Ayudar siempre ha sido lo suyo. Lo mismo arregla un salidero de agua que siembra varias «matas injertadas para el autoabastecimiento», en un patio no muy grande, que hace café para los trabajadores y caldosa para las niñas y los niños que vivirán en este hogar.
Cualquier cosa que haga falta en la Casa para niños sin cuidado parental, del municipio capitalino de Centro Habana –próxima a inaugurarse–, William, vecino de la zona, lo hará sin reprochar, porque sabe que las pequeñas acciones, de a poco, se convertirán en algo valioso.
«Cuando me enteré del proyecto, vine enseguida para ver en qué podía contribuir. Vi un terreno libre preparado para la siembra y por ahí mismo comencé», cuenta.
Dice que no importa si el día anterior terminó de trabajar después de las nueve de la noche. Él llegará aquí todos los días a las seis de la mañana, hará «lo que haga falta» una y otra vez, «porque es por los niños, porque estamos poniendo bello su hogar».
Pero William es tan solo una pieza del gran puzle. Como él, alrededor de 35 actores económicos no estatales y estatales, y personas de la comunidad se han sumado a la restauración de lo que era un círculo infantil, para convertirlo en la casa en la que convivirán diez niñas y niños.
EL ORIGEN
Michel Ferrer Martínez, intendente del municipio Centro Habana, parece ser uno de esos hombres que piensan a cada minuto qué hacer para mejorar su entorno (y no se habla exclusivamente de belleza artificial).
A tono con las recientes transformaciones económicas y sociales, que promueven –de manera integral– la autonomía municipal para fortalecer su tejido productivo con la participación de los diferentes actores económicos, él expresa que la idea surgió desde el mes de marzo, por la necesidad que había en el territorio de tener un hogar para esos niños con una capacidad mayor de la que existe actualmente.
En ese sentido, convocaron a un grupo pequeño de actores económicos y les mostraron el proyecto. Accedieron; la invitación se extendió como un reguero de pólvora, y pronto no hubo mipyme ni empresa estatal en Centro Habana que no quisiera dejar su huella en aquella obra.
Sin embargo, prefiere decir que lo más interesante que tuvo el proyecto es que el líder fueron los sentimientos: «cuando se pensó en convertir este lugar, que estaba hecho tierra y cemento, en Hogar, al principio solo concebimos arreglar el espacio: los cuartos, la cocina, los jardines. Pero, muchos de los involucrados dijeron: “No, con esto no basta”».
Entonces se distribuyeron las tareas y las áreas de trabajo. Los que no tenían materiales de construcción ofrecieron recursos, contrataron brigadas, compraron las camas, los espejos, las luces, los muebles, los utensilios de cocina, televisores… Y los que no podían donar recursos donaron su tiempo.
Por eso, Ismael Navarro Torres, socio único del Restaurante Dulcería La Mimosa, cuando supo de «la intención del gobierno del municipio», no demoró en asistir a la casa y, al vincularse al proyecto, se encargó de la construcción de un dormitorio. «Y tanto aportábamos nosotros como otras empresas. Pero esta ayuda hay que mantenerla luego de la inauguración».
Michel Ferrer recuerda el día en que una mipyme dedicada a la energía renovable visitó el lugar y, en su afán de ayudar, donó 12 paneles solares para que la futura casa de algunos niños del municipio no sufriera los embates de la corriente.
Mientras que la Oficina de la Empresa Eléctrica de Centro Habana se encargó de alumbrar el entorno de la Casa con lámparas led y del mantenimiento al metro contador, añade Lisván Ramentol Cabrera, director de la OBE Centro Habana-Habana Vieja.
«Fíjate hasta dónde llegó la convocatoria», que muchos vecinos donaron ropas, juegos didácticos y «libros para la biblioteca que deseamos poner».
La Oficina Comercial de Etecsa del territorio instaló la Wifi, al igual que la Asociación de Combatientes, el proyecto Quisicuaba y artistas de la plástica cubana han ayudado aquí, expresa Michel Ferrer.
LA CASA DE TODOS
Elda Lamena Núñez camina con soltura por todo el lugar como si este también fuera el hogar en el que vivirá (y esta afirmación lejos de la realidad no estará). Quien la observe verá su regocijo por las «buenas acciones», más en este proyecto de restauración, que es para ella «el mejor que se ha realizado hasta ahora en la capital».
Es la metodóloga de Enseñanza Especial del municipio, y dice que Educación «ha contribuido con capital humano: para trabajos voluntarios y apoyar en lo que haga falta».
Aquí los infantes, desde los seis años hasta los 18, contarán en su casa con una Dirección en la que serán todas como madres para ellos. También tendrán asistente educativa, cocineras y auxiliar general de servicio, comenta Elda Lamena.
Por su parte, Ismael Navarro no escatima en decir que todas las empresas, cada una con su condición y su objeto social, deben modificarse de forma constante, pero nunca pueden olvidarse de contribuir con el pueblo, porque «somos parte de él».
«En situaciones tan complejas, se necesita ese apoyo; y promover la responsabilidad social de todos los actores. ¡Qué cosa más bonita cuando nos unimos y las fuerzas se multiplican!», dice Ismael.
EL HOGAR
Parado en lo que será pronto la cocina-comedor de la Casa, se encuentra Montero Pérez, jefe de brigada de la mipyme Construcciones Montero. Cuenta que no hace tanto comenzaron a trabajar en esta área, a la que solo le falta la pintura y «un poco de repello en una pared».
Llegaron sin pensarlo demasiado, porque «imagínate, aquí estarán los niños sin amparo parental, y a ellos los tenemos que ayudar en todo lo que podamos». Por eso, los propios trabajadores, lo mismo traen algún adorno de sus casas para embellecer el lugar que doblan el turno, aunque lo pactado sea hasta las cuatro de la tarde.
Y entre promesas cumplidas y una comunidad que se reconoce en la mirada de un infante, lo que comenzó como una simple obra se transformó en un movimiento de almas. Como bien dijo Michel, el verdadero líder fue el sentimiento, ese que mueve a un vecino como William a poner su madrugada al servicio de un sueño grande pero no ajeno, y a un actor económico a entender que su capital más valioso está en la huella que deja en el barrio.
Esto no es un hecho aislado, sino un reflejo vivo de las transformaciones económicas y sociales que impulsa el país, pensadas también para fortalecer la autonomía municipal y ampliar la participación de los diferentes actores económicos: estatales y no estatales. Ellas han convertido la colaboración entre el gobierno local, las mipymes y la comunidad en una práctica cada vez más cotidiana.
Cuando esta Casa abra sus puertas, no solo entrarán los niños. Entrará la certeza de que el verdadero desarrollo de un país está en la capacidad de hacer que una habitación vacía se convierta en el primer hogar de quien lo ha perdido casi todo, salvo la esperanza.














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