Nereisy y su familia estuvieron tres meses sin teléfono. No fue una avería cualquiera, ni un corte breve que se resuelve con una llamada al 114. Fue un robo. Alguien arrancó el bajante que conectaba su casa con la red, y durante 90 días su familia quedó incomunicada. «Detrás de un hecho de este tipo hay familias afectadas», dijo a Granma el propio perjudicado. «Hay un perjuicio económico también para todo el mundo; para el Estado y Etecsa como empresa».
En Camagüey, el vandalismo en las telecomunicaciones es una realidad que golpea puertas, silencia teléfonos y rompe la comunicación de barrios enteros. Y quienes lo sufren no son solo los trabajadores de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (Etecsa): son los vecinos que dependen del teléfono fijo, los que necesitan datos móviles, las familias que ven las comunicaciones interrumpidas en tiempos en que son parte de la vida cotidiana.
DÓNDE Y CÓMO OCURREN
Edel Mendoza Valdivia, jefe de Red Inalámbrica de la Dirección Territorial de Etecsa, conoce bien el mapa del vandalismo. «En los últimos tiempos hemos tenido varios hechos en la ciudad de Camagüey, y también hemos sufrido estas acciones malintencionadas en Esmeralda, Florida y Vertientes».
El modus operandi se repite. «Principalmente pican las fibras que alimentan el equipo, que es la transmisión general de los datos. También «pican los cables y las fibras que suben a las torres. En algunos sitios se han llevado protecciones como breaker, cajas de breaker».
Hay agravantes que preocupan a la entidad. «Existen sitios que han sido vandalizados ya en tres ocasiones. En algunos lugares hemos demorado más de dos meses en poder restablecer los servicios, buscando los recursos que hay que reponer».
Lo que más llama la atención es la naturaleza de algunos actos. «Hay recursos que no tienen uso en la vida práctica de la población, y lugares donde los pican y los dejan allí. Es decir, que es un acto para hacer daño porque no se los llevan», no hay lucro, no hay beneficio comercial. «Lo que afecta es la conectividad de las personas», enfatizó Edel.
EL COSTO ECONÓMICO DE LA INDOLENCIA
El impacto sobre las finanzas de Etecsa en Camagüey es considerable. «Esto nos trae perjuicios para la empresa y también para la población, porque se queda afectada sin un servicio tan importante, principalmente porque los recursos están en déficit», aclaró el directivo.
Reponer lo robado o destruido no estaba previsto en el plan. «Se trata de recursos que entran principalmente para inversiones. En ocasiones han sido vandalizados sitios que fueron beneficiados con inversiones hace poco tiempo». Cada reparación obliga a paralizar cronogramas, a detener el avance de la infraestructura. «Nos ha ocasionado un déficit de recursos que podían ser destinados a otras inversiones, y hemos tenido que cogerlos para reparaciones», detalla Mendoza Valdivia.
Es decir, recursos que estaban planificados para ampliar capacidades, mejorar coberturas o instalar nuevos servicios, terminan destinándose a reponer lo que otros destruyeron.
El problema se agrava porque los materiales son importados y escasos. «No los tenemos en nuestros almacenes, y cada vez que ocurre una avería de este tipo, hay que "inventar" para buscar soluciones», explicó Luel García Lorenzo, director territorial de Etecsa en Camagüey, y agregó que el bloqueo impide comprar en el mercado internacional los cables, breakers y equipos necesarios, lo que multiplica el costo real de cada acto vandálico.
Juan Menéndez Barroso, operario de cable con 48 años en la empresa, lo confirma: «El cable de fibra óptica se importa. Aquí no se fabrica ese cable y no está entrando. Los que tenemos, mayormente los recuperamos de servicios que ya se dejan de dar».
Iván Casalís Milanés, jefe de la brigada de cable, vivió en carne propia las consecuencias de un basurero incendiado justo al lado de un gabinete que da servicio a un reparto entero. «Llevamos una semana trabajando en la sustitución del cable y en todo lo que lleva un trabajo como este, aparte de los gastos de materiales que implica. Estamos hablando de más de 300 servicios afectados. Es prácticamente como darle servicio completo al reparto otra vez».

EL IMPACTO EN EL SERVICIO Y EL ROSTRO HUMANO DE LA REPARACIÓN
Las consecuencias tecnológicas son directas. «El usuario percibe que se queda sin servicio. Sencillamente tienen que salir de las casas para buscar una radiobase más lejana que les dé servicio, porque no tienen señal y principalmente no tienen datos móviles. Puede que llegue una señal débil para alguna llamada, pero los datos móviles no están disponibles», ilustró Mendoza Valdivia.
En el caso de la red fija, el robo de bajantes deja a familias enteras sin comunicación. «Más de 2 000 metros de bajante que no tenemos», confirmó Yoan Álvarez Fonseca, jefe de Operaciones de la Red. «Nos están robando los bajantes y nos están robando los cables de alimentación». La telefonía fija es más económica que la móvil. No todos tienen acceso a un celular. Cuando el cable desaparece, la comunicación se extingue para quienes más dependen de ella.
«Los servicios, los logros que se van teniendo con el esfuerzo de la empresa estatal, se ven afectados por personas sin escrúpulos», reflexionó Nereisy Gutiérrez Labrada.
Detrás de cada corte hay una historia de trabajo. «El cable de fibra no sirve para otra cosa. Eso es cortarlo para botarlo después. No es cobre, no es conductor, no tiene valor comercial». Así de tajante en la explicación fue Juan Menéndez Barroso, y realizó un llamado a la conciencia: «El celular se ha vuelto parte de la vida cotidiana de todos; los niños, los mayores, todo el mundo anda con ellos, y el tiempo que está cortado nos perjudica». Y añade: «Le están haciendo daño a la comunidad, que es quien se queda sin cobertura».
La respuesta comunitaria también existe. En la cuadra de Nereisy, por ejemplo, los vecinos se organizaron. «Entre todos, hemos logrado poner luces LED para tener un poco más de iluminación». Y se mantienen alerta. «Si vemos a alguien en una situación extraña, sospechosa, enseguida nos ponemos en alerta».
Aparejado a ello, explican los directivos de la Empresa, se diseña un programa de barriodebates para que los vecinos comprendan la necesidad del cuidado de los medios y recursos, pues estos problemas llevan soluciones multifactoriales y la participación de todo el mundo.
A pesar de los daños provocados por actos vandálicos, negligencias o indisciplinas sociales, que afectan a toda la comunidad, y las dificultades por la falta de materiales y recursos que el bloqueo impide comprar en el mercado internacional, el compromiso de los trabajadores de Etecsa en Camagüey es restablecer en el menor tiempo posible el servicio a los clientes.
El vandalismo no solo le pasa factura a la entidad. Es un problema para todos y de todos, porque cada cable cortado, cada radiobase apagada, cada mes sin servicio afectan directamente a una comunidad que ya conoce las ventajas de un proceso de informatización de la sociedad, y sufre el silencio que provoca la incomunicación.








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