Los cubanos aprendimos a despedirnos de Camilo Cienfuegos sin haberlo despedido nunca, luego de que su Cessna 310 levantara vuelo del aeropuerto Ignacio Agramonte, en Camagüey. Por eso, cada 28 de octubre, la Isla entera se inclina sobre un río, una presa, una laguna o el mar, y deja caer una flor, en un gesto de recordación al Comandante de la Sonrisa Amplia.
Este martes, 28 de octubre, en el Parque de la Ciudad de Ciego de Ávila, a los pies del obelisco a la Madre Tierra, (Pacha Mama), miles de personas hicieron lo que llevan haciendo desde hace sesenta y siete años: llegar con una flor en la mano. La diferencia, si alguna hay, es que ya no son solo los que lo conocieron. Son los hijos de los hijos, de los hijos de aquellos que lo vieron pasar con el sombrero alón y la sonrisa eterna.
Pero antes, en un acto en la plaza que lleva su nombre y desde donde una vez se dirigió al pueblo avileño, Yaniris Luis Machado, primera secretaria de la Unión de Jóvenes Comunistas en la provincia, evocó la figura y el temple del hombre del sombrero alón: «Camilo, con su sencillez y valor nos enseñó que un revolucionario se hace con el estrecho vínculo con el pueblo».
Camilo no fue solo un líder excepcional. Fue, ante todo, un hombre de compromiso profundo con su pueblo. Y hay que decirlo así, sin adornos, porque la historia a veces se empeña en convertir a los héroes en estatuas y a las estatuas en olvido.
Fue un soñador que dedicó su vida entera —y era una vida corta, tenía veintisiete años cuando el mar se lo llevó— a la justicia social, a la igualdad, a la soberanía de la patria. Esa patria que lo vio partir un día como hoy, hace 67 años.
Después del acto, la peregrinación: pioneros, estudiantes de la Escuela Vocacional Militar Camilo Cienfuegos, de la facultad de Ciencias Médicas José Assef Yara, trabajadores, combatientes de la revolución cubana; incluso, gente que no milita en nada y que sin embargo cada año se aparece con su flor porque siente que ese gesto le pertenece.
En Ciego de Ávila la celebración tiene un matiz propio. Aquí a Camilo se le buscó cuando se perdió. Fue en Punta Alegre, en los cayos del norte, en el canal viejo de Bahamas, donde durante quince días se peinó el agua con la esperanza de encontrarlo. Fidel dirigió personalmente la búsqueda. No lo hallaron.
Y días después, cuando cesó la exploración, en una comparecencia televisiva, Fidel expresó la icónica frase: «Camilo salió del pueblo y en el pueblo hay muchos Camilos».
Setenta y siete años después, esa frase sigue siendo el mejor epitafio, porque Camilo está en el niño que preguntó por qué se tira una flor al agua, en la mujer que le explicó que hubo un hombre que se perdió en el mar y que desde entonces el mar es un poco suyo; está en el obelisco a la Pacha Mama, que no fue puesto ahí para Camilo pero que este martes sirvió de altar para su memoria, está
Camilo Cienfuegos desapareció y no vio la obra grande de la Revolución; los años duros, ni las carencias, ni las veces que la sonrisa se nos ha puesto difícil, pero los cubanos no dejamos de decirles que aquí seguimos. Que el hombre que dijo «vas bien, Fidel» sigue teniendo discípulos.









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