes Ligas de béisbol y las distintas de fútbol en Estados Unidos se han manifestado. La primera de esas organizaciones dejó de efectuar 11 desafíos esta semana. En la jornada de homenaje a Jackie Robinson, el primer negro que en 1947 ingresó a ese circuito, los Astros de Houston y los Atléticos de Oakland colocaron en el home una camiseta de Black Lives Matter, para luego negarse a jugar.
Todo esto acontecía mientras tenía lugar la Convención republicana que postuló a Trump para un segundo mandato, en medio de un show montado en la Casa Blanca.
A varias cuadras del lugar donde el magnate pronunció su discurso de aceptación, catalogado de excesivamente largo, se escuchaban las protestas de la población.






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