ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Imposible concebir a septiembre sin esta alegría. Foto: Pastor Batista Valdés

Año tras año, el inicio de cada nuevo curso escolar deviene acontecimiento social, cultural, familiar; algo que la gente celebra y disfruta… porque, en verdad, se convierte en una fiesta.

Carencias materiales, serias dificultades energéticas y adversidades de todo tipo, se han alineado esta vez como nunca antes, con un efecto realmente adverso para un sistema de educación que ha enseñado durante décadas a adorar el pupitre y el pizarrón tanto a millones de niños, adolescentes y jóvenes como a padres, tíos, abuelos, vecinos…

Evidencias y elementos existen sobre la absurda esperanza de los enemigos confesos de Cuba, para que el curso escolar no inicie por falta de condiciones o para crear un ambiente tal de incertidumbre, de desaliento y de inseguridad, que padres y madres terminen no enviando a sus niños a las aulas.

No acaban de conocer a este país. ¿Quién, en qué hogar, va a desear para sus hijos esa otra oscuridad: la del desconocimiento o la ignorancia?

Por eso hemos visto en estos días que anteceden al 1 de septiembre, a maestros y demás trabajadores de la educación abriendo aulas para que se ventilen, limpiándolas, ordenando mesas y sillas, pintando paredes, librando de malas yerbas el perímetro de la escuela…

Labores así no requieren mucho más allá de ese recurso inagotable que todo ser humano puede llevar dentro: el de la voluntad.

¿Que será una etapa sui géneris, distinta a otras anteriores? Nadie lo duda. ¿Que a la par del Ministerio de Educación y del Estado cubano en general, también la familia requerirá un empeño extraordinario? Obvio.

Compleja era también la situación en los años 60 del siglo pasado y, sin embargo, a pura llama de farol o de candiles, unos 300 000 cubanos, muy jóvenes en su mayoría, llevaron luz de conocimiento, por medio de la alfabetización, a más de 700 000 personas, tras convertir en aulas infinidad de locales, así como el interior de viviendas, incluyendo humildísimas casas de madera o yagua con techo de guano y piso de tierra.

En páginas así, muy bien vale la pena inspirarse hoy para escribir victoria donde otros quisieran leer revés y para no renunciar, bajo ningún concepto, al indescriptible placer que significa para todo adulto tomar de la mano a la niña, al niño, caminar hacia la escuela y ponerlos en las seguras manos de esos maestros que ya no pueden concebir su vida ni sus días sin los alumnos.

Estas son las realidades que los enemigos de la Revolución cubana quieren destruir. Foto: Pastor Batista Valdés
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