ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA

Manzanillo, Granma.- El olor a tierra húmeda y materia orgánica envuelve el lugar poblado de verde. Bajo el techo del vivero tecnificado, la luz se filtra sobre hileras de bandejas, semilleros y plantas jóvenes, mientras el sistema de riego por aspersión libera una fina y uniforme lluvia que desciende sobre las hojas y el sustrato de cada plántula. Allí, entre el murmullo del agua y el aroma fértil del suelo, la técnica se pone al servicio de la naturaleza para multiplicar semillas, plantas y futuros bosques.

El Máster en Ciencias Mario Pérez Gómez, director de conservación en la UEB Conservación de la Empresa Flora y Fauna Cocodrilos, que alberga el vivero, describe las intenciones de su inauguración en 2025: «La misión es reforestar la línea de costa y el manglar de Manzanillo, un ecosistema que abarca entre 3 000 y 4 000 hectáreas. Contamos con una capacidad de producción anual de 100 000 tubetes, aunque no siempre alcanzamos los números deseados por déficit de combustible, servicio eléctrico y agua.

«Preparamos condiciones para iniciar la campaña del vivero en noviembre. Ya tenemos la tierra, el sustrato y la materia orgánica. Contamos con semillas de caoba, mangle, guanábana y varios frutales que, aunque no se plantarán en la línea de costa, ayudarán a fortalecer las cuencas aguas arriba».

Yamisela Escobar Tamayo, jefa del vivero, conoce el proceso como la palma de su mano:

«Primeramente, se mezcla toda la tierra, incluyendo materia orgánica y suelo, que luego se echan en los tubetes. Después, se selecciona la semilla. El tiempo de germinación varía según la especie, generalmente de siete a 21 días. Es crucial asegurarnos de que tengan suficiente agua, y el cuidado es diario», describe.

El proyecto de Resiliencia al Cambio Climático en la Zona Costera de Cuba a través de la adaptación basada en ecosistemas «Mi Costa», respaldado financieramente por el Fondo Verde del Clima y el Gobierno cubano, han beneficiado aproximadamente 400 hectáreas del humedal costero en Manzanillo, contribuyendo así a la lucha contra el cambio climático, cuyo Día Internacional que se celebra este 24 de octubre.

Impulsado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma), el proyecto se centra en la adaptación basada en ecosistemas y se alinea con el Plan de Estado para el enfrentamiento al cambio climático «Tarea Vida», una estrategia nacional cubana destinada a reducir las vulnerabilidades en las zonas costeras y comunidades locales.

Entre las acciones más destacadas del proyecto en Manzanillo se encuentran el control y la gestión de especies exóticas invasoras, la reforestación con especies nativas y la creación del vivero forestal tecnificado «El Congo», en la comunidad de San Francisco.

Este vivero desempeña un papel crucial al suministrar plantas para la repoblación de los manglares y cuencas hidrográficas en el área de intervención en Manzanillo. Otro beneficio notable es la creación de nuevos puestos de trabajo para personas que habían quedado desvinculadas del estudio y del empleo en la comunidad.

LA CIENCIA DEL TUBETE

Yosmel Sánchez Linares, trabajador del vivero, explica algunas de las ventajas de este sistema instaurado en El Congo:

«La infraestructura del invernadero permite regular la ventilación, la sombra y el control de las temperaturas, tanto para las semillas como para los operarios. A diferencia de los métodos tradicionales que utilizan bolsas de polietileno, el uso de tubetes plásticos mejora el desarrollo de las raíces de las plántulas y aumenta su tasa de supervivencia al ser trasplantadas. Su tamaño compacto optimiza el uso del espacio; al estar elevados, las plagas tienen menos acceso a las plantas.

«Cuando se humedecen, las raíces salen en cepellón, bien amoldadas con la tierra, y se trasplantan fácilmente. Además, son adecuados para una amplia variedad de especies forestales. Por último, este sistema humaniza mucho el trabajo, ya que al estar montados sobre mesas, los trabajadores no tenemos que estar encorvados, lo cual resulta muy incómodo y perjudicial para la salud».

AGUA Y ENERGÍA: LOS ESLABONES DÉBILES

El sistema de riego del vivero es por aspersión, lo que permite una distribución uniforme del agua sobre las plantas. Sin embargo, enfrenta desafíos relacionados con la falta de fluido eléctrico.

«Esto ha provocado pérdidas en las posturas: hace unos meses se echaron a perder tres mesas porque faltó agua», expone Yamisela, un criterio que también respalda Mario Pérez Gómez, quien reconoce que los problemas de corriente y combustibles han condicionado la campaña.

José Vega González, turbinero del vivero, describe la situación: «La corriente apenas alcanza para cuatro horas diarias. Eso no es suficiente. El pozo tiene doce metros, pero la turbina solo opera hasta ocho; por eso utilizamos un doble rebombeo con una turbina de la UEB Cocodrilo para poder regar».

REFORESTACIÓN Y COMUNIDAD

Osvaldo Arias Guisado, jefe del servicio estatal forestal de Manzanillo, explica el criterio científico de la selección de especies:

«Se incluye la producción de posturas de árboles maderables y aquellos recomendados según el monitoreo realizado, como el mangle, la caoba y la yana. Además, tenemos guanábana y varios frutales que no van dirigidos al sitio de intervención, pero que pueden contribuir a la producción de las cuencas superiores de los ríos que abastecen de agua al manglar. Las posturas ya reverdecen en Troya, Demajagua y La Pesquera».

Mario Pérez Gómez, acota que aunque las especies que se plantarán en la primera, segunda y tercera línea son las más relevantes para esta área de siembra (que incluyen los mangles rojo y prieto, el patabán y la yana), también buscan reproducir las 147 especies de flora nativa identificadas, que abarcan frutales, maderables, medicinales y ornamentales, en aras de acelerar los procesos de restauración.

Con capacidad para aportar 100 000 posturas en igual número de tubetes, organizados en bandejas plásticas sobre pilotes y mesas de madera, este vivero se destaca como uno de los más grandes de los siete instalados en Cuba por el proyecto Mi Costa, y tiene la responsabilidad de generar anualmente medio millón de posturas.

A pesar de los desafíos logísticos y de recursos, continúa su labor hacia la reforestación de manglares y cuencas. Las manos que llenan bandejas de 54 tubetes, siguen siendo la promesa de un futuro sostenible, donde cada plántula representa una nueva oportunidad para la naturaleza y la comunidad en su lucha diaria por convivir con el cambio climático.

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