ÓRGANO OFICIAL DEL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA
Un instante para reconocer el talento en la más reciente graduación de la UG. Foto: José Llamos Camejo

Ahora fueron 1435 los egresados de la Universidad de Guantánamo (UG), sujetos de una graduación que -liturgia académica de finales de cursos- se ha repetido 46 veces desde 1980 en el Alma Mater fundada hace medio siglo en esta provincia.

Más de 61800 universitarios, formados en la UG a lo largo de cinco décadas, dicen bastante del significado de la institución para el territorio.

En la práctica, a quienes han recibido saberes en cualquier perfil de las 35 carreras que hoy ofrece el recinto en diversas modalidades, les toca validarlo -y encumbrarlo- como Casa de Ciencia y Progreso, epíteto que también identifica a la mencionada academia.

La capacidad de esos profesionales debiera sumarle a Guantánamo, desde los escenarios donde se desempeñan, nuevos, mayores y más concretos aportes a los ya precedentes, en la producción, la economía, los servicios y los diferentes programas en marcha.

Guantánamo es parte de un país que ha escogido para el progreso el camino de la ciencia y la innovación; en la búsqueda de respuestas a sus apremios necesita de esa capacidad que este centro de altos estudios ha creado en quienes forman y se forman en él. 

En la graduación reciente, por ejemplo, a 295 egresados se les distinguió por sus resultados y trayectorias, con el Título de Oro o con el Mérito Científico. Dicho de otra manera: entre 14 y 15 de cada 100 graduados accedieron a uno de esos estímulos.

Son categorías reveladoras de cotas académicas elevadas y de empeños de investigación que merecen mejor destino, y agilidad en el salto de sus 37 laboratorios universitarios a los pilares del crecimiento económico, pues, una vez rebasada su etapa experimental, en campo abierto no se manifiesta la misma eficacia.

De esas capacidades necesitan los municipios, que, en franco aprendizaje desde lo autónomo, apuestan al desarrollo endógeno, a acortarle el camino a la soberanía alimentaria y nutricional, a la obtención de patrones genéticos más productivos y adaptables a la variabilidad del medioambiente y del clima.

Aprovechar todas las alternativas de energía renovable, e incorporarlas en su totalidad a la transformación en curso de la matriz energética en la provincia, es otro frente necesitado de prontitud y eficacia, que reta a la UG.

La desafía igualmente la necesidad de incrementar investigaciones en sinergia con actores económicos y sociales, e introducir esos resultados en los procesos de producción, para que no sufran -como en ocasiones ha sucedido- la oscuridad empolvada de las gavetas.

Un parque tecnológico que por fin concrete el tan esperado despegue, crearía otra premisa importante para las aspiraciones de desarrollo del Alto Oriente.

Son retos de envergadura, pero viables para una academia con más de 160 Doctores en Ciencia y cerca de 600 másteres, involucrada en decenas de proyectos de diversos alcances, que apuntan a desarrollar el entorno.

Una Alma Mater que, obligada por la complejidad impuesta desde el exterior al país, desagregó matrícula y claustro, afianzó su presencia en los municipios, y salvó, reinventándose, la calidad de su ciclo académico.

Tal vez con recalibrar las alianzas y el despliegue de esas capacidades, le bastaría para cubrir, poco a poco y sin retrocesos, las expectativas puestas en ella por su provincia.

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