ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Heroide Durand; «extraño a mis hijos, pero aquí me mantiene a salvo». Foto: José Llamos Camejo

Entre Maisí y Baracoa hay más de 50 kilómetros (km) de montañas; topografía similar a la que media entre la Ciudad Primada y la de Guantánamo.

Pero, entre un paciente renal crónico y su próxima sesión de hemodiálisis, media -sencilla y dolorosamente-, la vida, en este caso agredida por un bloqueo de naturaleza cruel, que viene del exterior.

Guantánamo hace la diferencia esta vez, entre seguir existiendo y no hacerlo. Esa frontera se ha vuelto, de un tiempo acá, emergencias y sobresaltos para cerrarle el paso a la muerte.

LA HISTORIA, HACE DOS SEMANAS

Todo empezó con un fallo en los filtros de la planta de tratamiento de agua de la sala de hemodiálisis del hospital Octavio de la Concepción y de la Pedraja, en Baracoa.

Un componente averiado. Un repuesto que no está, porque desde el exterior han impedido comprarlo. Un servicio de hemodiálisis mutilado, y 48 vidas humanas -pacientes nefrológicos crónicos de Maisí, Imías y Baracoa- que dependían de un traslado urgente hacia el hospital Agostinho Neto, en la cabecera provincial.
Los galenos lo ratifican: para quien padece insuficiencia renal crónica, la hemodiálisis es el reloj que marca cada semana, cada jornada, cada minuto; es la que funciona por un riñón que ya no responde.

Sin riñones artificiales, sin planta de tratamiento de agua, sin dializadores ni agujas -aseguran también los expertos-, el cuerpo se envenena a sí mismo, y expira. Se trata de medios, equipos e insumos de alta tecnología, que Cuba debe comprar en el exterior; pero no puede hacerlo porque se lo impide un bloqueo impuesto por un imperio asesino.

EN EL HUMBRAL DE LA SALVACIÓN

Me recibe el doctor Roberto Javier Torres Bronfield, al frente del Hospital General Docente Agostinho Neto, mayor institución hospitalaria en Guantánamo.

Resulta que, amenazada por medidas del Departamento de Estado estadounidense contra el pueblo de Cuba, la empresa extranjera que le suministraba tecnología para equipos de hemodiálisis, interrumpió sus vínculos comerciales con la Isla.

Fue así como una maniobra criminal convirtió en pared homicida el desperfecto de una membrana ultrafina -con casi un decenio en uso sin que haya podido ser renovada-, cuya función es filtrar el agua para hemodiálisis y despojarla de bacterias y microbios.

UN MAPA DE RESISTENCIA

Solo dos instituciones hospitalarias prestan servicio de hemodiálisis en Guantánamo. Los pacientes de Maisí, Imías y Baracoa, lo reciben en el hospital Octavio de la Concepción y de la Pedraja, de ese último territorio; los de los siete municipios restantes, en el Agostinho Neto, de la cabecera provincial.

Cuando una de las dos plantas falla, el sistema entero se tambalea. Ha ocurrido antes, y a los pacientes del Agostinho Neto, hubo que remitirlos a Baracoa, e incluso algunos a Santiago de Cuba, explica el doctor Roberto Javier Torres Bronfield.

«Esas eventualidades les adicionan molestias a los pacientes -admite-; el traslado genera cargas económicas, y separa a los enfermos de sus hogares y familiares. Pero es, en nuestras circunstancias, el modo de salvarles lo más importante: la vida».
En el espíritu del galeno, y en el actuar de su colectivo, esa palabra va y viene recalcitrante, cual marca de los que no admiten cansancio; máxime cuando el problema no termina en la sala de hemodiálisis, pues otro programa, el quirúrgico, arrastra su propia herida.

Más de 3 000 enfermos guantanameros hoy necesitan ser operados, y se encuentran a la espera. De ellos, son pacientes oncológicos más de 300. Faltan máquinas, mesas y lámparas quirúrgicas, se duele Torres Bronfield.

«Tenemos muy baja cobertura de anestésicos -dice-, lo que nos obliga a preservarlos para las urgencias y el Programa Materno Infantil.

«Sobre todo eso pesa también la falta de electricidad y combustibles asociada al bloqueo, que igualmente impide garantizar el confort necesario para un paciente renal. Eso impacta negativa y directamente en sus vidas», dice el Doctor.

AGRADECIDOS

En la sala de hemodiálisis del Hospital Agostinho Neto, la mirada de Ruth María Méndez Fuentes denota fatiga. Ella reside en la comunidad baracoense de Cayo Guín. Vive sola, pero compañía no le falta.

«Hace nueve meses que no voy a mi casa», lamenta Ruth. A su hogar lo separan 15 km del hospital baracoense, donde habitualmente recibe su tratamiento de hemodiálisis.

«Mijo -dice la mujer-, tuvieron que ponerme en una casa de visita de la ciudad, porque no hay combustible pa´el transporte que me llevaba de Cayo Guín hasta el hospital, a recibir el tratamiento tres veces a la semana. Mi casa está sola, pero yo, viva».
«Ahora se rompió la planta de tratamiento de agua en el hospital de allá (Baracoa); por eso me trasladaron pa´este (el Agostinho Neto). Yo no podría hacer el cuento, si no me hubieran hecho el traslado rápido. Echo de menos a mis vecinos; pero aquí sigo respirando, y agradecida».

Heroide Durand Rodríguez tiene 57 años, es de Maisí. De manera habitual le practican hemodiálisis en Baracoa. Y, roto el equipo médico de la institución hospitalaria de La Primada, fue remitido al Agostinho Neto.

Heroide llora, «porque extraño a mis hijos». «Pero bueno»… añade, ya más calmado, tras reconocer lo que aquí se hace por su salud. «Esta enfermedad es como una sentencia de muerte, pero aquí me mantienen a salvo. La vida está por encima de todo».

Junto a los pacientes, familiares y especialistas de Baracoa, se movieron hacia el Agostinho Neto cuatro máquinas, e insumos que ayudan a potenciar la hemodiálisis, explicó el doctor Paulo Valier Creach, jefe de esos servicios en la institución.

Detalló también que en su hospital fue habilitado un nuevo local, ampliando así, de 14 a 18 posiciones, la capacidad para atender a los más de 140 pacientes necesitados del tratamiento hemodiálico en la provincia.

—Si se averiara también la única planta de tratamiento de agua para hemodiálisis que funciona hoy en Guantánamo, ¿quedarían los pacientes sin recibir el servicio? -le pregunto al Director del Agostinho Neto

«La rotura de la planta en activo es un riesgo latente. De hecho, ya tenemos antecedentes de ese tipo en el territorio. Pero salvar vidas le da sentido a nuestra labor. Luchamos para eso.  

«El Sistema cubano de Salud cuenta con una red nacional de nefrología que vigila esta situación, y se mantiene activada, con planes alternativos concretos.

«De ser necesario, se activarían protocolos de cooperación con instituciones sanitarias de territorios vecinos, para atender a nuestros enfermos. Ni uno solo de ellos quedará abandonado a su suerte, por más que se vuelva extrema la situación».

Ruth, la baracoense que ahora es tratada en el hospital Agostinho Neto. Foto: José Llamos Camejo
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