Cerca de las diez de la mañana del domingo un grupo de delegados de la IV Asamblea Continental ALBA Movimiento visitó el Instituto Nacional de Oncología y Radiobiología, el hospital en Cuba donde se realizan los tratamientos más complejos a las personas con cáncer.
Trajeron maletas y bolsos repletos de medicamentos, cremas, vendajes y dulces para los niños. Una donación que pudiera no parecer representativa, pero lo es, ante la escasez de recursos que atraviesa la salud pública, provocada por el cerco económico y energético impuesto por Estados Unidos, y que doctores y enfermeras agradecen por lo que representa para sus pacientes.
En una pequeña sala de conferencias la vicedirectora del centro Misleidiy Nápoles Morales, junto a un grupo de directivos y especialistas, se reunieron con los donantes. Más que un acto protocolar, fue una conversación, una explicación de a quiénes llegará la ayuda.
«El cáncer es una enfermedad crónica que deteriora al paciente hasta que acaba con su vida. Por esa razón, la mayoría de las veces que se diagnostica la enfermedad, el enfermo lo interioriza como una pena de muerte», mientras Nápoles Morales habla, se puede ver, por el rostro de quiénes la escuchan, como se les retuerce el pecho.
«Nuestro trabajo aquí es ganarle años al cáncer, e intentar que haya la mayor calidad de vida posible. Treinta años pueden parecerle un buen trato a un adulto y más a un anciano, pero para un niño y un adolescente es darle la oportunidad de vivir.
«Por eso nos duele más que a nadie cuando no tenemos recursos para trabajar, cuando tenemos que postergar cirugías y tratamientos por falta de electricidad, de medicamentos o de repuestos para los equipos médicos.
«Nuestros pacientes sufren por culpa de intereses que en ocasiones ni siquiera comprenden y a los trabajadores nos toca lidiar con ello día tras día, y al final padecemos junto con ellos, porque nuestra principal responsabilidad es salvar vidas, aunque las condiciones sean las peores».
Un mujer venezolana pidió la palabra, no pudo contener las lágrimas: «En situaciones como esta solo puedo sentir solidaridad y rabia, porque los médicos cubanos han salvado miles de vidas en mi país y en el mundo entero, y ver cómo el imperialismo cae con todas sus fuerzas sobre ustedes no puede despertar otra cosa que eso, solidaridad y rabia, por mi parte cuenten con las dos, siempre».
Un joven colombiano se quitó la gorra antes de hablar, como si el momento requiriera de ese pequeño gesto de respeto: «Muchas víctimas del paramilitarismo en mi país se han tratado en Cuba, porque cuando nuestros gobiernos los han abandonado, han encontrado en esta pequeña isla un refugio para la dignidad humana, ustedes son la prueba de que solo el pueblo salva al pueblo y que amor con amor se paga».
Una muchacha argentina, que porta orgullosa un tatuaje del Che en el hombro fue la última en hablar: «Fueron muchos los que nos dijeron que no viniéramos a Cuba, que el país no era el mismo, y aquí estamos.
Gracias por ser ese proyecto de humanidad que soñamos. De donde vengo, los niños y niñas con cáncer se mueren, porque los medicamentos que pueden salvarlos están en los almacenes de clínicas privadas, solo al alcance de quiénes pueden pagarlos. Por eso es tan importante que sigan existiendo, como proyecto de nación».
Los donativos quedaron en la oficina dispuesta para guardarlos antes de hacerlos llegar a quienes más lo necesiten. Antes de terminar la visita un grupo de enfermeras acompañó a los donantes a una sala con tres niños para que hablaran con ellos, la única indicación que dieron fue que una vez dentro nadie podría llorar. Poco después descubrieron cuán difícil sería cumplir con aquella norma.
Los hombres y mujeres que trabajan en ese hospital, pueden no llegar a asumir del todo cuán importante es el trabajo que desempeñan en medio de las condiciones actuales, siempre con una sonrisa en el rostro que borre cualquier rastro de pesadumbre. Para quiénes lo ven desde afuera, son la última línea de resistencia ante un genocidio silencioso impuesto por fascistas de traje a quienes poco o nada les importa la vida.
OTRO CENTRO QUE FORMA Y CUIDA
También en la mañana otro grupo de delegados conoció el Centro de Acogida de Niños, Niñas, Adolescentes y Jóvenes Víbora 2, y conversaron con su directora Danay Sánchez Hernández: «Ahora mismo contamos con ocho infantes en la institución y nuestro trabajo es prepararlos para que se inserten en la sociedad, pero sobre todo que se sientan queridos, que son importantes».
Los niños compartieron sus juguetes con los visitantes y posaron para las cámaras de los periodistas. También mostraron sus habilidades y conocimientos mediante dinámicas educativas guiados por los especialistas. No faltó la risa y esa curiosidad insaciable tan características de la edad.
Sobre aquella pequeña terraza fue depositada una parte de la tonelada de donaciones que trajeron los delegados consigo. Un presente elaborado con mucho amor según comentó a los presentes Tica Moreno, delegada de Brasil: «Nadie va a frenar la solidaridad con el pueblo cubano, la ayuda seguirá llegando», recalcó.
«Para nadie es un secreto el valor que dan las instituciones cubanas a la protección, cuidado y educación de nuestros infantes. Las sanciones impuestas por el gobierno de los Estados Unidos y el cerco petrolero afectan directamente el bienestar de nuestros menores», reconoció Sánchez Hernández.
Mientras en las redes sociales hay quienes se hacen eco de la campaña de odio hacia los delegados de la IV Asamblea Continental de ALBA Movimiento, ellos, en Cuba, en las calles, en donde realmente hace falta, han rebasado el cerco imperial y han brindado su mano amiga al pueblo cubano.













COMENTAR
Responder comentario